Cómo llegué a Estados Unidos

En 1999 trabajaba en Lima para una empresa que brindaba (y aún brinda) servicios informáticos. Yo tenía una posición media (no era la última rueda del coche pero tampoco era un jefe) y me iba relativamente bien, hasta que un día, un amigo (todavía nos escribimos y lo considero uno de mis mejores amigos) que se encontraba en Estados Unidos me escribió para saber si queríamos irnos a trabajar allá (la invitación era para un grupo de gente). Al inicio yo no vi esa propuesta con mucho agrado, es decir, tenía trabajo, la paga no era del todo mala (más o menos 1.200 dólares al mes), me gustaba lo que hacía y era una persona clave en mi área, entonces, ¿para qué viajar? Además tenia a mi enamorada, así que no pensaba en moverme.
Como quien no quiere la cosa, comenté el tema con mi familia, y mi madre, sabia como todas las madres, me dijo: “Hijo, dime qué es lo que te espera en el futuro si sigues en tu actual trabajo”. Entonces me puse a analizar las posibilidades. En mi área no se podía ascender más y lo único que quedaba era ser gerente, plaza a la que es difícil llegar si no tienes los contactos.
Irme del país implicaba empezar desde cero como un simple programador, ya que la experiencia no cuenta si no la tienes en el país en el que quieres trabajar. Le di vueltas a la idea durante un mes, pensé en cómo iba a impactar esto en mi familia (no soy de una familia adinerada) y finalmente decidí intentarlo. Mi inglés no era malo y ya había viajado a Estados Unidos para seguir un par de cursos (la empresa me mando, gracias a ellos también saqué mi visa), así que le mandé mi CV a mi amigo.
Dos días después me enviaron un correo electrónico para confirmar una entrevista telefónica, y a partir de ahí, todo fue rápido. Sin embargo, en ese momento surgió el primer problema: la persona que me entrevistó me preguntó si estaba dispuesto a viajar a la India por 6 meses; la idea era que mientras se procesaba mi visa de trabajo, me envolviera en algunos proyectos internos de la empresa y de paso, averiguaban si mi inglés era suficientemente bueno.

Yo nunca me imaginé viajar a la India, pero en setiembre de 1999 partí para allá El viaje fue terrible y duró casi 4 días. La primera parada que debíamos hacer era en el aeropuerto de Newark, luego debíamos hacer la ruta Londres – Dubai – Mumbai para finalmente llegar a Bangalore (los indios llaman a esta ciudad el Silicon Valley de la India ya que ahí se encuentran los centros de desarrollo de muchas de las más grandes empresas de software del mundo). Cuando estábamos llegando a Newark nos comunicaron que no íbamos a poder aterrizar y que el vuelo se iba a desviar a Cleveland porque el huracán Floyd estaba pasando por Nueva York.
Ahí comenzó el calvario: perdimos todos los vuelos, nos tuvieron que hacer un nuevo itinerario, al llegar a Bangalore me dijeron que mi equipaje se había perdido (lo encontraron 45 días después de llegar a la India), el calor que hacía era infernal, la comida me cayó pésimo ( es demasiado condimentada), me enfermé y bajé casi 10 kilos de peso. Ya restablecido, decidí que tenía que cocinar, así que una vez por semana llamaba a mi madre para que me dieran recetas de cocina, y también me comunicaba con mi enamorada para decirle que la quería y la extrañaba. No puedo negar que ha sido la experiencia más alucinante que he vivido, me enseñó a ser tolerante con otras culturas y también de que puedo lograr las metas que me proponga, y muchas cosas más.
En la India tuve la oportunidad de trabajar con gente de diferentes partes del mundo (Rusia, Ucrania, Rumania, Bulgaria, Kazajstán, China, Pakistán e India), y no puedo negar que gracias a ellos aprendí mucho no solo de sus países, sino también de su idiosincrasia. Durante el tiempo que permanecí en la India nos dieron algunos cursos relacionados al software que íbamos a manejar (Java y otras herramientas o lenguajes de programación) y también recibimos asignaciones a proyectos que debíamos concluir para culminar nuestro periodo de preparación.
