No es La Casa Usher de Edgar Allan Poe, tampoco la vivienda donde se filmó El Conjuro, ni la mansión donde penaba Nicole Kidman en Los Otros. Este recinto que, en efecto, parece la escenografía de un blockbuster de horror es la famosa Quinta Heeren: una casona de Barrios Altos que entre fines del siglo diecinueve y la primera mitad del veinte fue sede de varias embajadas, desde la de Estados Unidos hasta la de Japón, pasando por las de Alemania, Bélgica y Francia. Tenía una plazuela propia, donde –dicen– funcionó el primer zoológico de Lima, y en sus dominios se levantó la que habría sido la primera cancha de tenis del Perú.