Lo que logramos, lo que nos falta, y lo que haremos

Mi nombre es Gary y solo soy uno mas del montón, uno mas de los millones que salieron de nuestro amado Perú buscando un futuro mejor. Esta de más decir que el país, la comida, su gente y las experiencias se hacen extrañar, pero en Estados Unidos no me va tan mal.
Poco a poco he aprendido a amar este país, no tanto como a mi Perú, pero a un nivel cercano. Las oportunidades hay que saber apreciarlas, pues poca gente las tiene. Aun así está entre mis objetivos volver a donde todo empezó y tratar con todas mis fuerzas de mejorar mi tierra. Mi vida no es emocionante, pero si a pesar de la advertencia estas interesando en conocerla, acompáñame a recorrerla en este artículo.
Secundaria (High School)
Llegué a EE.UU. cuando tenía 14 años. No había pasado ni una semana cuando me encerraron en un cuarto para tomar algunas evaluaciones educacionales. Me fue bien, nada espectacular, nunca me he proclamado un Einstein – de vez en cuando trato de entender una minúscula parte de lo que él entendió – así que terminé colocado en noveno grado, contemporáneo con los demás americanos. El tiempo pasó e hice algunos amigos, metí la pata varias veces (mis metidas de patas podrían ser un libro del grosor de “El Quijote”) y me gradué en el año 2003.
Universidad
Desde pequeñito he tenido una idea de lo quería ser, un científico loco. Como esa carrera no existía en mi universidad, me contenté con el segundo mejor, o sea, Computer Science (Ciencias de la computación, Informática o como quieras llamarlo). El programa fue intenso en matemáticas, teoría, y diversión. Noches sin dormir pasaron y días de estrés se extinguieron cuando el profesor decidió soplar la vela en los exámenes. Tuve alegrías, tristezas, momentos en los que tenía ganas de agarrar mi pasaporte y embarcarme en el primer vuelo al Perú para nunca más volver. Aprendí a lidiar con la frustración y el dolor y a celebrar las alegrías. Me di cuenta de que el dinero era bien importante para tener una vida feliz. Caminé un montón, pues me tomaba 15 minutos para llegar de la zona de estacionamiento hasta mis clases. También tuve unos cuantos internados donde aprendí el abc de mi profesión. Lamentablemente no me llegaron a enseñar el de la “d” a la “f”. Eso lo aprendí a la fuerza. Me gradué con honores de pura champa, tuve un último semestre ejemplar (no es panudez sino orgullo), así que me gradué con uno de esos cordones que representan algún honor. La verdad es que estaba feliz de salir, uno de mis objetivos más grandes había sido logrado. La pregunta entonces fue, ¿qué más me toca hacer?
Una vez afuera…:
Conseguí una chamba a tiempo completo bien rápido. Ahí aprendí de la “d” hasta la “p”. Trabajé con ‘hackers’, aprendí de ellos y me di cuenta de lo valioso de mi educación. Aprendí a valorar lo que sabía, al mismo tiempo que me di cuenta de que, como Sócrates lo dijo, “solo sé que nada sé”. Una constante educación es lo necesario para sobrevivir en este mundo. Tenemos que estar en un continuo estado de competencia sana, pero no tenemos que matarnos por ganar. También me di cuenta de que chambear de la forma como la hice no es para mí.
He tenido todo tipo de jefes: locos, lentos, rápidos, y actualmente tengo uno bien bueno, tal vez demasiado bueno. Pero yo no nací para tener jefes, no sé si sea un líder natural, pero eso me importa un bledo, tengo el conocimiento, tengo la pasión, y tengo las ganas, así que ¿por qué no hacerlo? ¿Por qué no empezar la más grande compañía de software que este mundo a visto? ¿Qué me para? Creo que cumplo con los requerimientos para triunfar. Tengo ganas de intentar y tengo ganas de fallar, fallar de una manera tan colosal que todos mis huesos van a doler cuando caiga, tengo ganas de levantarme de nuevo, con mis huesos rotos y un poco de goma para pegarlos. Y después, tengo ganas de intentar de nuevo. Quiero ser un jefe, uno bueno.
También quiero hacer solo lo suficiente para subsistir. El dinero es algo pasajero, su poder está en que puede hacer cosas grandes cuando hay una acción grande por detrás. Así que son mis acciones las que van a ser perennes, no mi dinero. Soy como tú, solo quiero dejar mi estampa en la arena de esta playa llamada tierra. Pero sé que todavía necesito tiempo. Soy un recién un pichón, pero tengo ganas de volar. Aín me falta mucho por aprender para ser un poco peligroso.

¿Pero qué es de mi Perú?