Por supuesto que además de trabajar también tuvimos tiempo para divertirnos. Algunos fines de semana organizábamos reuniones en el lugar en el que vivíamos (un día fuimos a una discoteca en la India y solo encontramos hombres, entonces nos explicaron que una mujer nunca iba a esos lugares a no ser que fuera acompañada por su hermano, padre o esposo) y otras veces nos íbamos a pasear a diferentes pueblos o ciudades para conocer un poco más de su cultura y sus tradiciones.
Lo más alucinante de todo este periplo ocurrió un día saliendo del trabajo. Nos íbamos a cenar al centro de la ciudad, estábamos en medio de un trafico increíble (si creen que los choferes peruanos son los peores tienen que ir a la India y cambiarán de opinión) y de repente un elefante pasó a 5 metros de nuestro auto y alrededor suyo había un montón de gente corriendo y cantando. El elefante estaba muy bien adornado, con muchos collares de flores porque era la fiesta de Ganesh (Dios de la sabiduría), que siempre es mostrado como un ser con cabeza de elefante. Por otro lado, es muy gracioso tener que lidiar con las vacas sentadas en el medio de la pista, ya que las vacas son sagradas y nadie puede tocarlas; los autos debían rodear a los animales para dejarlos descansar. También podías encontrar muchos monos que se paseaban por los patios de las casas, en fin, era algo que al inicio te chocaba pero después de un tiempo te acostumbrabas.
Al finalizar los 6 meses me pidieron que me quede, es más, me ofrecieron el cargo de Project Leader con un mejor sueldo y una serie de cosas más. A todo le dije que no; hablé con uno de los jefes de la empresa y le conté que yo solo fui a la India para trabajar en un proyecto mientras mi visa se terminaba de procesar, y desde que acabe satisfactoriamente el proyecto prefería regresar a mi país y esperar que me otorgaran la visa. Le expliqué que tenía a mi familia en el Perú y también a mi novia, con quien pensaba casarme, y que la distancia estaba matando mi relación. Le puse todas las excusas habidas y por haber, y es que si bien la experiencia fue enriquecedora, yo nunca me iba a quedar a vivir allá.
Regresé al Perú y al mes salió mi visa de trabajo. Ya con todo en regla llegué a Virginia en junio del 2000. Desde esa fecha estoy viviendo el sueño americano, logrando mis metas paso a paso, no solo en lo económico, sino también en lo profesional. Luego de 8 años trabajando acá soy Senior Software Developer en la empresa en la que trabajo (ya no estoy con la empresa que me trajo), tengo un grupo de 5 desarrolladores a mi cargo y estoy animándome a tomar unos cursos para certificarme como Project Manager. Por otro lado, sigo ayudando a mi familia, una vez al año vienen mis padres a visitarnos y darse un descanso (se lo merecen después de tantos años de trabajo y esfuerzo por sacarnos adelante), me casé con mi enamorada y ya vamos por los 6 años de casados, esperamos encargar este año. Ella también esta trabajando y eso es muy bueno porque de esa manera se siente realizada profesionalmente (estudiamos juntos y está trabajando en nuestra carrera).
He oído muchas historias de gente que tuvo que estar como ilegal durante muchos años en Estados Unidos hasta arreglar su situación y pienso en lo afortunado que he sido en llegar de la manera en que lo hice. Yo nunca había pensado vivir fuera de mi país pero por suerte en Estados Unidos encontré las herramientas y posibilidades para desarrollarme. Sin embargo, cuando me jubile, pienso volver al Perú, hasta que llegue ese momento, me conformo con lo lindo que es visitarlo una vez al año para poder ver a mi familia y mis amigos.
¿Y ustedes, cómo llegaron al país en el que se encuentran?
John Zevallos, Estados Unidos
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