Viajar para un matrimonio
Ayer no podía dormir pensado en muchas cosas. Una de ellas es si viajo o no a nuestro lindo Perú. Un matrimonio me hace pensar dos veces si gastar dinero – que no me sobra- para estar con un gran amigo de la infancia en el día de su boda.
La verdad es que quiero estar presente pero el tiempo no me sobra. El realizar el viaje por tan solo dos semanas no me parece correcto, especialmente para mi bolsillo.
Por otro lado, el estar con él, con mi familia, con la gente del barrio, con mis amigos de toda la vida, me hacen meditar mucho. A todo esto, espero que a muchos de los peruanos que se encuentran fuera de las fronteras nacionales, no les ocurra este tipo de cosas, no se las deseo.
El estar lejos de los amigos y de la familia nos hace vulnerables con estas efemérides y nos hace meditar sobre nuestra vuelta o nuestro regreso. Muchos de nosotros añoramos la familia en primera persona, y luego nuestra comida, pero las fiestas importantes tenemos que programarlas con anticipación para poder comprar un billete barato, y haciendo malabares con las fechas para no poder fallarle a la gente que nos contrata o nos tiene como referencias para las actividades.
No cabe duda, haré papilla la tarjeta de crédito y viajaré. Pero también beberé hasta morir, je, je, je, en el buen sentido de la frase, para celebrar ese matrimonio de mi amigo como si fuera el mío. Porque la verdad, siempre hay un pretexto para regresar a la tierra bendita. Si no es por la familia, es por un amigo, y si no es por vacaciones, es por hacer turismo, o si no, porque siempre es lindo regresar a la tierra que nos vio nacer.
Un beso a todos, y espero contar más adelante que tal fue la fiesta del matrimonio…si la hay.
Víctor Ballena Domínguez
España

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