¿Pasaporte peruano?

En Australia -a diferencia del Perú- la semana santa se celebra de viernes a lunes en lugar de jueves a domingo, es por eso que ese lunes que me dirigía a trabajar significaba doble paga pero también el doble de puntos menos si te agarraba la policía cometiendo alguna infracción.
Pues bien. Plácidamente conducía al trabajo cuando sonó mi celular y por mala costumbre contesté sin usar “hands free” ni nada por el estilo.
Sabia de la existencia de patrulleros encubiertos y tenía registradas imágenes de algunos de ellos cumpliendo su deber, pero no tenía pensado ser detenido hablando cándidamente por el celular
Habían pasado ya cinco cuadras desde que contesté la llamada cuando una sirena proveniente del auto menos sospechoso del mundo me indicó que debía detenerme. ¡¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!! fue lo primero que solté al aventar el celular al piso.
El policía que manejaba bajó del auto encubierto y mientras se acercaba yo saqué mi licencia “made in Perú” para mostrársela. Cuando levanté la mirada nuevamente, tenía dos policías más al otro lado del carro.
Sus primeras palabras fueron: “sabes por qué te hemos detenido ¿no?” yo asentí con la cabeza y no me quedó otra alternativa que pedirle disculpas. Se llevaron mi licencia hacia el otro lado del vehículo y la empezaron a observar mientras uno de ellos anotaba los datos del auto.
Al ver la cara de que no entendían nada, y como yo me quería ganar algunos puntos con ellos, saqué la traducción oficial de mi brevete (que guardo en la guantera). No le dieron importancia en un comienzo, pero luego la mujer policía la tomó y ya con ella pudieron saber que mi licencia no era un carnet de algún club o algo parecido.
Una vez analizada mi licencia y habiendo tomado todos los datos necesarios, se volvió a acercar el oficial que me detuvo mientras los otros regresaron a su auto. Yo le consulté por la tarifa de la multa y era nada menos que 250 dólares australianos (poco más de 200 americanos) y el doble de puntos deméritos en mi licencia (cosa que no me afectaba mucho al ser mi licencia peruana y no australiana). Mi calentura estaba al tope porque significaba un gasto fuera del presupuesto por una tontería o descuido (como quiera llamársele), más aun que esa semana estaba esperando hacer un buen capital laborando los feriados, y tener que pagar esa multa significaba casi un día entero de trabajo.
Me preguntó con quien hablaba y le dije que con mi jefe y que me dirigía al trabajo como podía constatar al verme con el uniforme de la empresa, a lo cual replicó que me habían estado siguiendo por no menos de tres cuadras y que no debía hablar mientras manejo porque podía causar accidentes y toda esa clase de cosas. Me sentía realmente arrepentido y molesto por la multa que se me venía.
Ya resignado y solo atinando a decir que lo sentía y que no se repetiría, el policía me dijo: “así que de Lima ¿no? acabo de volver de tu país hace menos de un mes y me encantó, la gente más que amable, me trataron de maravillas y la comida excelente”. Yo no reaccioné y el siguió adulando a nuestro querido Perú, contándome sus experiencias, que se quedó cerca al “Mc Donald’s más grande q ha visto en su vida” en Miraflores, que Machu Picchu, que Puno, que Nazca, etc., para luego hacer algo que es poco común acá en Australia: me dejó ir porque no podía ponerme la multa después de cómo lo habían tratado mis compatriotas y lo bien que lo había pasado en el Perú.

Por eso gracias a todos los que por A o B motivos conocieron al oficial Watts y le brindaron la hospitalidad peruana. Ya ven, no es malo tener el pasaporte guinda (ni el brevete amarillo).
Marco Amprimo Torreblanca
Sydney, 2007

:quality(75)/2.blogs.elcomercio.pe/service/img/saldetucasa/autor.jpg)