Redacción EC

Mi madre preparaba las comidas para la gente acomodada. Siempre le decían: Señora, viene tal cumpleaños, vamos a tener tantos invitados, ¿qué se le ocurre a usted preparar? Y entonces mi madre respondía: Podemos hacer esto, podemos hacer esto otro, y entonces la señora de la casa, que entraba a la cocina muy de vez en cuando, le cedía todo el mando. Mi madre iba a cocinar y lo bueno para nosotros estaba al final, cuando terminaba la fiesta, ya que llegaba a casa con sus canastas, que contenían lo que no habían consumido los invitados por la abundancia.

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