Bruno Ortiz Bisso

Periodista de Ciencia y Tecnología

bruno.ortiz@comercio.com.pe

La empresa surcoreana Samsung acaba de hacer el lanzamiento más importante para esta parte del año. Entre los cinco dispositivos presentados, se incluyen sus dos nuevos modelos de teléfonos inteligentes con o plegables: . En ambos casos, son nuevas versiones que desde el 2019 han ido evolucionando con el tiempo.

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Justamente, a inicios de ese año -tras conocer la primera versión del Fold y la primera del Mate X de Huawei- señalando los puntos a favor y en contra de este , pero sobre todo resaltando las cosas en las que debía mejorar. Han pasado tres años desde ese debut. Muchos aparatos con un concepto similar han ido apareciendo en el mercado -algunos como conceptos y otros - y, como era de esperarse, las propuestas se van afinando.

En lo que refiere a smartphones con , los puntos en contra que ennumeré en su momento se han ido subsanando: hoy tenemos equipos que, plegados, cada vez son menos voluminosos y, por lo tanto, incómodos de transportar. Incluso, hay casos en que se ha optado por otra manera de doblar el dispositivo, permitiendo que se pueda llevar en un bolsillo [o en un bolso] sin problemas.

La clave para que una nueva tecnología cale en el usuario es que pueda ser incorporada a las rutinas diarias. (Foto: Samsung)
La clave para que una nueva tecnología cale en el usuario es que pueda ser incorporada a las rutinas diarias. (Foto: Samsung)

Las formas y posiciones complicadas de este tipo de dispositivos hacían que las carcasas de protección fueran, realmente, solo decorativas. Hoy no solo vemos que los mismos fabricantes están adoptando tecnologías que permitan mayor protección y resistencia desde el hardware, sino que terceros también están desarrollando una serie de accesorios que no solo hacen más funcionales -sobre todo a los smartphones-, sino que están pensados para la seguridad.

Y, finalmente, cuestionaba sobre la real necesidad de tener, en estos días, un dispositivo que se abra y se cierre constantemente. Ahí entran en juego dos aspectos que también han ido mejorando, sobre todo en el caso de los teléfonos inteligentes. Primero -y una vez más desde el hardware-, se han hecho algunos ajustes para que el usuario tenga una pantalla exterior que le permita acceder a algunas funciones y que, solo cuando sea necesario, pase al formato de pantalla grande. Por ejemplo, en el Galaxy Z Flip3 5G se aumentó hasta 4 veces el tamaño de su pequeña cámara exterior, permitiendo un mejor control de ciertas funciones y aprovechar el espacio para las fotos tomadas con el equipo plegado.

Otro de los retos de los dispositivos con pantallas flexibles es lograr ser lo suficientemente delgados y ligeros para facilitar su traslado. Variar los modos de "doblarse" ha sido clave para seguir evolucionando. (Foto: Samsung)
Otro de los retos de los dispositivos con pantallas flexibles es lograr ser lo suficientemente delgados y ligeros para facilitar su traslado. Variar los modos de "doblarse" ha sido clave para seguir evolucionando. (Foto: Samsung)

El segundo aspecto, pero el más importante desde mi punto de vista, es la mejora a nivel de software. Es decir, lograr que el sistema operativo pueda acomodarse al reto de tener, por lo menos, dos tamaños de pantalla a los cuales debe acomodarse y brindar funcionalidad. Pero no solo eso, sino que las mismas apps estén listas para estos nuevos espacios. Aunque se han visto muchos avances [incluso, en los equipos nuevos de Samsung se puede activar una función en la configuración para permitir un mejor acomodo de las aplicaciones en pantalla], esa es aún la materia pendiente. Pero, ojo: este no es un problema exclusivo de los smartphones con pantallas flexibles. Hace unos meses probé la primera laptop de Lenovo con pantalla flexible y el Windows sufría para acomodarse. Y, si nos ponemos más estrictos, aún no hay una tableta que funcione con Android que permita sacarle el jugo a ese tipo de dispositivos y terminamos usándolos como si fueran solo celulares con pantallas de 10 pulgadas. Espero tener la posibilidad de probar alguno de los aparatos de Samsung para saber si el nuevo procesador Qualcomm Snapdragon 888 5G hace la gran diferencia que han prometido.

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Entonces, volvemos a la pregunta de siempre: ¿vale la pena ir por un dispositivo con este año? Sin dudas, hoy se le encuentra mucho más sentido que hace dos años atrás. Y aunque hay muchos aspectos que ajustar y todavía siguen siendo dispositivos sumamente costosos [teniendo en cuenta que seguimos en una fase en la que estamos pagando un sobreprecio solo por acceder a tecnología de punta], la respuesta ya no sería una negativa categórica, sino un firme “depende”. Depende, desde mi punto de vista, sobre todo si es que tienes el dinero suficiente para ir por uno de estos dispositivos. Lo importante es que hoy encuentres más posibilidades de incorporar los nuevos usos y funciones que brindan estos aparatos a tus rutinas diarias, lo cual brindará un mayor sentido a tenerlo contigo.

De acuerdo a los datos de Counterpoint Research -citados por la revista “Forbes”-, se prevé que para este año se envíen un total de 9 millones de unidades de smartphones con en el mundo, mientras que para el 2023 se prevé que estas cifras experimenten un crecimiento 10 veces mayor. Si se cumplen estas previsiones, traería como consecuencia una mayor evolución en la tecnología así como la posibilidad de su popularización y que empecemos a ver pantallas flexibles fuera del segmento premium.


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