¡Y bailamos el alcatraz!

Nosotros no sabíamos dónde íbamos a celebrar nuestras Fiestas Patrias. Podía ser en Lancaster, Liverpool o Manchester, pero al final las chicas de Lancaster y Liverpool se animaron a venir a Manchester. Ya habíamos coordinado que algunos traeríamos unos cuantos platos de comida peruana a la casa de nuestra amiga Patricia y los que no, pues traerían el trago. Casi todos los años, Patricia celebra 28 de julio en su casa y la verdad no sé como hace, pero ella solita se jaranea en su cocina preparando más de siete platos a la vez.
Lo infaltable en la mesa de mi amiga fueron sus frejoles con chancho, y esto mezclado con escabeche y un poco de arroz a la jardinera me dejó lista como para una guerra gástrica, pero no me importaba, pues como dicen, una vez al año no hace daño.
Aparte de mi fuente de escabeche y las cervezas que sobraron de mi cumplemenos (increíble que aquí sí sobran las chelas), llevé un video-karaoke criollo que puso el ambiente en la fiesta. Todos estuvimos completamente desafinados, pero igual nos creíamos desde Eva Ayllón hasta Lucha Reyes. La pasamos tan bien que al día siguiente me dolía la garganta de tanto cantar y reírme.
Quisimos bailar de todo, aunque el cuerpo no diera para tanto ajetreo. En lo personal, yo me sentía como bisagra vieja, pero el ritmo hizo que mis pies y mis caderas se alboroten, así que me lancé a bailar como a quien le hubieran dado un empujón. Como siempre, los hombres estuvieron ausentes y solo se limitaban a mirar desde otros ambientes. Una chica de Liverpool y otra amiga más se animaron también a bailar y la verdad que sudamos mas que gorda en sauna.

Lo más gracioso vino cuando quisimos bailar el alcatraz. Como no queríamos incendiar la casa de Patty (ya que su sala es alfombrada y tal vez una de esas chispitas hubiera encendido todo), usamos nuestra imaginación y simulamos la correteadera con la supuesta vela, pero en un momento alguien tomó un cirio, felizmente apagado, y me hizo correr.
También bailamos un vigoroso huaylas, y esto sí me dejó con las piernas adoloridas, sobre todo por la falta de ejercicio. Lo que sí comprobé es que mi flacucha amiga Magda tiene los huesos de la cadera más duros que patada de burro. Sin broma me lanzó de un lado de la sala hacia el otro. Esto hizo que todos se mataran de risa y yo terminara como muñeca rota.
En fin, la pasamos muy bien, pero como siempre, a algunos no les fue suficiente y se fueron a seguirla a un club llamado Copacabana (cuyo dueño es un chileno). Yo no pude ir, pues había prometido a mi marido que regresaría a casa a más tardar a medianoche, misma cenicienta.
Las chicas se han quedado pilas y me han dicho que quieren repetición. Yo no sé qué pretexto vamos a poner para hacer otra reunión, pero de seguro algo se nos ocurrirá, cosa que podamos volver a bailar con el cirio, ja, ja.
Lo bonito de todo es que a pesar de que recién conocíamos a algunos de los peruanos que viven por estos lares, pudimos comprobar que compartíamos ese sentir peruano que está muy arraigado en cada uno de nosotros. ¡Que viva el Perú!
Carmen Susana Anaya
Manchester, Inglaterra

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