Tejedores y pinturas rupestres
En el camino que conecta el Valle Sagrado con Paucartambo y las comunidades Qeros, se encuentra una pequeña localidad cuyos textiles son de lo mejor que podemos encontrar en el Cusco. Las veces que he ido me he encontrado con su pequeña plaza de pasto llena de hombres tejedores que confeccionan mantas, chalinas y fajas en silencio. Eso es lo que siempre me llama la atención: el silencio que rodea a esa imagen repleta de colores en las ropas, en los tejidos y en las paredes de sus casas de adobe.
Chahuaytire se encuentra localizado en una amplia hondonada de la parte alta de Pisaq. A unos 45 minutos por carretera afirmada, un camino que atraviesa pequeñas comunidades donde se están desarrollando el parque de la papa y varias experiencias en etnobotánica, Chahuaytire aparece rodeado de cerros de ichu y, en sus partes más altas, de lagunas. Podemos llegar en nuestro propio carro o en un taxi desde Pisaq, Urubamba o el Cusco.
Sus casas son de adobe y teja. Sus paredes están tarrajeadas con arcillas de diferentes colores que sacan de los alrededores, y en ellas hay dibujos hechos por los comuneros adornando los lugares donde viven. Las veces que he ido me han invitado a almorzar sopa y papas nativas de sus chacras, y me han explicado las técnicas que usan, los tipos de lanas y los diferentes colores que obtienen de un sinfín de plantas y matorrales que aparecen en la puna.
Los miércoles es el día de feria. En él los comuneros salen y se ubican en su placita de pasto esperando que alguien llegue. El resto de los días, ante la visita de cualquier persona interesada en su arte, despliegan rápidamente mantas, telares e hilos. Los precios de estas prendas, aunque altos, son hasta tres veces menores de lo que podemos encontrar en Cusco y en los principales mercados artesanales del departamento. Y la plata va directamente a ellos.
El color no se queda en la comunidad. A unos 20 minutos de Chahuaytire hay un cerro con paredes de piedra. Está fuera del camino, escondido de curiosos y extraños. Se llega desde la pista afirmada que nos lleva a Paucartambo. Se caminan unos cientos de metros entre recovecos y quebraditas hasta llegar a la piedra. Los comuneros me acompañaron una vez para mostrarme unas pinturas rupestres de color rojo, como sus hilos y sus vestidos. En ellas aparecen cientos de camélidos, como los que crían en sus pampas y de los que sacan la lana para hacer su arte.

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