Todas las muestras que se analizaron en este estudio derivan de colaboraciones con arqueólogos en Perú, Bolivia y Chile.
Todas las muestras que se analizaron en este estudio derivan de colaboraciones con arqueólogos en Perú, Bolivia y Chile.
Diego Suárez Bosleman

Periodista de Ciencia y Tecnología

diego.suarez@comercio.com.pe

Aproximadamente 9.000 años atrás, las poblaciones que habitaban las zonas altas de los Andes se habrían vuelto genéticamente distintas a aquellas que vivían a lo largo de la costa del Pacífico. Los efectos de esa diferenciación temprana son visibles hasta el día de hoy.

Esa es una de las principales observaciones del mayor estudio sobre el genoma humano antiguo de los Andes y el de Sudamérica en general, realizado hasta la fecha. Los hallazgos, publicados en la revista “Cell”, dan nuevas luces sobre las migraciones y la interacción social de estos grupos.

—Continuidad genética—

En total, los especialistas detrás de este trabajo analizaron los datos del genoma de 89 individuos que vivieron en la región entre 500 y 9.000 años atrás.

El gran beneficio del estudio de ADN antiguo es que podemos revelar señales de interacción entre poblaciones ancestrales. Eso, más o menos, nos permite una reconstrucción gradual de los procesos que condujeron a la estructura genética del actual habitante de los Andes”, le dijo a El Comercio Lars Fehren-Schmitz, uno de los autores de esta investigación y profesor asociado de la Universidad de California en Santa Cruz.

De acuerdo a Francesca Fernandini, arqueóloga de la Pontificia Universidad Católica del Perú, quien no participó en este estudio, ciertas hipótesis sugieren que desde la sierra, principalmente desde la zona sur, hubo una influencia muy fuerte en su momento que llevó a migraciones constantes y a poblar nuevas áreas de la región, lo que cambió y alteró la genética de la población. Se pensaba también que hubo una conquista de la sierra a la costa.

Sin embargo, este nuevo estudio parece indicar que no hubo cambios significativos en los perfiles genéticos analizados que confirmen migraciones o conquistas masivas.

Por ejemplo, Fehren-Schmitz y sus colegas encontraron una estructura genética que distingue a los grupos andinos del norte y el sur central, y que data de 5.800 años atrás, lo que sugiere que las interacciones de las personas entre el norte y el sur disminuyeron. Le sigue un período en el que se forman aún más grupos regionales, de modo que –dice Fehren-Schmitz– alrededor de hace 2.000 años se comenzó a observar una distribución geográfica de la diversidad genética andina que es comparable a la que encontramos hoy.

Las distinciones genéticas entre el norte y el sur de los Andes se produjeron potencialmente debido al aumento del sedentarismo y el crecimiento de la población a medida que ocurrieron los cambios agrícolas. Se necesita más investigación para determinar qué ocurrió exactamente”, detalla a este Diario Nathan Nakatsuka, autor principal del artículo y estudiante de doctorado de la Universidad de Harvard.

“Parece que hubo mayor estabilidad en la genética de las poblaciones antiguas. Esto podría significar que no ocurrieron tantos desplazamientos de personas, y si es que no fue así, como probablemente se dio, eran tan puntuales que no interfirieron en la carga genética más global de la población de la región andina”, recalca Fernandini.

“Si nos ponemos a pensar en la migración venezolana al Perú, al ser de casi un millón de personas, probablemente de acá a unos 100 años, la carga genética sí va terminar cambiando de alguna manera la genética del peruano, por lo menos urbano, de las zonas adonde más han llegado, ya que es una población masiva”, explica la experta.

Las únicas excepciones de la continuidad genética local registradas por el nuevo trabajo están en las grandes ciudades capitales de algunas de estas sociedades.

Encontramos individuos con ancestros diversos, como los provenientes de la cuenca del lago Titicaca y de las tierras altas del centro sur peruano, en la capital de la comunidad Tiahuanaco. También hallamos restos de personas de ascendencia de la costa norte en la región del Cusco, durante el período inca”, comenta Fehren-Schmitz.

—Para tener en cuenta—

  1. El nuevo estudio reveló que el niño del Aconcagua, un sacrificio inca en una montaña sagrada en Argentina, es de ascendencia peruana, proveniente de la costa norte.
  2. La investigación incluyó a representantes de culturas icónicas, como la Mochica, Nasca, Wari, Tiahuanaco e Inca, de quienes no se tenían datos del genoma.

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