Viviendo en mi país
¿Qué hacer cuando una madre debe emigrar para buscar mejores ingresos económicos? ¿Cuántos sacrificios son capaces de hacer los padres por sus hijos? ¿Cómo cambia nuestra perspectiva de la vida al tener lejos a nuestros seres queridos? En el siguiente post, una joven peruana nos cuenta cómo fueron los años en que su progenitora estuvo fuera del país por motivos de trabajo. Una historia de amor, sacrificio u superación.
Siempre visito este blog. Durante todo este tiempo he leído las historias de compatriotas fuera de mi país, viviendo penurias, contando de alegrías, tristezas, anécdotas, lo positivo y negativo de vivir afuera y de vivir en el Perú, pero digamos que yo, a mis 22 años, jamás salí de mi país. Aunque muchas veces tuve la oportunidad de irme a vivir a tierras extranjeras, alguna clase de amor por mi familia, amigos y lo único que yo conocía a esa edad, que era mi país, hicieron que me quede.
Sin embargo mi madre se fue cuando yo era tan solo una niña. Ella partió fuera de nuestro querido país rumbo a tierras que desconocía, se alejó del calor de su hogar y se fue a un país del cual ni siquiera conocía el idioma. Muchas veces ella me contó su historia de lucha por sacar adelante a sus hijas. Está de más decir que mi madre es “LO MAXIMO”, para mi hermana y para mí ella es una heroína. Su historia es una de tantas y me gustaría compartirla con ustedes.
Nosotras éramos aún unas niñas cuando ella tuvo que partir al extranjero: mi hermana tenia siete años y yo cuatro recién cumplidos. Por estas cosas del destino, nuestra situación era precaria, estábamos solas, no nos fue bien y mi madre decidió partir cuando la oportunidad se le presentó. Fue así como le ofrecieron ir a Japón a trabajar. Mi madre no lo pensó dos veces y por darnos una mejor calidad de vida aceptó. Aún está ese recuerdo vivo en mi mente de la vez que se fue. Mi abuela, con quien nos quedamos, lloraba mucho, mi hermana igual, y yo no comprendía por qué. Total, se iba a visitar a mi tía a Lima (eso me dijeron). Mi madre solo me abrazó fuerte y con lagrimas en su ojos me dijo “pórtate bien” y partió. Así pasaron cinco años hasta el día en que regresó. A su regreso al Jorge Chávez supe lo que era el sacrificio cuando vi en sus ojos las lágrimas de alegría por poder abrazar a sus hijas, a su madre, a su padre. Siempre que pienso en ello, como ahora que escribo, salen lágrimas de mis ojos porque pienso en toda la gente que se encuentra lejos de sus hijos para darles una mejor calidad de vida. Pienso en todos mis compatriotas fuera de su país y mantengo ese recuerdo vivo porque ese día entendí el significado de familia y de unión, algo que nos hace hacer lo que sea por nuestros seres queridos.
Con todo el dinero juntado compramos nuestra casa en Lima, pero lamentablemente, después de unos años, y porque el destino así lo quiso, ella tuvo que partir otra vez, esta vez a Italia. Yo tenía ya 10 años y esta vez nos tocó quedarnos con mis tíos. Recuerdo mucho esta etapa de mi vida porque extrañaba mucho a mi madre y solo quería que pasara el tiempo para que ella volviera para tenerla cerca y decirle que la quería y que un día yo le iba a retribuir todo lo que hacía por nosotras. Nació en ese periodo la posibilidad de irnos a vivir allá, pero por cosas que prefiero no contar, esa opción no se concretó. Debo decir que sinceramente jamás estuve de acuerdo con la idea, aunque en algún momento lo pensé.
Después de cuatro años más regresó, y digamos que mis momentos más entrañables son los pasados en los aeropuertos, cuando ella llegaba se sentía tan agradable, es esa espera la que enseña a valorar cosas que no imaginabas, a querer a tu país. Mi madre contaba que vio todo tipo de peruanos, los que decían que el Perú era lo peor, los que no estaban de acuerdo con el gobierno y los alienados que decían que lo mejor era estar fuera y que no recordaban el español. Mi madre dice tener suerte porque le tocó gente muy buena, así como también sufrió el desprecio de ser peruano en una tierra en donde a muchos nos tildan de lo peor, aunque no digo que sean todos los casos, solo que hay todo tipo de personas.
La última vez que mi madre viajó fue a Chile, en donde vivió muy bien. Ella recuerda mucho a sus jefes de allá, dice que la trataban como una más de la familia y ella se peleaba con ellos diciendo que el pisco era peruano, y ellos copiaban todo lo bueno que teníamos, ella les contaba con mucho orgullo las cosas que había en nuestro bello país y decía que todos los peruanos no éramos rateros o malos y que Lima era más hermosa que Santiago. Todos discutían en los almuerzos y luego reían con las ocurrencias de mi mamá, ellos no querían que mi madre regresara a Lima, aún siguen en contacto con ella, pero ella volvió por nosotras, porque dice que somos su vida. Después de todos estos años, mi madre me dice que el Perú es lo mejor, que todo se puede con esfuerzo y determinación y que luchemos por lo que queremos.
Tengo que decir que yo aprendí a querer a mi patria al tener a mi madre lejos, aprendí a querer a mi patria cuando mamá venía y yo volvía a quererla más, cuando ella regresaba y nos abrazaba y nos decía que estar aquí era lo mejor de la vida. La entiendo y la comprendo porque ella, al igual que muchos de los peruanos que están lejos, hacen lo que sea por sus hijos, por su familia, por una mejor vida, por darles estudios a sus hijos, para que no pasen lo mismo que ellos sufrieron. Siento que los peruanos tenemos esa determinación para lograr cosas increíbles por nuestros seres queridos pese a lo difícil que debe ser estar lejos de tu familia.
Yo por mi parte tengo todo en mi país, y le agradezco a mi madre por haberme dado la oportunidad de ser alguien en la vida y de tenerla por fin en casa. Jamás salí del país porque siempre mantuve vivo el recuerdo de cuando ella regresaba, porque aquí está todo lo que quiero, estudio aquí porque pienso que cosas grandiosas se pueden hacer en el país, porque creo firmemente que el Perú será más grande de lo que ya es, porque aquí conocí el amor, porque mi madrecita querida esta aquí, porque todo lo bueno que tengo esta aquí. Creo que tuve suerte. Admiro y rezo por las personas que están fuera, porque ellos conservan el coraje de todos los peruanos. Algún día nuestro país crecerá y nos quedaremos aquí todos, todos los días me lo repito, y si algún día me voy, regresaría a mi amada tierra que me vio nacer y crecer.
Anita Gina Valdez Zapata
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