Mar de Copas, 30 años después: las anécdotas, idas y vueltas de la banda peruana que nació en los 90
Mar de Copas, una de las bandas más importantes de la escena rockera limeña de los noventa, cumple 30 años haciendo música. Para celebrar, ha preparado una gira por todo el país. Y concedió a Somos esta nota de antología.
Hay una etapa reciente en el rock nacional que el filósofo y profesor Pedro Cornejo -autor de cinco libros e innumerables artículos sobre el género- define como “la hora del recambio”. Tras el asalto del rock subte a mediados de los años 80, en la década del 90 empezaron a aparecer “un puñado de bandas que hicieron del circuito de pubs su bastión y que estaban preocupados, ante todo, por hallar un lenguaje musical propio y por construir una trayectoria discográfica de envergadura”, dice Cornejo. Una de ellas era Mar de Copas, un grupo que logró posicionarse como el fenómeno más importante del rock peruano de aquella época, gracias a su “extraño profesionalismo” para los estándares de la escena local.
La banda, formada por Manolo Barrios (guitarra), Luis Wicho García (voz), César Zamalloa (bajo), Toto Leverone (batería) y Phoebe Condos (coros y teclados), se dio a conocer en 1993 con un primer álbum homónimo, grabado en los estudios de Miki González. Canciones como “Fugitivo” o “Mujer noche” consolidaron rápidamente su propuesta musical: letras que hablaban de sueños y amores contrariados, acompañadas de tres o cuatro arpegios básicos, donde la voz de Wicho le otorgaba un aire melancólico a la noche limeña, entonces dominada por sonidos y voces más estridentes.
De su nacimiento como agrupación, lo que más recuerdan son las ‘bajonas’ en Tockyn y las salidas a Biz Pix, luego de largas jornadas de grabación. El nombre de la banda surgió en una de esas tantas reuniones. Cuentan que esa noche barajaron más de 50 posibilidades, pero recién a la mañana siguiente, tras compartir generosas dosis de alcohol, encontraron la inspiración que necesitaban: botellas vacías y un mar de copas regadas por toda la habitación.
"Canciones como “Fugitivo” o “Mujer noche” consolidaron rápidamente su propuesta musical: letras que hablaban de sueños y amores contrariados"
Treinta años después, MDC es de las pocas bandas independientes que han conseguido una producción discográfica consistente, al menos durante sus dos primeras décadas de vida. Muchos de sus temas se han convertido en himnos de varias generaciones. “Nuestra proyección no iba más allá de tres años juntos”, confiesa Manolo. “Vivíamos tiempos muy convulsos y nada aseguraba que pudiéramos pegar”, añade Wicho.
En el 2000, MDC en una sesión acústica en el Real Felipe, cuando apenas tenían 7 años de formados.
El golpe de fe que los impulsó a seguir llegó cuando dieron su primer concierto en la desaparecida tienda Phantom, en la avenida Diagonal. No cabía ningún alfiler en el lugar. “Ver eso nos hizo notar que teníamos un potencial enorme para darle continuidad al proyecto”, explica César. “Todo eso coincidió con una época muy creativa, donde estábamos prolíficos. Presentábamos un disco tras otro”, complementa Toto.
Por estos días, Mar de Copas sigue siendo un referente del rock nacional, a pesar de no haber sacado un ‘hit’ recientemente. Guardan un silencio musical desde el 2013 -que este año esperan revertir-, pero siguen unidos. “Aunque hay desafíos en el camino, el amor que compartimos por la música y la afinidad y amistad entre nosotros nos han mantenido juntos”, cuenta Phoebe. “Celebrar 30 años ha sido un logro que jamás imaginamos”.
"El golpe de fe que los impulsó a seguir llegó cuando dieron su primer concierto en la desaparecida tienda Phantom, en la avenida Diagonal. No cabía ningún alfiler en el lugar"
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Como toda banda con relativo éxito, MDC ha cosechado innumerables fanáticos, pero también detractores. Estos últimos argumentan que su sonido es siempre el mismo, que su música es excesivamente comercial. “A mí, personalmente, me parecen pelotudeces. Música es música”, dice Toto. “Ser comercial no está mal. Gustarle a un montón de gente tampoco. Lamentablemente, muchos confunden o relacionan esa palabra con una intención detrás de solo generar plata, en desmedro de un trabajo bien hecho. Y no necesariamente es así”, sostiene Wicho.
Sea como fuere, su propuesta ha calado tan profundamente entre el público peruano, al punto que, hasta antes de la pandemia, habían realizado cerca 1.300 conciertos en todo el país a lo largo de su carrera. El año pasado retomaron las giras y este 2023, con motivo de su aniversario, ya comenzaron a recorrer distintas ciudades del país –este sábado 3 tocarán en Cajamarca, el 9 en Sargento Pimienta y el 24 en Arequipa–, pero la fecha central de la celebración será el 7 de julio en el anfiteatro del Parque de la Exposición, donde prometen hacer un viaje inolvidable a través de sus seis discos de estudio.
“Será un evento muy especial, muy grande, con una propuesta visual nueva”, dice Manolo. “Hay muchas bandas que se han separado. Nosotros, en cambio, no hemos tenido vacaciones. Es natural continuar, sobre todo por el público que nos sigue desde nuestros inicios y los que recién se están enterando de la existencia de Mar de Copas. Es a ellos a quienes nos debemos”, concluye Wicho. La fiesta está garantizada. //