Felicidad

“Lindas amazonas, vamos a bailar!” (120 cm x 150 cm.). Una de las pinturas hechas por 2 artistas noruegos inspirándose en la definición personal de felicidad de 12 mujeres que han tenido cáncer al seno.
¿Qué es para ti la felicidad? me preguntó Lasse. La felicidad puede tener muchas caras, le respondí: la sonrisa de mis niños cuando bailo con ellos, el rostro amado sobre la almohada junto a la mía al despertar. También me siento feliz al trabajar dando un curso o conferencia, al caminar en tierra peruana y al sentirme viva, simplemente. Pero más concretamente – le dije- yo encontré mucha energía y felicidad en mi propia identidad cultural.
Me sucedió un día gris a fines de octubre, hace 5 años. Echada en el sofá de mi sala, veía la nieve caer y me sentía mil veces peor que si estuviera resaqueada. El día anterior había recibido la quinta inyección de quimioterapia (de un total de seis) y desde que la enfermera retiró la aguja de mi brazo, había vomitado como pirata durante toda la tarde, y casi hasta la medianoche. No entendía que una medicina me hiciese sentir tan mal, como si una mano me retorciera el estómago y los intestinos por dentro. Estaba harta. Harta de las amables sonrisas de las enfermeras (si tuvieran que inyectarse ellas mismas esta mierda, seguramente habrían dejado de sonreír), harta de tragarme tantas tabletas de vitaminas, minerales y uña de gato, harta de tantos análisis de sangre, harta de la cara de circunstancia con la que el oncólogo me explicaba que viajar a Perú para Navidad podría ser arriesgado, harta de ponerme turbantes o gorritos para no congelarme la cabecita pelada, harta de la peluca burlona que no conseguía usar porque me hacía sentir como travesti de Almodóvar.
Estaba lejos de mi país, extrañando a mi familia, y sintiéndome fatal. ¿Dónde estaban el sol y el calor? Me imaginé echada en la arena tibia a orillas del Océano Pacífico, con las olas cosquilleándome los pies y la brisa marina acariciándome el cabello. Entonces recordé de dónde venía y quién era: una latinoamericana, peruana, limeña. Recordé que en nuestras tierras nosotras nos movemos al ritmo del mar, con el sol en la piel y el calor en las caderas. Recordé que allá todos bailábamos, en el jardín de la infancia, en el colegio, para el día de la madre, el día del padre, Fiestas Patrias, los cumpleaños, matrimonios, aniversarios o en la universidad después de los exámenes. Cualquier ocasión podía ser buena para bailar.
Dejé el sofá y primero puse un bolero, empecé a bailar. Después seguí los pasos de Celia Cruz cantando la rumba es la medicina cubana. Seguí bailando. Mi cuerpo revivía, producía endorfinas, y la energía circulaba nuevamente. Esto es lo que necesito, pensé.
Dos días después fui a la FFB, Sociedad Noruega de Operadas de Cáncer al seno, y hablé con la jefa. Quiero hacer un grupo de baile con chicas que estén en tratamiento, como yo, le dije. A ella le interesó muchísimo el proyecto, y antes de que me preguntara: ¿cuánto vas a cobrar?, porque por aquí nada ni nadie se mueve gratis. Yo le dije que no hago esto por dinero, sino porque me encanta bailar y no me gusta hacerlo sola. Sería lindo bailar con otras chicas que están pasando por lo mismo que yo, les servirá de terapia a ellas, y también a mí, le respondí.
Finalmente, el oncólogo firmó una recomendación para que yo viajara. Entendió que había algo más que operaciones y medicinas para curar un cáncer. Esa Navidad estuve en una playa peruana con toda mi familia, y bailamos juntos el 31 en la misma playa, yo sin cabello pero feliz, mientras que en Oslo hacía 15 grados bajo cero.
Unos meses después de volver a Noruega, dirigí el grupo de baile. Fue una experiencia maravillosa. Esas noruegas de fríos rostros y rígidas caderas se transformaron en radiantes salseras. Me adoraban. Creo que por eso me han escogido como a una de las 12 “chicas calendario”, la única extranjera del grupo, yo, una peruana feliz, y por eso me entrevistaba Lasse.
El mes de octubre es el mes internacional de la lucha contra el cáncer del seno. El lunes 1 de octubre se inauguró en Oslo la exposición de pintura llamada “Lykke” – Felicidad. Kristine Maudal, pintora, y Lasse Berre, fotógrafo, han hecho 12 cuadros enormes inspirándose en 12 mujeres que hemos tenido cáncer al seno, en nuestras diferentes historias y en nuestra definición personal de lo que es la felicidad. Estas pinturas ilustrarán los 9000 calendarios del año 2008 que venderá la Kreftforeningen – Asociación Noruega de Lucha contra el Cáncer, para recaudar fondos. Las pinturas serán vendidas al mejor postor.
La felicidad de ser peruano no se compra ni se vende. Por eso, allí donde estés, comparte tu calor. Verás derretirse el hielo, te sentirás feliz. Según el Dalai Lama, sea cual sea nuestro origen o situación, somos todos seres humanos con las mismas necesidades, y nuestras vidas tienen un solo objetivo: alcanzar la felicidad.
Lucy Hermoza de Rigal

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