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¿Por qué debes tomarte un año sabático o Gap Year?

Ayer vi una noticia donde decía que Malia Obama, la hija del actual presidente de Estados Unidos, Barack Obama, iba a estudiar en Harvard, pero que antes de eso, se iba a toma un año sabático, y ahí dije: “Ah no, ahora si es el momento de poder contarles en mi blog porque esta idea me parece fantástica y TODOS lo deberían hacer” (Y no, no tienes que ser la hija del presidente de Estados Unidos para hacerlo).

Como muchos saben, yo también decidí tomarme un año sabático o Gap Year.
Lo empecé en Octubre 2014, cuando tenía 29 años y decidí que ese sería mi regalo por los 30. Y sí que fue tremendo regalo, simplemente, la mejor experiencia de mi vida.

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Analizando mi contexto de ese momento, existían los siguientes factores:

1. Tenía un buen trabajo, pero sentía que de cierto modo, los trabajos vienen y van, y depende de uno volver a introducirse al mercado laboral, sin que este año de “break” afectase mi perfil profesional, sino que al contrario, pudiera enriquecerlo. Recuerdo que cuando tuve que decirle a Recursos Humanos sobre mi decisión (moría de miedo), en vez de pensar que estaba loca y que eso podía afectarme, me dijo: “Qué valiente, me saco el sombrero realmente, te va a ir increíble, y no dudo que cuando regreses conseguirás un nuevo trabajo fácilmente”. Las reacciones de la gente fueron varias, pero sorprendentemente la mayoría de ellas fueron positivas.
2. No tenía una pareja estable ni hijos (a diferencia de algunas amigas que no solo ya están casadas, sino que andan por el 2º hijo), por lo cual no tenía ninguna “atadura” que me mantuviera en Lima.
3. Había ahorrado lo suficiente como para poder viajar por 1 año, evidentemente de mochilera, pero de una forma tranquila y descubriendo el mundo. Cuando empecé a sacar la cuenta de cuanto me costaría, también me percaté que en países de Asia o Europa del Este iba a gastar hasta menos de lo que actualmente gastaba mensualmente en mi propia ciudad, evidentemente sin tener un sueldo mensual, pero esto va para los que creen que viajar es caro. Para que tengan algunos números en mente, en Sudeste Asiático gastaba aprox US$1,000 mensuales, incluyendo hospedaje, comidas y transporte.
4. Viajar era mi pasión. Ya había recorrido unos 20 países hasta ese entonces, de vacaciones o por trabajo, con amigos, pareja o familia. Pero quería más. ¿Por qué tener que conformarme con conocer Tailandia por 2 semanas corriendo, solo porque mi empresa no me daría más vacaciones? Yo quería descubrir el mundo a mi gusto.

Y con esos puntos bien claros, fue que decidí tomarme este año sabático.

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¿Y saben que descubrí?

Que había muchíiiiiiiisima gente haciendo lo mismo que yo.

¿Pero saben que fue algo que me llamó mucho la atención?

Había muchos chicos jóvenes, aproximadamente de 20 y tanto años haciéndolo, y yo me preguntaba: “¿Qué hacía yo cuando tenía esa edad? ¿Cómo es que ellos están haciendo algo tan increíble y yo tal vez tenía otra cosa en mente en ese  momento?”

En la estructura de “cómo debe ser la vida” en la sociedad donde yo me críe, es decir, Lima, Perú, (pero que se que seguramente ocurre lo mismo en tu país, por eso estás leyendo este artículo), lo que uno “tiene que hacer” es lo siguiente:

1. Sales del colegio aproximadamente a los 17 años, pero para ese entonces ya has aplicado a la universidad donde “tienes” que estudiar mientras estás en el último año de colegio o estás en la academia que te prepara para el ingreso.
2. Entonces, terminas el colegio e inmediatamente ya estás entrando a la universidad. Usualmente en el 3º año puedes empezar a hacer Prácticas Pre Profesionales, por lo que ya “tienes” en tu mente que empresas son las mejores para hacer línea de carrera.
3. Eres practicante pero en tu mente sabes que “tienes” que competir con mucha más gente para que cuando estés por terminar la universidad te contraten y puedas ser asistente o analista.
4. Cuando ya conseguiste esos puestos, la lucha sigue porque a tus amigos los empiezan a promover y ya son Coordinadores o Jefes, y ¡oh, no!, tú “no te puedes” quedar atrás.
5. Algunos años después de ya haber terminado la universidad (y cada vez antes), ya estás con el tema de la Maestría en mente, algunos piensan hacerla afuera (lo mejor que pueden hacer) y otros dicen que “no pueden” dejar de trabajar por lo que lo harán a la par.
6. Dejando un poco de lado el plano profesional, el tema personal y emocional es ooootro rollo. Te dicen, ves alrededor tuyo, o te crían diciéndote que tienes que casarte, tener hijos, comprarte un departamento y c’est la vie! ¿Ah, perdón? Vas a ver que tipo a los 25 años ya empiezan algunas personas de tu circulo a entrar a este proceso. Ojo, no digo en ningún momento que casarse o seguirlo este mal, pero acaso no sienten esa presión social de: “¿Y cuántos años ya tienes con tu novio?”, “¿Supongo que ya estarás pensando en ahorrar para cuando vengan tus hijos, no?”.

Y es como un proceso social/cultural que tiene determinados pasos, que tiene normas implícitas (muy explícitas) de “lo que está bien” o tal vez, aceptado socialmente. ¿Te diste cuenta que en cada paso previo que enumeré había una especie de obligación de lo que se supone que tienes que hacer? Y tú, un poco confuso y perdido no sabes bien donde entras o porque estás siguiendo cada paso al pie de la letra.

