Local USSe dice que en los años 80 empezó a llegar la primera ola de ‘expatriados’. Eran limeños y unos cuantos extranjeros, que fundaron un nuevo hogar en Máncora y las solitarias playas de los alrededores.
Ellos llegaron en pos de las olas y el sol, pues casi en su totalidad eran surfistas amantes de la tranquilidad. Se establecieron sin tener una idea precisa de que se quedarían para siempre.
MIRA TAMBIÉN: Las voces e ideas de los peruanos más destacados del 2022 para un Perú mejor
Las casitas de estilo polinesio o rústico que fueron construyendo se transformaron en pequeños hospedajes y, finalmente, en hoteles.
Estos nuevos mancoreños se fundieron con la cultura de los pescadores locales, en un continuo intercambio de saberes. Esto le dio a la zona una personalidad que hasta antes de la pandemia, y con todos los problemas de un pueblo en crecimiento, atraía cada año a miles de turistas ecuatorianos y nacionales.
Hoy se consolida una segunda ola. En los últimos años está viéndose una migración de gente joven que lo dejó todo en Lima —y otros lugares de origen— para atreverse a empezar una nueva vida en Los Órganos y Máncora.
Como manifiesta Anya Peter-Wolfenson, varios de los nuevos vecinos son tablistas, pero también ha llegado gente que solo quiere alejarse de las grandes urbes.
“Huyeron de la inseguridad ciudadana, de los asaltos, del tráfico vehicular, del hacinamiento y probablemente de la mala calidad de vida”, señala esta joven emprendedora que decidió mudarse del todo a Vichayito. Allí ha creado su propia marca de postres veganos (en Instagram: veganyaa), que pueden encontrarse en algunos restaurantes de Máncora. Ella promueve una alimentación sana, subyugante y ética, factores que buscan quienes vienen aquí a comenzar una nueva vida.
Una pareja que dejó Lima para practicar esta nueva existencia es la que forman el cantante Andrés Wurst y su esposa, Punkie Hermoza, profesora de yoga. Él es un joven cantautor con varios videos y canciones en las plataformas musicales. Mudarse a una zona como esta no fue fácil, porque implicó dejar atrás sus shows en vivo y una agenda copada también por sus actividades empresariales. Sin embargo, desacelerar la marcha le ha regalado inspiración y ha encontrado un nuevo público en Máncora. De hecho, está por lanzar nuevas canciones.
Punkie, su esposa, aún no cuenta con la cantidad de alumnos que tenía en Lima, pero nada se compara con dar una clase con una espectacular vista ante un mar y cielo azules, así sea con dos o tres alumnos.
“Nos mudamos aquí para crear un espacio no solo para nosotros, sino para el mundo. Buscamos que cada persona encuentre todo su potencial”, señala la directora de Almarantu y también autora del libro Terapias de hoy.
Vivir entre Los Órganos y Máncora no es fácil. Se requiere movilidad propia o tener algún amigo mototaxista que te recoja. Aún así, los terrenos lucen copados de nuevas casas en construcción. Y es que esa tranquilidad no tiene precio.
SIEMPRE ES UN AMOR A PRIMERA VISTA
Bruno Laurent Morisset es un francés que se enamoró doblemente. Del norte peruano y de su esposa Lili Urbano, una limeña que conoció en estas playas. Él dejó su agitada vida en Francia y con Lili fundó un encantador hotel boutique en Vichayito, llamado Casa Safran, que sorprende por su ingeniosa arquitectura. Plataformas que flotan sobre las dunas, una piscina de ensueño y ambientes privados que son el mirador perfecto para no perderse la magistral puesta de sol.
“En realidad, es un privilegio vivir aquí”, señala Lili. Su hijo ha crecido practicando surf y ahora se dedica al jiu jitsu, al fútbol y está empezando con la vela. La pareja trabaja duro atendiendo a sus clientes, pero al final del día les queda la felicidad de vivir en un paraíso.
Lalo de la Colina dejó una vida de comunicador y administrador de empresas para vivir un sueño. Sobre un terreno familiar y con la inversión de todos sus ahorros, empezó con un pequeño hospedaje llamado La Colina Hotel. Allí mismo abrió una agencia de turismo que inició la promoción de diferentes destinos del norte. Y si bien la pandemia casi lo lleva a la ruina, a punta de trabajo también ha conseguido abrir el restobar Brasa Máncora.
Estas son algunas historias de éxito. No todos consiguen sobrevivir, pero quienes lo hicieron saben que cada día aquí es una lucha diferente por la felicidad. //

:quality(75)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elcomercio/TJKGVMH5EVGJ7ORSQ7CFBB5U4M.jpg)
:quality(75)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elcomercio/TJKGVMH5EVGJ7ORSQ7CFBB5U4M.jpg)








