Descubriendo Yemen
¿A quién se le ocurre ir a Yemen? Es eso lo que mucha gente me decía al saber que iba allá de vacaciones, y es eso lo que yo mismo pensé al bajar del avión y caminar hacia el oscuro y avejentado terminal aéreo de San’a. Yemen es un país que no tiene muy buena fama. Por un lado, es conocido por ser la tierra natal de la familia Bin Laden, originaria de un pueblo de la región este del país. Muchos grupos tribales tienen la costumbre de secuestrar turistas extranjeros para intercambiarlos con infraestructuras como puentes o colegios con el gobierno local. Finalmente, en los últimos dos años hubo dos ataques mortales de Al Qaeda contra turistas extranjeros.
Con semejantes antecedentes se preguntaran por qué decidí pasar mis vacaciones ahí. Cuando era chico, en el Perú, recibíamos la revista National Geographic todos los meses. Creo que es gracias a esta revista que nació mi amor por la fotografía, los viajes y las culturas diferentes. La primera vez que oí hablar de Yemen fue en un articulo publicado a principios de los años 80 con unas fotos que me impactaron. Como mi sueño es ser fotorreportero algún día, me gusta romper el tedio de mi aburrida vida de oficina viajando a lugares diferentes y tratando de capturar la esencia del lugar y su gente con mi cámara. Me gusta, sobre todo, visitar lugares poco recorridos por los extranjeros, donde uno tiene la oportunidad de ver cómo vive su gente. Desde ese punto de vista, Yemen no me decepcionó.
Es así que a pesar de mis dudas y prejuicios decidí embarcarme en este viaje que fue uno de los más enriquecedores que he hecho. Viajé independientemente por tres semanas, en las que descubrí una sociedad casi medieval, amable y dura a la vez, donde experimenté un nivel de hospitalidad que nunca antes había sentido.
En occidente uno tiene una imagen distorsionada de los musulmanes. Ellos suelen ser caricaturizados como terroristas, fanáticos y peligrosos. Si bien Yemen no fue el primer país musulmán que he visitado, fue el país en el que más contacto he tenido con la gente local. Al no haber muchos turistas, uno se convierte en un objeto de curiosidad. En las tres semanas que estuve, fui invitado varias veces a comer o a tomar el té a casas de extraños, y varias veces han ofrecido pagarme la cuenta cuando comía en restaurantes. El denominador común siempre fueron la hospitalidad y las sonrisas.
Visitar países como Yemen te abre los ojos a las diferentes realidades que se viven en distintas partes del mundo. Si bien en el Perú nos consideramos como un país pobre, el Perú es un país con un nivel de desarrollo intermedio, muy al alcance de más de la mitad de países del mundo. Es al ver las infraestructuras, costumbres y condiciones de vida de otros países que uno se da cuenta del avance que tiene el nuestro. En Yemen, la mayor parte de gente se limita a comer y a mascar el Qat. La vida no parece haber cambiado mucho en el ultimo siglo y salvo por la presencia de carros y electricidad, uno podría creerse en la edad media.

Una cosa que me impactó fue la ausencia de mujeres. Caminando por las calles, casi no encuentras mujeres, y las las pocas que se ven están tapadas de pies a cabeza por una túnica negra; solo se le ven los ojos. Aun en los mercados que normalmente son atendidos por mujeres en la mayor parte del mundo, ellas son prácticamente inexistentes. Su situación no parece ser muy buena. Según me dijeron las mujeres se casan bastante jóvenes, aún en la temprana adolescencia, y en promedio tienen prácticamente 7 hijos (el doble que en el Perú)
Otra cosa que me llamó la atención fue ver el nivel de adicción al qat. El qat es el equivalente de la hoja de coca, y es un arbusto cuyas hojas tienen propiedades estimulantes. Es imposible huir de él. Es como si a partir de las 2 de la tarde, todo el país entrara en cámara lenta: los negocios y oficinas cierran sus puertas y los hombres van a sus casas o a un bar local donde pasan la tarde masticando la hoja y guardándola en un cachete hasta que se convierta en una sustancia verde que luego escupen al suelo.
Creo que es muy difícil para un extranjero no hacerse ideas al viajar a un país extraño y compartir momentos con una cultura tan diferente a la suya. Si bien por un lado uno puede escandalizarse ante muchas cosas como el trato a las mujeres, el vicio del qat o la dominación que tiene la religión sobre la sociedad; por otro lado comprendí más que nunca que es su cultura y su país, y si un cambio se debe de dar en sus costumbres, debe venir de ellos y no de la influencia extranjera. Es justamente ese afán de imponer costumbres ajenas lo que ha alimentado tanto resentimiento entre las diferentes culturas en el mundo.
Este viaje me impactó de muchas maneras. Me hizo apreciar las comodidades que tengo en mi vida diaria. Me permitió vivir aunque sea un par de semanas en una realidad que si bien es muy distinta a la mía, resulta ser normal en una buena parte del mundo. Me hizo apreciar las diferentes percepciones que se puede tener del tiempo, y finalmente me permitió ver uno de los países mas impactantes del mundo, no solo en lo monumental y lo natural, sino desde el lado humano. Si algún día tienen la oportunidad de ir a Yemen, háganlo, no se van a arrepentir. Si quieren ver mas de mis fotos de mi viaje, hagan clic aquí.
Y ustedes, ¿cuál es el choque cultural más grande que han sentido?
Daniel Barreto,Toulouse (Francia)
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