― ¿Cuál es tu pasatiempo favorito?
Podría decirte dos: practicar ejercicios de batería y estudiar recetas. Todo lo que signifique aprender algo nuevo.
― ¿Qué sería, para ti, la felicidad perfecta?
Las personas que más quiero, una playa alejada, un buen ron y el pescado más fresco posible, todo a la vez.
― ¿Cuál es el rasgo que más te define?
Ser obsesivo cuando me planteo un reto.
― ¿Cuál consideras tu peor defecto?
Me suelo aburrir rápido.
― ¿Qué podría sumirte en la más profunda miseria?
Vivir rodeado de mediocridad y resignación.
― ¿Cuál es tu mayor extravagancia?
La forma en que converso con mi gato Leoncio: entablamos charlas profundas.
― ¿Cuál es el peor defecto que otros pueden tener?
La frivolidad es intolerable.
― ¿Cuáles son las frases o palabras que utilizas con mayor frecuencia?
“¡¿En conclusión?!”, “¡Voy atrás!”, “¡Dios mío, muchacho loco!”, “El saber te hace libre”.
― ¿Cuál ha sido tu mayor logro?
Dormir por las noches sin cuentas pendientes.
― ¿En qué ocasiones mientes?
Cuando digo que todo va a estar bien, sabiendo el desastre que se viene.
― ¿Cuándo y dónde has sido absolutamente feliz?
Con mis papás, mis hermanos y mis abuelos acampando en algún bosque que ya no existe. O tomando un té con mi abuelo oyendo sus historias locas.
― ¿Qué objeto personal es el que más valor tiene para ti?
No soy apegado a las cosas materiales. No puedo darme ese lujo porque siempre pierdo cosas.
― ¿Cuál es la cualidad que más admiras en una persona?
La integridad y el don de conversar y entretener. El sentido del humor en estos tiempos es admirable.
― ¿Cómo te gustaría morir?
Una noche, sin aviso. Sin ir perdiéndome en el proceso.
― ¿Qué talento especial te gustaría tener?
Poder anticipar mejor las consecuencias de mis decisiones.
― ¿Qué persona viva te parece despreciable?
Los políticos corrompidos.
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