(Foto referencial: AFP)
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Luciana Villegas

En mayo hice mi primera compra online tras el inicio de la cuarentena. Aunque en España el jamás se detuvo, me costó tiempo arriesgarme a recibir productos en casa. Ya saben, por el tema del virus, la desinfección y demás. Pero llevaba semanas contemplando un conjunto de buzo en tono beige de la página web de una tienda local. Era justo lo que necesitaba para superar mi días melancólicos (aburrida en casa) en medio de la . O bueno, al menos eso me decía a mi misma frente al espejo. Y aunque en los viejos tiempos, hubiese preferido ir a la tienda y probármelo antes de comprarlo: eso ya no era una opción. Así que después de pasar días frente a la pantalla de mi computadora, decidí comprarlo. El resultado fue un éxito: calculé bien la talla, el color era muy parecido al de la imagen y el corte de las piezas me asentaban bien. Todo fue muy fácil: no necesite ni pararme de la cama y allí estaba mi nuevo set de buzo, listo para usar. Eso me hizo pensar. Tal vez, no era la única que estaba descubriendo nuevas necesidades y formas de compra durante esta pandemia. ¿Ha cambiado mucho la forma en que compramos? Me quedé pensando.

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A miles de kilómetros, en Perú, Sandra Sevil maneja su firma de accesorios femeninos, Sophie Crown. La abrió en el 2012, con la intención de crear un espacio donde las mujeres puedan compartir y descubrir juntas distintos intereses en común como la moda y el emprendimiento femenino. El año pasado, abrió- por primera vez- el espacio digital de la firma, el cual hoy se ha vuelto el más importante de su negocio tras el golpe de la pandemia. Aunque sus tiendas físicas han reabierto, el porcentaje de ventas presenciales no se compara al digital; que sigue sumando nuevos clientes cada semana. “Antes de la pandemia (el espacio digital) representaba una tienda pequeña dentro de la marca, el porcentaje menor de venta. Hoy día, es todo lo contrario. Es nuestro ingreso principal. Antes representaba un 13% y ahora es un 45%, casi la mitad”, cuenta la emprendedora peruana. Tal vez, ese sea el primer gran cambio: el fortalecimiento del comercio online en el país.

A Bianca Peralta le pasó algo similar. Bica- como le gusta que la llamen- retomó un negocio familiar en el 2017, Alania Shoes: una firma de calzado hecha en Perú. Cuando la pandemia inició, cerró sus locales de venta y se concentró en el mercado digital. Aunque, la firma ya tenía presencia online desde sus inicios, Bica afirma que la situación ha impulsado el canal de venta más que nunca. “Desde los inicios de la firma un 70% de mis ventas se generaban virtualmente. Este panorama se incrementó durante los dos primeros meses de cuarentena. La venta online y via whatsapp aumentó en un 20%. Luego se ha mantenido en ese rango”, comenta la directora creativa.

El comercio electrónico no es un concepto nuevo. De hecho, según el Reporte Oficial de la Industria Ecommerce en el Perú, desarrollado por el Observatorio Ecommerce de en el 2019, el Perú cuenta con seis millones de compradores online. Una cifra que puede sonar imponente, pero que no se equipara a la que tienen en otros mercados, como el americano o el europeo. Al parecer, este panorama está cambiando. Según reportes de , el mercado peruano de comercio electrónico ganó una participación en junio del 45% en el consumo, más del triple del 12% que tenían antes de la pandemia.

A Kiara Ventura, creadora de la marca de ropa Ciao Bella y blogger de moda, el ambiente digital le es sumamente cercano. De hecho, su firma inició en redes sociales y luego, tuvo presencia física. Hoy, sus esfuerzos se concentran solo en el panorama digital. “Nosotros teníamos presencia física en dos tiendas multi marcas, Fascino La Galería en San Isidro; y Lima Bonita en Miraflores. Cuando los malls se reactivaron, nuestra decisión como marca fue retirarnos de ambos lugares y enfocarnos únicamente en mejorar la experiencia de consumo en nuestra pagina web. Nuestras ventas no se vieron para nada afectadas, fue la mejor decisión que pudimos tomar”, revela Ventura.

Pero no solo ha cambiado nuestra modalidad de compra, también nuestras elecciones. Mientras que la vida se transforma, hemos ido descubriendo nuevas necesidades para esta realidad que sucede bajo cuatro paredes. Una de ellas: el ‘comfy wear’. La tendencia remite a la comodidad de la ropa para estar en casa o pasar un día relajado: buzos, joggers, sudaderas, prendas de punto…una lista de piezas que se han vuelto claves en el armario del consumidor y en la producción de las marcas locales. Capittana, una de las firmas peruanas líder en trajes de baño, lanzó durante la pandemia su colección “It’s time to get comfy”, que incluye sudaderas, joggers, gorros de punto y medias. En tonalidades pasteles y con el nombre de la firma como estampado estrella, las piezas se volvieron virales en redes sociales.

En el caso Bica, expandir su catálogo de productos también fue su as bajo la manga en estos tiempos difíciles. Sin dejar de lado los botines y tacones- productos estrella de la firma- las pantuflas protagonizaron la nueva línea de Alania Shoes. “Nuestras clientas nos empezaron a pedir zapatos más para casa como pantuflas y zapatillas. Como ya hacíamos los mules, fue fácil iniciar con los modelos de las pantuflas. El tema de las zapatillas si es un proyecto nuevo que justo lanzamos un año atrás pensando es nuestras clientas más jóvenes. No es algo que estamos muy enfocados en hacer, pero dada la situación y el pedido frecuente de las clientas, le pusimos más énfasis”, señala Bica.

Además de comprar por internet y buscar productos específicos, los compradores también se están inclinando por un consumo más inteligente. Priorizar calidad frente a cantidad en un panorama donde invertir es una decisión que se piensa dos veces, resulta importante. Para Kiara, esa ha sido justamente la clave de su éxito. Aunque los tres primeros meses de cuarentena la venta se paralizó, los últimos cinco; han sido los mejores meses desde que creó Ciao Bella, sus ventas subieron en un 900% . “Creo que como marca tenemos diferenciadores súper fuertes que la gente nota y le gusta. Por ejemplo, nuestra calidad. Nuestra ropa comfy- que fue la protagonista durante los primeros meses del año- estaba hecha con un gran algodón, de exportación. Siento que la gente que lo compró corrió la voz y ese boca a boca nos ayudó muchísimo. Creo que ser una marca de calidad con precios justos es la clave para mantenerse vigentes”, dice la emprendedora peruana.

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Fomentar la comunicación con el público es otro de los factores claves para sobrevivir en estos tiempos difíciles. Con el boom de las redes sociales, las marcas tienen la oportunidad de crear una comunicación cercana y diaria con su audiencia. Se trata de crear una experiencia de usuario que las mantenga conectadas con la esencia de la firma. Para Sandra, el secreto es ser genuinas a la hora de comunicar. “En realidad, estoy siendo muy genuina a mi marca, a construir algo a largo plazo. Nosotros siempre hemos buscado conectar en lugar de transaccionar. Creamos contenido, estamos haciendo zooms de emprendimientos, privados de lanzamientos de colecciones online, y demás. Se trata de ser muy sensata y genuina con nuestro lenguaje”, señala Sandra.

Nuestras modalidades de compra están cambiando, no hay duda. Preferimos comprar sin salir de casa y optar por marcas que ofrezcan productos duraderos y a precio justo. Una promesa que no es fácil de cumplir, pero que cada vez más marcas intentan imitar para sobrepasar la crisis que ha generado la pandemia y que, aún, no concluye.

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