Acostumbrándome a España

Mientras escribo estas líneas vienen a mi memoria aquellos primeros días de diciembre del 2005, cuando me preparaba para viajar a Santiago de Chile. Soy ingeniero informático y una oportunidad laboral me abrió las puertas del mercado laboral en ese país. Estuve año y medio allá, y en ese tiempo trabajé para una importante empresa transnacional española. Lo que puedo decir acerca de mi experiencia personal en el país del sur es que no fue muy alentadora. Si bien en el aspecto laboral logré cosas importantes, en lo cotidiano me fue difícil hacer una vida normal e integrarme a la sociedad chilena por muchas razones que no vale la pena mencionar, por lo tanto, me tracé una meta: abandonar el país en la primera oportunidad que se me presentara algo mejor. No tenía la intención de volver al Perú, había dejado un empleo importante cuando lo abandoné y no quería repetir la vida que llevaba, con sueldos apretados y jornadas laborales muy intensas donde los incentivos eran más jornadas de trabajo y desazón.Para mi suerte, la virgen se hizo presente y encontré otra empresa española que estaba reclutando gente con mi perfil profesional para trabajar en la Madre Patria, donde existe actualmente una carencia de mano de obra informática, especialmente aquella gente experta en aplicaciones de macrocomputadoras. Luego de los trámites correspondientes, llegué a Madrid un día soleado de julio del 2007, estoy en mi sexto mes en esta ciudad que me ha acogido de la mejor manera y donde encontré motivación para seguir estudiando (ahora pienso hacer una maestría). Puedo decirles que mis primeros meses fueron un desastre ya que me invadía la tristeza, pero poco a poco fui agarrando el hilo de la adaptación. Al principio, como no conocía a nadie, tenía algunos temores y prejuicios como cualquiera que llega por primera vez a un lugar desconocido y extraño. Si bien es cierto actualmente me siento más en confianza para andar por la calle y usar el transporte público, no puedo negar que, a pesar de ser un profesional, soy un inmigrante más y no voy a poder cambiar esa percepción que tiene de nosotros la gente anfitriona. Por otro lado, hay todo tipo de gente como en todo sitio, pero es importante no sentirse menos que nadie.
Siento que en este país mi humor ha cambiado. Ya no reniego como cuando estaba en el Perú, estoy más sereno y además ya no tengo la incomodidad que sentía cuando vivía en Santiago por el hecho de ser peruano. En el trabajo puedo notar que se respeta las jornadas laborales, que se trata de conciliar la vida laboral con la familiar, y siento que soy valorado por mi desempeño. Si bien es cierto que tengo poco tiempo, siento que todavía hay mucho por descubrir y conocer, tengo metas para seguir avanzando en la vida, mi paso por Chile fue un trampolín para continuar enriqueciendo mi carrera, aprendí herramientas y metodológicas que no conocía en el Perú, y ese nuevo conocimiento me abrió las puertas del mercado europeo. Como quien dice, una cosa llevó a la otra.
Bueno, la idea de escribir surgió porque quería compartir la experiencia de cómo llegué aquí. Sé que cada uno tiene su historia, y al igual que yo, muchos de ustedes estuvieron primero en un país antes de decidir quedarse en el que están porque se sienten más cómodos, porque sienten que en la tierra que los acoge van a lograr sus sueños o porque pueden tener la vida que imaginaron, claro que siempre está presente el sacrificio de dejar nuestra patria, los seres queridos, pero es parte de la realidad, ya que nada en esta vida es gratis ¡Viva el Perú!
Ricardo Bravo, España
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