Cementerios de colores, rezadores y artistas de la marmolita
Acabo de llegar de recorrer las cinco provincias del Sur de Cajamarca. Han sido unos diez días viajando por Cajabamba, San Marcos, San Pablo, San Miguel de Pallaques y Contumazá. El punto de inicio de la ruta fue la ciudad de Cajamarca donde estuve el 1 de noviembre, el día de los difuntos.Ese día recorrí algunos cementerios en torno a la ciudad. Estuve en Porcón Bajo y Porcón Alto, también en Huambocancha. Todos ellos tienen la particularidad de ser pequeños camposantos cuyas tumbas y lápidas son de colores. La gente que va a ellos, sobre todo las mujeres, las adornan con frazadas y velas, las pintan para que sus difuntos estén contentos.


Mientras hacía fotos a una familia que estaba junto a su tumba, la matrona de todo el grupo me pidió que rezase para ellos. Le pregunté que por qué. Ella me dijo que sí, que rezase por sus muertitos y me empezó a nombrar a su gente que ya no está con ella. Cada vez que me nombraba a alguien yo rezaba en alto un padre nuestro con todo el grupo, y pedía por el descanso y la felicidad de vivos y muertos. La mujer me lo agradeció pidiéndome que rezase por mi gente y agarrándome con fuerza de la mano. Hacía muchos años que no lo hacía. Luego supe que hay rezadores, especialistas que van a los cementerios a rezar por los muertos y que son contratados por las familias que acuden con sus flores, sus velas y sus colores.

Después recorrí los lugares cercanos donde se concentran los artistas de la marmolita. Gente que hace todo tipo de esculturas en esa piedra, desde excavadoras y camiones de las minas que trabajan en el departamento, hasta sirenas, leones, incas con la mano alzada como neonazis de otra época, dioses, perros y un ajedrez enano que fue encargo especial de un gringo.
Cajamarca y su gente no tienen pierde.



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