Por Rafaella León

Para escribir sobre el COVID-19 fue necesario mirar a todos lados: a los médicos, a los policías vigilando que las calles permanecieran vacías, a la gente aplaudiendo en los balcones, a los emprendedores que volcaron sus talentos en algo nuevo, a muchísimos proyectos solidarios que movilizaron ideas y ayuda. Pero cuando decidimos mirar a los niños, la historia se contó sola. Y además, ilustrada por ellos. Cientos de pequeños lectores de Somos –casi 500- enviaron sus dibujos sobre cómo veían ellos al monstruo verde y puntiagudo que les había arrebatado un año de recreos, de juegos como los de antes, cercanos y sin miedo a tocar al otro, y que instaló en sus caritas, y hasta nuevo aviso, unas telas que ya adoptaron como parte de sus vidas.

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