¿Me puedo llamar Perú?
¡Yo también me llamo Perú! Bueno, para ser honesto, hay dos razones que pueden hacer de esta declaración una mentira total. La primera de ellas es que nunca he pisado el Perú. Por lo menos no todavía.
Mi papá sí es peruano—100%–no hay dudas—dice “pe”, “pucha”, y “huevón” cuando habla con sus compatriotas, ama el cebiche con todo su ser, inventa apodos para su familia, sus amigos y conocidos como un pintor crea obras de arte, cree que el panetón es peruano en vez de italiano, y por sus venas corre sangre blanquiazul por su equipo de fútbol favorito excepto en octubre cuando corre un fantástico morado. Pero yo todavía no he probado el plato nacional. No sé qué significa “pucha” ni “huevón” y no hablo con “pe”. Otra razón por la que quizás soy mentiroso y aún no puedo llamarme Perú…es que no puedo llamarme todavía: ¡no hablo! Pero antes de que sientas pena por mí, tengo que decirte que solo tengo 8 meses de edad. Pero yo creo que puedo ser considerado peruano por las siguientes razones:Foto: peasap
1. Quizás todavía no puedo inventar apodos, pero ya soy víctima de ellos. El primero es bastante inocente: Tortuguita. La manera en que movía la cabeza, estirando el cuello con los ojos y la boca bien cerrados cuando tenía apenas una semana de nacido, es la causa de este sobrenombre. Pero de pronto los apodos se multiplicaron. Gracias a mi abuela paterna, “Duende” entró a la lista y, en respuesta, mi mamá agregó “Genio” (sí, es un poco bajo en cuanto a los apodos, pero mi mamá es gringa). Pero últimamente no escucho mucho estos apodos. Ahora respondo a “Gordo” o “Gordo Panzón (es verdad que peso bastante), “Chismoso” (verdad que también me encanta el chisme), Nariz de gancho (mi papá no debe hablar mucho) y a veces me llaman “Poop Dogg”, pero eso es otra historia. Así que estoy bien involucrado con esta faceta de la cultura peruana y algún día te aseguro que seré el mejor poniendo apodos.
2. Aunque nunca he entrado a ningún estadio, ya reconozco muchas canciones de las barras y me considero un hincha de Alianza y ya tengo algunas camisetas de ellos. Quizás no sé mucho del equipo pero por lo menos prefiero sus colores. ¿Por qué querría ser hincha de un equipo que lleva el color de mi leche vomitada?
3. Todavía a mi dieta le falta el cebiche, pero mi mamá está trabajando duro para que pueda comer por lo menos muchos platos que se hacen con el aderezo peruano: ajo, cebolla, y tomate. No sé si sabes (porque mi abuela no sabía) pero cuando eres bebe hay que comer solo una nueva comida cada 4 días para ver si tienes alergia o no. Mi papá no sabía lo que es un “food allergy” hasta que conoció a mi mamá (y discutían sobre la existencia de dichas alergias). Pero yo tengo confianza en mi mamá, aunque 4 días de comer el mismo almuerzo es un poco aburrido. Ella introdujo el ajo a mi dieta cuando lo mezcló con mi zucchini, luego hizo un locro con zapallo, arvejas, ajo y cebolla, y después agregó choclo cuando toleré bien la cebolla. Me gustó el locro. También me gustó la quinua en hojuelas que mis padres trajeron de su última visita al Perú. Pero no soy hincha de la quinua entera porque el sabor es demasiado fuerte sin la adición de otros ingredientes, y parece que mi mamá está de acuerdo porque vi su cara cuando la probó antes que yo y la quitó de la mesa. Otra cosa que no me gustaba era la palta que probé (fue la segunda comida sólida que probé después del plátano que me encanta). Fue horrible. Pero vivo en el Medio Oriente, lejos de donde crecen las mejores paltas.
4. Aparte de conocer las barras que gritan los hinchas de Alianza, me encanta escuchar canciones que me relajan antes de dormir como “Los pollitos dicen”. Mi mamá la canta muy bien (como mi abuela) porque, aunque es gringa, es maestra de español y enseñaba en la escuela secundaria antes de mi llegada al mundo y parece (aunque ¿cómo sé yo?) que tiene muy buena pronunciación del castellano. A través de la música es cuando escucho el español de ella—en general me habla en inglés, pero mi papá habla conmigo en español—¡claro! O debo decir, “¡clarinete!” Y hablando de instrumentos musicales, me enseña a tocar los tambores al ritmo de salsa. ¡Es verdad! Solo tengo 8 meses de edad pero toco los tambores. Y me encanta la música salsa. Mi papá baila y canta conmigo y son unas de mis actividades favoritas.
OK. Tengo experiencia con la gastronomía del Perú (aunque poca pero me ha abierto mi apetito mucho más), el idioma (incluyendo la jerga en toda su gloria), la música (y me encanta), y el deporte (yo puedo ser el próximo Pizarro—creo que no tengo la descoordinación de mi papá). Y este verano voy a visitar a mi abuela en Lima y conocer al resto de la familia. Sí, por fin voy a pisar (bueno, gatear) la tierra de mi papá. Quizás tendré la oportunidad de tomar un combi, probar un anticucho, tomar un emoliente y visitar a la iglesia de Señor de los Milagros. Claro que necesito más años antes de que pueda tomar un pisco sour o bailar un huaylas con mi bisabuela de Chongos Bajos. Pero, ¿qué piensas? ¿Ya puedo llamarme Perú?
El gordito panzón
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