Todo por un CD
Conozca la historia de una peruana que hace poco más de un año decidió ir a vivir a Alemania. Si bien en un principio no sintió que extrañara el Perú, bastó que escuchara un poco de música andina para que los recuerdos de su patria y sus afectos vinieran de golpe.
Vivo en Alemania desde hace 12 meses y este invierno europeo me está matando Mientras escribo esto mis dedos se van congelando. Tanto así que me tengo que poner mis guantes para escribir este post. Tendría mucho que decir de mi nueva vida lejos del Perú. Tal vez comenzaría hablando de los benditos trenes y buses que pasan cada 30 minutos. No vivo en una ciudad grande, así es que hasta que aprenda bien el idioma y pueda sacar mi licencia de conducir no me queda otra que congelarme esperando a que vengan el bus o el bendito tren. Algunas mañanas mi esposo no me puede recoger de la escuela de alemán así que ese día generalmente ya sé lo que me espera en el paradero del bus.

La peor pesadilla fueron para mí las máquinas que venden los boletos para el tren. Cada vez que sabía que tenía que pelearme con ese aparato me tenía que mentalizar para eso desde que me levantaba. Esa máquina tiene un montón de siglas e iniciales, al principio pensaba “qué les pasa a estos que creen que sus iniciales las entiende cualquiera”. Lo mismo sucedía cuando trataba de pasar el menú a español…aparecían nuevamente las iniciales. Cuando pedía ayuda era otra historia… si vieran la cara que ponían algunos, como diciendo “aquí viene otro extranjero que no sabe manejar nuestras máquinas que venden boletos”, pero bueno, eso solo está en mi cabeza, aquí hay mucha gente muy amable. Finalmente, después de batallar mucho ya aprendí a manejar las benditas maquinas, aunque, la verdad, hasta ahorita no me aprendo el significado de todas las iniciales.
La comida es algo con lo que estoy batallando y creo que es lo que más extraño del Perú. Cómo extraño mi lomito saltado al jugo o mi pan con chicharrón y café mientras leo El Comercio los domingos por la mañana. Esa costumbre muy nuestra de mezclar en el almuerzo y todo en un solo plato “papas con arroz” y en el norte del Perú “tallarines con arroz”. Ya tengo casi 10 kilos menos desde que llegue a Alemania. Hace unos meses hubo una celebración en mi escuela y todos teníamos que llevar una comida típica de nuestros respectivos países. En mi aula hay mucha gente de Rusia, Turquía y Serbia. Yo tenía un sobre de mazamorra morada que había comprado en Lima. Tendrían que haber visto la cara de mis profesores y compañeros de clases al ver nuestra típica mazamorra morada humeante y recién preparada con todas las de la ley. Por supuesto que me encargué de hacer que todos probaran nuestro postre típico…aunque alguien por ahí haya mezclado nuestra mazamorra con su torta de chocolate. Yo creo que algunos pensaron que era una especie de natilla.
Algo a lo que me estoy acostumbrando es al clima. Aquí nadie sale de sus casas sin antes haber chequeado el reporte del tiempo. En mi bolso, además de los libros para ir a la escuela, tengo que llevar mi paraguas. En Lima cuando caía una leve garúa según yo estaba en medio de una lluvia torrencial. Cada vez que me acuerdo de esto me da risa ya que aquí cuando llueve es como estar en la ducha pero con ropa y todo.
Aún no me acostumbro a la solemnidad de algunos alemanes en el momento de saludarte. Algunos solo te dan la mano y otros solo dicen hola y nada más. Al principio me quedaba con la cara estirada esperando el típico besito que damos los peruanos. Mis amigas turcas de la escuela dan tres besitos, aunque eso se me hace como que mucho.
Tal vez algunos ya pasaron por esta etapa, al igual que yo ,en que pensaron que no extrañan tanto el Perú. ¿Cómo podría extrañar el tráfico por las mañanas, los carros y sus ruidosas bocinas, los buses y taxis con la radio a todo volumen,el cielo gris de Lima y los benditos villancicos en todos los supermercado y tiendas de ropa en época navideña? Pues yo pensaba que no los extrañaba ni un poquito hasta hace dos meses, el día de mi boda. Cuando subí al carro que me llevaría a la iglesia, el conductor me dijo que tenía una sorpresa para mí. Puso un CD que según él habían comprado algunos invitados a la boda especialmente para mí. Apenas comencé a escuchar la música se me llenaron los ojos de lágrimas….era música andina. Ese CD había logrado no solo que un pedacito de mi Perú y de todo lo que había dejado atrás estuviera presente en mi boda, sino también que me diera cuenta que extrañaba un montón a mis amigos y familia. Difícil de explicar que se pueda extrañar el cielo gris de Lima, pero creo que solo los que viven lejos de su patria pueden entender. Recién han pasado 12 meses y estoy segura que me esperan muchas más cosas en el camino.
Martha Serrano, Alemania
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