Hace unos días vi el avance de la serie de Cien años de soledad y quedé en shock. Por un lado tengo muchas expectativas, pero a la vez sé que la adaptación no estará a la altura de la historia original. Me deprime la sola idea de ponerle un rostro definitivo a, no sé, Úrsula Iguarán o a Remedios Moscote. El propio García Márquez se oponía a las adaptaciones de sus libros; en 1991, en una entrevista en Radio Caracol, dijo que prefería que los lectores siguieran imaginándose a sus personajes para que no quedaran «totalmente condicionados a lo que vieran en pantalla».