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¿Universitario campeón de América o Perú clasificado al Mundial?

La pregunta parece tonta, pero es válida:

¿Qué prefieres, ver a la ‘U’ campeón de la Copa Libertadores o que Perú clasifique al Mundial?

Tengo amigos que, a ojos cerrados, eligen a la crema en lo más alto antes que a la selección. Lo dicen con total convencimiento, sin que se les arrugue el rostro. Y estoy seguro que si se lo preguntáramos a hinchas de Alianza o Cristal, no faltarían quienes dijeran lo mismo.

En mi caso no es un acto de traición ni un arrebato patriotero en función de la coyuntura. Mi argumento es simple: si Perú va al Mundial, ganamos todos. O, seré más preciso, podemos ganar todos.

Me explico:

Si Perú va al Mundial nuestro fútbol será mirado de otra manera, elevará su valor como producto, habrá más empresas interesadas en asociarse a su éxito, sus jugadores serán cotizados en otro nivel.

Los clubes ya no tendrán que mendigar por sponsors y se les presentará una oportunidad mayúscula para diversificar sus ingresos (podrán negociar mejor los derechos de televisión, vender jugadores a otros mercados, exigir más dinero por patrocinios). Y con instituciones más poderosas, las posibilidades de resolver sus problemas internos –en el caso de la crema, sus deudas- y de fortalecerse en el plano deportivo, les permitirá afrontar los torneos internacionales sin la precariedad de siempre.

Esta súbita luz, sin embargo, puede resultar efímera si no se aprovecha el momento para cambiar las estructuras de nuestro balompié. La institucionalidad debe ser un objetivo innegociable, así como robustecer el trabajo de las divisiones inferiores, organizar campeonatos predecibles, desarrollar un sistema de justicia transparente y un torneo de ascenso sin complicaciones.

Aquello no se hizo el 70, el 78 ni el 82. Y lo hemos pagado caro los últimos 35 años. Por eso nuestra historia futbolística transita entre la medianía y el desastre, con algunos hipos exitosos (la Sudamericana de Cienciano, los ‘jotitas’, la ‘U’ del 72 y Cristal del 97), un puñado de partidos memorables y toneladas de triunfos morales.

Aún si no clasificamos, es el momento para cambiar, de meternos de lleno en la modernidad.

No es una tarea fácil. Para ello se requiere valor y capacidad para soportar mil presiones porque habrá que pisar callos enormes y viejos, desterrar los relacionamientos mafiosos e iluminar allí donde la oscuridad parecía perpetua.

Pero es la hora de dar el salto. Y si vamos al Mundial, mucho mejor. Con un fútbol poderoso, las posibilidades de éxito crecerán. Y la oportunidad de conseguir éxitos afuera dejará de estar librada a los vaivenes de alguna generación talentosa o la coincidencia de un resultado feliz.

Y, estoy seguro, el sueño de ver a la ‘U’ convertida en campeón de América estará más cerca.

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