Terremoto de emociones
El terror ante lo que podría ser un terremoto siempre rondó las cabezas de aquellos que nacimos después de 1974. Este temor por lo desconocido se alimentaba por las historias de nuestros padres, amigos mayores y decenas de películas gringas de bajo presupuesto. El miércoles pasado, dicho terror dejó de ser teórico salvo para tres grupos de limeños: aquellos que se mudaron al otro barrio, aquellos que se fueron de viaje y aquellos que emigraron. Al encontrarme en el tercer grupo, muchos pensarían que me libré del terremoto pero ésta historia trata de cuánto te mueven la distancia y la falta de información.
Como siempre, el jueves prendí la computadora para revisar mi correo antes de irme a la oficina. Como nunca, la máquina no prendía y antes de decidir reiniciarla apareció mi esposa contándome que había ocurrido un temblor en el Perú. Ante ello, mi natural pregunta fue ¿qué tan fuerte fue el temblor para volverse noticia en la TV Británica matutina? Como si se tratara de una competencia, Natalia prendió su máquina a la par que yo reiniciaba la mía. La franja de noticias de la BBC que recientemente instaló en su computadora incrementó nuestro estrés pues anunciaba “Terremoto en Perú”. Naty logró leer los correos de su familia antes que yo logre saber si mi familia me había escrito y un intenso alivio la quebró y mandó de vuelta al cuarto. Sin saber si había completado su lectura, le llevé su máquina, me excusé diciéndole que aún no sabía nada de mis viejos y volví corriendo a mi computadora. Gracias a Dios, mi madre me tranquilizó desde el título de su correo con un efectivo: “ESTAMOS BIEN”.
Volví al cuarto para acompañarnos, intercambiar información y comprobar que su familia sólo se había asustado. Dado que en Lima era la 1:30 a.m. decidimos dejar descansar a nuestra gente y optamos por revisar El Comercio. Necesitábamos complementar lo escrito con imágenes y buscamos vídeos en YouTube. Las imágenes que en ese entonces encontramos no podían ser más penosas, pues se trataba de las chicas terremoto de la teleserie 1,000 oficios.
Con la misma desesperanza, prendimos la televisión y comprobamos una vez más que la política editorial de BBC (local) es promover banalidades entre su teleaudiencia matutina. En la hora que pasamos revisando los diarios y viendo televisión, en dos oportunidades entrevistaron en vivo a un sujeto que precariamente disfrazado le rendía tributo a Elvis Presley. Era claro que conmemorar el 30 aniversario de la muerte del Rey del Rock and Roll era más importante que informar sobre la desaparición de 500 personas – pues se trataba de un exótico país que no había pertenecido al imperio Británico, que actualmente es asociado al “osito Paddington” y que es recordado únicamente por cómo nuestra selección de fútbol le ganó a Escocia en Argentina 78.
Al comunicarme con varios amigos me reconfortó no sólo saber que estaban bien sino que sus familiares también lo estaban. Sin embargo, sus reacciones no tardaron en ubicarse en cinco distintas categorías: el primer grupo estaba conformado por aquellos que se quedaron en “todo bien en Lima, el problema fue en el sur”. Los otros grupos resultaron más interesantes pues mostraron una gradiente de mercadeo personal. Los caletas eran aquellos que sólo debido a la confianza llegaron a compartir qué estaban haciendo a favor de las comunidades más afectadas. El grupo de Los comunicadores estaba integrado por aquellos que se encargaron no sólo de compartir artículos y vídeos sino también de informar cómo ayudar a los damnificados. Los relacionistas públicos aprovecharon esta oportunidad para publicitar cómo su empresa había implementado una campaña de responsabilidad social. El más pintoresco de todos fue el grupo conformado por los héroes del tercer mundo, que hicieron lo posible por pulir su inglés y ofrecerse como catalizadores de ayuda internacional para sus desafortunados compatriotas. Sin importar la categoría, fue muy interesante comprobar el potencial de las noticias al promover comportamientos pro sociales.
Poniendo lo narrado en perspectiva, la cobertura de ésta y otras noticias desnudan dramáticas inequidades globales. Hace tiempo que no es noticia el hecho que cada día en Iraq fallece una cifra similar al número de personas caídas el 7 de julio del 2005 en Londres – las mismas que acapararon la atención mundial por meses. Aún a pesar de haber fallecido diez veces más de peruanos, es obvio que el reciente terremoto será titular por un reducido número de días. No hay duda que tanto la cobertura como su tono de comunicación son decididos sobre la base del ránking económico, lo que da a pensar que las muertes son más o menos importantes dependiendo del lugar de la tragedia.
Dicho ránking no sólo aplica a la prensa mundial, sino también a la sociedad peruana: ¿Acaso no nos levantamos frente al terrorismo después del ataque al corazón de Miraflores? Quiero creer que un desastre natural como el ocurrido el miércoles pasado le permitirá a mi país despertar de un desastre humano que viene sustentando inequidades geográficas, económicas e incluso raciales.
César Bazán
Londres, Inglaterra

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