De cómo llegué a Australia

Foto: PhotoFusion
Nací en La Victoria y emigré a Australia en el 2000. Llegué a Sydney, que es una ciudad hermosa. Para alguien que nunca ha salido del país, ver una cuidad como Sydney es como si uno se fuera a la Luna. La majestuosidad de la arquitectura, que por cierto muy moderna, y la hermosura del centro de la capital te deja un sensación de perplejidad, una sensación que nunca has sentido antes.
Bueno, solamente con el viaje de casi un día pensé que estaba saliendo del planeta. Creo que dormí bastante, pero me despertaba y lo único que veía era el océano y me preguntaba “¿cuándo llegaré?”. A mi lado estaba un brasileño muy amigable, pero que no hablaba castellano. En ese tiempo, yo hablaba un poco de inglés y mi primera prueba fue cuando arribé al aeropuerto: Detrás de una mesa había una persona que me dijo: “Is this your first time in Australia? (¿Es tu primera vez en Australia?). Yo no sabía qué decir, así que vio mi pasaporte y llamó a alguien que por suerte hablaba castellano, era un gringuito bien amigable que me explicó todo bien claro.La segunda prueba fue mucho peor. Cuando estaba en el avión me dieron un formulario que tenía que llenar y decir si estaba llegando con comida y como yo no lo entendí, cuando en Aduanas pasaron mis maletas por los rayos X, detectaron algo y me dije ¡¡¡oh no!!!. La tipa que me tocó era de las islas de Tonga, y si nunca has visto a una mujer así, te quedas sorprendido de lo altas y robustas que son. La mujer me dijo que tenían que revisar mis maletas porque habían visto algo raro. Bueno, las abrieron y me hicieron sacar todo. Encontraron comida que estaba etiquetada, así que no había problema con eso, pero al final encontraron unos paquetitos de frejoles, trigo, ají panca y papa seca que mi mamá había empaquetado en una bolsa plástica y cerrado con la llama de una vela. Tuve suerte de que no me pusieran una multa, pero se llevaron todo y frente a mí lo botaron a la basura.
Para una persona que nunca haya escuchado hablar a alguien en ingles, puede ser un vía crucis. Me fue muy difícil entablar conversaciones. Para mi suerte, tenía familia ahí y ellos me ayudaron bastante en conseguir un trabajo, el que encontré en solo tres semanas, cuando muchos se tardan meses. Conseguí este trabajo de limpieza, y limpiando no tienes que hablar mucho inglés. Pero al conocer más gente de otros países, el nivel de inglés se vuelve mejor. En el primer trabajo que tuve había una peruana que me ayudó bastante, pero siempre me dije a mí mismo que no me iba a quedar limpiando toda mi vida.
Vivir en una cuidad como Sydney tiene muchas atracciones. Tranquilamente te puedes perder pasar una noche en la zona roja (King Cross) o en la cuidad; puede ser una experiencia inolvidable. Con el paso del tiempo conoces más y más gente y eso es muy bueno para tu nivel ya que aprendes más de diferentes culturas y actitudes.
Ahora, en el 2008, mi nivel de inglés es muy bueno (leo, escribo, escucho). Me tomó tiempo, pero para el 2004 ya era todo un maestro y no tengo ningún problema al tratar de comunicarme con alguien. Todo está en poner determinación y ser fuerte, ya que leyendo el blog de otro compatriota, aquí la soledad te mata y si no sabes inglés, estás muerto. Australia es un país que da muchas oportunidades y he tenido suerte de superarme intelectualmente y como persona. Tengo una hija hermosa, fruto de la relación con una asiática, pero que nació aquí. He tenido la suerte de conocer todas las ciudades principales de Australia y la verdad es que al ver otros lugares parece que estuvieras en otro país.
En estos días resido en la cuidad de Perth en Western Australia. Es una cuidad relativamente menor comparada a Sydney o Melbourne. Es una cuidad que está creciendo y dentro de una década será una cuidad cosmopolita como las que mencioné. Después de vivir mucho tiempo aquí tengo muchos recuerdos de Perú. Mi familia esta allá y espero algún día verlos. Los peruanos son trabajadores y son bien vistos aquí (¡suerte la mía también!).
Ricardo T. Rengifo
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