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Cuenca, la ecuatoriana que lo tiene todo

Foto: Sebastián Gonzalez.

Foto: Sebastián Gonzalez.

A tres horas al sureste de Guayaquil se ubica Cuenca, la ciudad de los sombreros de paja toquilla, la que alberga 52 iglesias (una por cada semana del año) y la que acaba de ser nombrada como Mejor Destino de Vacaciones Cortas en Sudamérica por los premios World Travel Awards, más conocidos como los Oscar del turismo.

Alguna vez oí decir que Cuenca inspira. Caminar por sus calles coloniales, en las que funcionan negocios familiares de artesanías y otras tradiciones, internarse en sus parques nacionales para abrazar a la naturaleza o relajarse en sus baños termales son solo parte del gran itinerario que encuentras sobre los 2.500 metros de altura.

LA RUTA 

Para llegar, primero debes volar a Guayaquil. Las aerolíneas Avianca y Latam ofrecen vuelos directos desde Lima a Guayaquil, desde US$300. Desde allí toca viajar en auto por unas tres horas.

Hace algunas semanas seguí esa ruta. Recorrí la Cordillera Occidental de los Andes hasta llegar al Parque Nacional Cajas, a unos 33 kms. de Cuenca. El guía, Juan Muñoz, explicó que esta es una de las fuentes principales de agua de la ciudad: “Hace 300.000 años estaba cubierta de hielo. Al deshielarse, se formaron pequeñas lomas y 230 lagunas que hoy son visitadas por el turismo”.

El ingreso a este lugar es gratuito. Se puede llegar en los buses que salen de la terminal de Cuenca (US$1,50 por tramo), en solo 30 minutos. La laguna más cercana a ese punto es Toreadora. Pero yo fui en un tour (US$55 por persona) y realicé la caminata por el bosque Llaviucu, como se llama la laguna que rodea. El sendero arranca sobre los 3.100 metros de altitud y se pueden ver aves, flora  y practicar pesca con anzuelo.

CITY TOUR

El MUST es la Catedral Nueva, como se le conoce a la iglesia de la Inmaculada Concepción, que fue construida en 1885 y que tiene capacidad para 9.000 personas. Desde la Plaza Mayor se ven sus cúpulas en tonos azules. Otra cosa que impresiona son sus vitrales, que en el caso del Sagrado Corazón lleva un penco y una chola cuencana con la vestimenta típica. Pagando un dólar te dan una visita guiada y bajas a las criptas.

Foto: Sebastián Gonzalez.

Foto: Sebastián Gonzalez.

Otra imperdible es la Catedral Vieja, que se terminó de redecorar en 1832. Muñoz precisa que esta es una de las pocas en el mundo que tiene a los personajes de La Última Cena en esculturas de tamaño real. El ingreso cuesta US$2 y puedes sumarle dos más si deseas audioguía.

Después de caminar algunas cuadras, un olorcito a pan recién horneado me condujo hacia el Pan de Villacís, una panadería centenaria que amasa sabores típicos de Cuenca (calle Borrero 120).

Para mi sorpresa, me recibió Carlota Velez Villacís, bisnieta de la propietaria que comenzó con el negocio en 1908.

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Con una sonrisa amabilísima, la heredera del negocio familiar atiende a cada cliente. La mayoría va en busca de la rodilla de Cristo, un pan tradicional que parece llevar una rosa reventada, hecha de queso. Otro favorito es el pan mestizo, hecho con harina y miel de panela. A diario prepara mil panes y de vez en cuando lleva algunos pedidos a Estados Unidos.

ARTE HECHO A MANO

Después de reconocer la ciudad, me dirigí a los valles ubicados a 200 metros menos de altura. Tomé  la avenida Circunvalación hasta San Pedro de los Olivos, donde se ubica la Casa Museo de la Makana.

Foto: Sebastián Gonzalez.

Foto: Sebastián Gonzalez.

María Ulloa es una mujer de ojos saltones que junto a su esposo teje chales tradicionales con la técnica Ikat, un tejido que llegó hace 300 años al país vecino. Son solo diez las familias que mantienen vivo este arte declarado Patrimonio. La visita guiada es gratuita.

Pero el icono de todo el país es el sombrero de paja toquilla, que muchos conocen erróneamente como ‘Panamá Hat’ porque ganó fama durante la construcción del canal panameño. Sin embargo, esta pieza fue creada en la zona costera de Ecuador y posteriormente viajó a Cuenca donde se implementaron fábricas y se exportaron.

Foto: Sebastián Gonzalez.

Foto: Sebastián Gonzalez.

Conocer el proceso de elaboración, hablar con las familias productoras representativas −como los Vélez o los Homero Ortega− es un lujo. El desarrollo de cada sombrero demanda mucho tiempo. Solo el tejido demora entre tres días a un año, dependiendo la calidad.

Andrés Vélez, que pertenece a la sexta generación de la familia toquillera Vélez, explica que un sombrero tejido en 3 días puede costar unos US$70 pero que hay piezas que alcanzan los US$25.000 y que exigen doce meses de trabajo.

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Pese a que Ecuador tiene una economía dolarizada, hacer turismo en Cuenca no es muy caro. Si no te bastan estas razones para viajar, DALE PLAY a este VIDEO donde te digo por qué no puedes perdértela:

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Imagen destacada: Sebastián Gonzalez.

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