Todavía hay una corrupción tormentosa. Cada caso es un trueno en un huracán que se ha mantenido en pie por demasiados años. Ese huracán se está llevando lo más preciado que tenemos: nuestras esperanzas. Sin esperanza no podemos soñar y sin sueños no podemos darnos un objetivo. Ahorita, desafortunadamente, no sé de ningún pragmatismo que pueda solucionar ese problema. Gracias a Dios yo fui entrenado para resolver problemas de todo tipo (o así lo creo), así que ese es uno de mis objetivos. Me va a tomar un buen tiempo – es más, resolver este problema no es una de mis prioridades en este momento – pero es posible hacerlo, por eso voy a tratar, pero con suerte, mientras busco la solución, alguien más preparado me va a ganar. ¿Qué podemos hacer para fomentar lo que nuestro país más necesita, es decir, educación? Aquí dejo algunas ideas:
Libros gratis: Los libros deberían fluir libremente, y correctamente, trasladados al español (cuando son foráneos, lo cual es la mayoría de casos en los libros de ciencias). Me he sorprendido y aterrado al saber que los libros más importantes en mi ramo solo existen en español como fotocopias en la avenida Wilson. ¿Originales? ¿Qué es eso? Lo triste es que en Estados Unidos, compro todos mis libros en Amazon y me llegan en dos días y a un precio más cómodo que Wilson. Esto es lo más básico que cualquier país que quiere progresar tiene que hacer: acceso fácil a buenos libros, a libros importantes. La Biblioteca Nacional debería estar abierta todos los días desde las 6 a.m. hasta la media noche y deberían tener talleres todos los días para educar a los niños y enseñarles a buscar la información en Internet, además de saber filtrar lo que es importante de lo que no lo es. Aun más, todos los niños deberían tener la oportunidad de aprender a leer correctamente, llegando a una comprensión sobre el nivel promedio. Esto no se puede lograr con tutores que son aburridos, la comprensión no es enseñada estando pegado a un libro, pero sí viviendo la experiencia con tu propia imaginación, utilizando la periferia derecha de tu cerebro y dejándola hacer su trabajo. ¿Estás leyendo Tom Sawyer? Pues imagina que eres el chiquillo vivo que engaña a otros para que pinten una cerca por él. La lectura es la base fundamental de la educación, la creatividad es un requerimiento para una buena educación y un fruto productivo para la sociedad.
Fomentar la creatividad: Los peruanos nos recurseamos, pero cada vez que copiamos algo, nuestra creatividad se desvanece, cada vez que no aprendemos de lo que los demás han hecho y plagiamos sin razón, estamos destruyendo eso que nuestros ancestros trabajaron tanto para conseguir. Hay que alimentar nuestra creatividad, aprender a ver las cosas y mirar la foto completa y no solo la parte en que estamos ubicados. Como dice la gran coreógrafa Twyla Tharp, la creatividad es un hábito, se tiene que trabajar duro en conseguirlo y yo creo que es un momento propicio para que todos los niños aprendan a hacerlo.
¿Pero cuando ya tengan creatividad, que es lo que harán? ¿Que todos nuestros niños aprendan a programar? Lo siento si eres un programador como yo, pero admítelo. No somos nada más que niños grandes (y se puede decir que relativamente bien pagados). Programar es un arte (tres libros del gran Donald Knuth prueban esto), y todos los niños son artistas intrínsecamente. Se podría empezar con la creación de un pequeño videojuego, tal vez en python, y con su game engine que es software libre, o crear nuestro propio framework para niños basado en Ruby. Los niños aprenden de muchas formas, y este sería un hermoso trabajo para los genios de la UNI, San Marcos, Católica o cualquier otro que no se encuentra en una institución formal. Nuestros niños merecen las mismas oportunidades (que miles en el mundo ya tienen) de crear cosas con su imaginación y al mismo tiempo de aprender lógica y ciencias que les van a ayudar a subsistir en un mundo que se vuelve cada día más competitivo.
¿Que va a sacar a nuestro país de la pobreza?
No va a ser el turismo ni nuestras exportaciones, tampoco nuestras caras bonitas, estas cosas van a ayudar pero solas no lo van a hacer. Eso solo lo harán la innovación y el trabajo duro, pues nuestra mejor exportación es nuestro cerebro colectivo. Por ahí oí que el Perú será un país del primer mundo en 30 años, eso lo creo, pero tenemos que empezar ahora. Ya es hora de que nuestro país tenga una generación dorada, una generación brava, una generación de héroes. Esa es nuestra generación, la que no va a luchar contra el terrorismo, sino contra la corrupción y la falta de educación. Depende de nosotros. Hemos llorado por mucho tiempo, ya es hora de aprender de nuestros errores y decir sin miedo: “si pues, metí la pata, la metí hasta el fondo, pero ya no lo voy a hacer de nuevo”. Somos un gran país, con gran gente, es hora de que despertemos y vivamos el sueño que ha estado pendiente por 188 años. Yo por mi parte seguiré aprendiendo para así algún día volver y tratar de poner mi granito de arena. Espero que cuando llegue ese momento, no sea el único.
Gary Rosales Zavala, Estados Unidos
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