Yuyachkani en Noruega

Inés (10 años) visitando una exposición de fotos
en Oslo
Un pueblo sin memoria no tiene identidad, por eso es tan importante conocer la historia, aprender de ella y avanzar, crecer, madurar. Lejos de la patria, al vivir en otras tierras y estar inmersos en una cultura distinta, nos hacemos profundamente conscientes de nuestra propia identidad cultural. Le sucedió al propio García Márquez al llegar a París. Nos sucede también a los que por diversas razones vivimos lejos de nuestra patria, el Perú. Para nosotros, la necesidad de sentir nuestra identidad y recordar nuestros orígenes se vuelve más intensa, proporcionalmente al tiempo y la distancia que nos separen de nuestro Imperio del sol.
Aquí en Noruega, al otro extremo del mundo, hay una pequeña ciudad llamada Porsgrunn, con unos 35,000 habitantes, y cada mes de junio es escenario del Festival Internacional de Teatro. Este año el grupo Yuyachkani fue la estrella del festival y yo viajé especialmente desde Oslo para ver su obra. Estaban estrenando en Europa “Sin título, técnica mixta” inspirada por un lado en los testimonios recogidos por la Comisión de la Verdad y Reconciliación, y por otro lado en la historia del Perú, desde la guerra con Chile hasta el final del gobierno de Fujimori.
Cuando se abrieron las puertas de la sala sin sillas, entramos en un “museo” donde hay una exposición que cuenta esta historia por medio de retablos escritos delante de los cuales los artistas están inmóviles. De pronto todo empezó a moverse, y los espectadores seguimos a los actores y nos volvimos parte de este movimiento, sintiendo casi la violencia que han sufrido nuestros pueblos. Máscaras, videos, procesión, música, sátira y sobre todo un alto contenido simbólico; una novia tacneña enlutada como protesta ante la ocupación chilena, más allá un herido de guerra que le cuenta al escritor su historia; una bandera peruana hecha con la ropa del pueblo; una “mamita” ayacuchana de cuyas ollas de barro han comido el campesino, el terrorista, el soldado y también Yuyachkani; una indígena mostrando en sus polleras testimonios escritos de las víctimas de la campaña de esterilización; Montesinos y Fujimori tirándose la pelota de la responsabilidad de los hechos …
Yuyachkani tuvo un éxito rotundo, con la sala llena en cada presentación. Los impresionados críticos noruegos dijeron: “brillante actuación que da una fuerte imagen de esta parte del mundo”… “espectáculo fantástico, emocionante, único y profundamente trágico” … “la obra es el tipo de teatro que uno quisiera experimentar más a menudo: expresivo, visual, y con la voluntad y el coraje de tratar temas importantes.”
Y es que es cierto, los peruanos somos expresivos, muy distintos a los reservados noruegos, vivimos muy intensamente nuestras vidas; y como peruana debo decirle gracias a Yuyachkani, que con su estilo único me hizo estremecer, pensar, recordar y sentir en la piel nuestra historia; aquí en Noruega, al otro extremo del mundo.
Lucy Hermoza de Rigal

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