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Troglio no debe irse

No, Troglio no debe irse.

Bastante ha hecho con quedarse en la situación en que se encuentra el club. Cualquier otro técnico se hubiera marchado a un lugar donde el fútbol no fuera tan de orates como el nuestro.

“¡Se ha quedado porque no tiene chamba! ¡Quiere seguir robando!”

Las redes sociales, tan generosas, albergan a mucho insultador profesional, incapaz de ponerse en el zapato del otro, de tener un mínimo respeto por la honra ajena.

Hay tipejos que le hacen daño a la profesión de entrenador. Que más allá de su capacidad profesional, tratan a la ética como hacían el argentino Lamadrid o el inolvidable Samuel Eugenio a ciertos tobillos ajenos. Troglio no parece ser de ellos.

No es un A1 (¿Qué técnico de esa categoría viene a dirigir al Perú? Sampaoli, cuando lo hizo, estaba en crecimiento), pero es un laburante, como dirían en su país. Tiene, como cualquiera, su librito, del cual no le gusta salirse. Y, al margen de lo que podamos decirle desde las tribunas, conoce al plantel más que cualquiera de nosotros (por más que sigamos sin entender por qué Vargas fue tantas veces titular el año pasado).

No hace un fútbol muy vistoso, lo suyo es un juego más directo, sin escalas. Es su manera de ver las cosas. Y esta temporada tiene que pelear con la más fea.

Pero eso no quiere decir que no debamos pedirle que su mano se sienta en la cancha.

Que el equipo, a pesar de sus limitaciones, muestre cierto orden.

Que deje ver, al menos, una idea de juego.

Ante UTC se terminó jugando como un clubcito de barrio. Quintero aparecía de 10, Siucho por la derecha, De la Cruz en cualquier lado. Y los centrales se lanzaron adelante, desesperados, buscando el toque salvador que librase al equipo del desastre.

Y este viernes llega San Martín, otro club repleto de muchachos que, a diferencia del nuestro, conoce qué quiere. Y trata a la pelota con aprecio.

A la ‘U’ le cuesta ser protagonista porque sin espacios se muere. Y como sufre para la elaboración, se acomoda con pelotazos en la contra.

Tienen razón los que recuerdan que el año pasado se veía algo parecido, pero el equipo tenía un rasgo que le hizo marcar ciertas ventajas sobre los demás: la presión. Hoy ni eso tiene.

No creo que haya técnico en el mundo, salvo algún advenedizo, que quisiera estar en el puesto de Troglio. ¿A quién le gustaría trabajar con un club casi en la quiebra,  con una dirigencia débil, un plantel lleno de novatos y prohibición para contratar?

Ojo: Nadie está acusando a este equipo de falta de garra.

Negar que en el plantel no exista amor por la camiseta, sería mezquino.

Orden y un norte definido. Solo eso se pide. Este año no da para títulos, hay que luchar y morir en la nuestra. Pero con dignidad.

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