En Europa por accidente
Sé que a muchos les extrañara esto pero es cierto: acabé varado en Europa por accidente y algo que nunca deseé termino volviéndose una incompresible y confusa realidad.
No es que peque de soberbio, pero la idea de dejar el Perú nunca me paso por la cabeza pues tenía todo lo que podía desear (claro con los altibajos que implica la economía del país) y también un muy pequeño grupo de amigos que hacía la vida simpática y bonita. Pero un día pasó lo que nunca había esperado… un día cualquiera terminé conociendo al amor de mi vida.
De por sí, el ser gay en el Perú es bastante difícil, pues hay poca gente gay que quiera un prospecto de vida tranquilo con una pareja y a la vez un desarrollo social normal, es decir, vivir tranquilo sin tener que colocarse una etiqueta en la frente de “ya salí del armario”.
La verdad es que la idea de frecuentar círculos gays y lugares de ambiente nunca me llamó la atención -dicho sea de paso, no tengo nada contra ellos- pero creo que no me va ni me fue nunca la idea de encerrarme en 20 metros cuadrados con más gente gay hablando de perfumes, ropa y de chismes. Soy de los pocos que se siente muy a gusto en EL ARMARIO y llevando una vida muy tranquila.
Bueno, retomando la historia, un día encontré a Carlos y vaya que me movió el piso. Me era realmente insoportable la idea de pasar horas lejos de él, pero el pequeño inconveniente es que vivía en Suiza, y eso no está a la vuelta de la esquina.
Tras mucho esperar e intentar las famosas cartas de invitación me aprobaron la visa de turista y tomé un avión para venir solo de visita, pero terminé quedándome, casándome y siendo medio europeo. A veces recuerdo que cuando pensaba en Europa me pasaba por la cabeza la idea de encontrar cultura por todos lados, gente evolucionada y modernidad, pero al llegar aquí encontré todo lo contrario: racismo, xenofobia, problemas económicos que cada día preocupan más a la gente, una crisis política que recorta cada vez más los derechos sociales y el comienzo de un cierre de fronteras a los inmigrantes.
La verdad es que no puedo quejarme de lo interesante que puede resultar el tener acceso a cultura, pues existen museos, universidades y medios de comunicación (por lo menos en Francia y Suiza) que evitan poner en programación lo que conocemos como ” televisión basura”. Eso es admirable si lo comparamos con los canales españoles que llenan veinticuatro horas de escándalos faranduleros al mismo estilo de Magaly TV.
Desde que llegué, encontré lo primero que me decían mis amigos al dejar Lima: que la gente es muy fría. No te responden un saludo, no se paran a ayudar a alguien si lo ven mal por la calle, no ceden el asiento en el metro a una persona mayor.
Un día antes de vencer la visa, mi pareja y yo decidimos casarnos y así logré cumplir un viejo sueño, porque a pesar de ser un gay con vida antigay, siempre quise casarme con la persona que amo. Comencé los tramites de matrimonio para poder vivir legalmente aquí, pero la primera traba que encontré fue el ser latino. La política antimigratoria de los gobiernos camufladas en excusas como “se perdió el expediente” o “tenemos mucho trabajo, hacemos lo que podemos” terminó convirtiéndose en mi peor pesadilla para lograr casarme. Después de muchas llamadas conseguí la famosa autorización.
Después de casado las trabas siguieron y me pregunté muchas veces por qué no los mandaba al diablo y regresaba a Perú, pero el amor puede más y te otorga una paciencia infinita para soportar todo, Ahora soy residente comunitario, vivo entre España y Suiza, cada día me adapto más a este mundo que no me interesaba conocer y cada día me doy más cuenta que en muchos aspectos, Europa es tan chicha como el Perú. Pese a sentirme todavía algo extraño, no puedo negar que he conocido gente súper simpática y adorable. La familia de mi ahora esposo se convirtió en mi familia y me ayuda a tener una vida feliz… aunque aún seguimos en el armario.
Gracias por su tiempo.
Adrián

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