Entonces es ahí cuando me teletransporto a Cameron Highlands, Malasia, aproximadamente en Mayo 2015, donde conocí a un grupo de alemanes, neozelandeses y australianos increíbles, que también andaban viajando largo.  (Y les pongo un solo caso, porque conocí decenas de ejemplos más).

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Había una pareja de 22 años, un chico de 21, otro de 22 y una chica de 24. Todos nos habíamos conocido en el bus que nos llevo a esta ciudad.
Ellos me contaban que en sus países era totalmente normal tomarse este año sabático, ya sea saliendo del colegio o de la universidad, porque no existe ninguna prisa por entrar a trabajar en tu profesión.

Algunos de ellos habían trabajado hasta en 2 trabajos a la vez durante el verano para poder ahorrar algo de dinero (ningún padre se lo estaba pagando) y poder hacer este viaje, y en todos los casos sus padres estaban totalmente de acuerdo en que realicen ese viaje, porque los sentían con la plena madurez de poder hacerlo y porque sabían que les iba a aportar mucho en la vida.

Eran chicos que tal vez no tenían la “necesidad de trabajar” desde tan pronto, pero que nacía de ellos mismos hacerlo para ganar su propio dinero y cumplir sus sueños.

Yo alucinaba un poco justamente pensando en Analucía a esa edad y solo podía pensar en que sí, tal vez yo ya había empezado a ahorrar, pero no se me pasaba por la cabeza “invertirlo” en un viaje porque me sentía en una maratón llena de competidores en el tema profesional, y no podía dejar de enfocarme en hacer una línea de carrera. A esa edad yo también andaba en una relación sentimental larga, por ende mi proyección para los siguientes años era seguir en ella, y sí, tal vez como “la sociedad decía”, casarme, pensar en hijos y comprar un departamento juntos. ¿Verme a mi dando la vuelta al mundo a los 29 años? Jamás lo hubiera pensado.

Y esas conversaciones con estos chicos tan jóvenes, pero a la vez tan maduros y proyectados definitivamente me hicieron pensar mucho más en como mucha gente no se toma el tiempo de darse cuenta en el HOY. Estudian, trabajan, ahorran, se relacionan, todo con vistas al FUTURO. ¿Y qué pasa con el AHORA? ¿Te has puesto a pensar como lo estás disfrutando?

Mientras yo les cuestionaba a estos chicos cómo es que no pensaban en su carrera, acaso no tenían miedo de no encontrar trabajo o retrasarse; ellos me preguntaban a mi por qué es que teníamos que hacer en nuestros países todo tan al pie de la letra, como ovejitas y no disfrutar del momento. Los chicos no eran unos vagos para nada, simplemente estaban aprovechando unos meses antes de empezar una nueva etapa en su vida. Y de repente, así como cuando tratas de dar una explicación de lo que era la tuya, te das cuenta que ni tú te crees el cuento y dices: “¿Y por qué nosotros tuvimos que hacerlo así?”. Se que tal vez me dirás: “Bueeeno, pero son países diferentes, son realidades diferentes…”. Y yo te digo que no, yo te digo que yo lo pude hacer, y tú también.

Dejé un trabajo y ahora tengo otro alucinante que me encanta, y en el interín conocí más de 30 países. No me tildaron de hippie antes de contratarme en este nuevo, no; sino que tanto en esta como en todas las entrevistas valoraban muchísimo el viaje que había hecho pues me había ayudado a desarrollar skills que tal vez no hubiera podido jamás potenciar si no hacía un viaje así. Además, mejoré muchísimo el inglés porque era el idioma que más utilizaba, por lo cual ahora estoy trabajando 100% en inglés con compañeros de diferentes países, con algo aprendido sin darme mucha cuenta mientras hacía lo que más quería, viajar.

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Si eres joven, mucho mejor. ¿Por qué no te das un break? ¿Por qué no respiras? ¿Por qué no te das un tiempo entre la universidad y el trabajo para ir a viajar? Te juro que no te va a pasar nada. Te juro que en tu ciudad todo va a seguir igual. Es más, vas a ver que va a seguir tan igual que cuando regreses te abrumará como cambiaste tú y como por aquí no pasó nada muy relevante.

Tal vez puedes enfocarte en ahorrar en tus prácticas, trabajar en un restaurante o hacer trabajos freelance, y conseguir dinero para viajar unos meses. También puedes plantearte ir por diferentes países trabajando en hostels (si no tienes suficiente dinero ahorrado) y poder así estirar tu viaje.

Si en tu cabeza ronda por un pequeño milisegundo el hecho de que vives en una estructura que no se adapta a lo que piensas, ¿por qué no seguir tus sueños?

Haz como la hija de Obama, haz como yo; haz como los cientos de chicos de diferentes nacionalidades que se la buscan para poder disfrutar del AHORA, de la juventud y del momento, sin dejar de pensar en su carrera profesional o en lo que se viene después. No estoy diciendo que no estudies, no estoy diciendo que vivas toda la vida viajando (aunque podrías siendo un nómada digital por ejemplo). Solo te estoy diciendo que AHORA estás en el momento de darle un giro a tu vida de tal forma que cuando estés pensando en casarte, tener hijos, haciendo la maestría y comprando un departamento no te arrepientas y digas: “¿Y por qué no me tomé ese año sabático que tanto rondó por mi mente?”

Publicado en Hostelworld

 

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