Michael Jordan ganó seis anillos con los Chicago Bulls | Foto: AFP
Michael Jordan ganó seis anillos con los Chicago Bulls | Foto: AFP

Michael Jordan era capaz de buscar una pelea en el entrenamiento con un compañero, bromear con él en los vestuarios y darle el último balón para ganar el partido. Así era Mike. Con una personalidad complicada, bastante especial para relacionarse con sus colegas, bravucón, conflictivo y sobre todo ganador. Hace unos días se estrenaron los últimos capítulos de la serie documental “The Last Dance” en la que mostraron pasajes inéditos de los Chicago Bulls: su convivencia, problemas, el ascenso de ‘Air’ Jordan y el fin de una era gestada desde las oficinas.

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Carácter complicado

Frases como “no te metas con el Jesús negro” o “eso es todo lo que tienes” pintan de cuerpo entero a Michael Jordan. El alero tuvo que hacerse fuerte en su camino al ascenso en la NBA y por ello adoptó un carácter complejo, le gustaba confrontar. Según su pensamiento, lo hacía para sacar lo mejor de sus compañeros y para saber con quienes confiar. No era fácil para él ceder el último tiro, pero en ciertas ocasiones recurría a los jugadores de rol secundario para que tomen un acto protagónico.

Tuvo que formarse así. Cuando ingresó a la liga, sus habilidades deslumbraron, pero crearon las ‘Jordan Rules’. Los ‘Bad Boys Pistons’ lo molieron a golpes en dos años consecutivos, eliminándolo de la postemporada. Tras ello, trabajó más en su físico y en su personalidad, no quería ser tomado como un jugador talentoso pero débil mentalmente. Se forjó tan duro como pudo y su mentalidad también. A su habilidad innata, le añadió un pensamiento avasallador, quiso aplastar a todo el que se le pusiera enfrente y para ello necesitaba que sus compañeros estén en la misma sintonía. Steve Kerr contó que tuvo que pelearse con Jordan para ganarse su respeto. Así eran las cosas en el vestuario de los Bulls.

La competitividad hasta en los vicios

En los primeros episodios de la serie, Jordan cuenta que cuando llegó a los Bulls, los jugadores se reunían en las habitaciones para tener minifiestas con drogas y alcohol. Él elegía descansar para poder estar listo al siguiente día. No le gustaba el alcohol y no estaba contento en un equipo con mentalidad perdedora. Mediante el ejemplo, el joven Michael mostró que la competitividad podría llevar un escalón más arriba a sus compañeros.

Años después, ya establecido como la máxima figura de la liga, Jordan no dejó esa característica de lado. No le gustaba perder ni en los tontos juegos de vestuario en el que lanzabas una moneda contra la pared. Esto lo trasladó a las apuestas y los juegos nocturnos, que fueron su debilidad por mucho tiempo y le causaron una lluvia de críticas. La más difícil de digerir fue cuando relacionaron la muerte de su padre con un ajuste de cuentas por una apuesta no pagada por ‘Air’.

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Sucede que cuando jugaba al golf, apostaba millones por hoyo, alimentando su ego y manteniendo en equilibrio su gen ganador. Sin embargo, cuando perdía caía en ansiedad y buscaba nuevos rubros en los cuales ganar. Sin lugar a dudas, la competitividad pudo haber arruinado su carrera en la NBA, aunque él lo niegue.

Siempre una figura paterna al lado

Michael siempre se apoyó en su padre para tomar decisiones o aliviar frustraciones. Sus primeros años en la NBA lo golpearon duro, tenía mucho talento pero le faltaba un plus para saltar a lo más alto de la liga. Mientras tanto, su padre se inmiscuía en un mundo nuevo, atendiendo conferencias en lugar de Mike y coordinando entrevistas para su hijo.

El asesinato de James Jordan en 1993 le quitó las ganas de jugar. Incluso, su primer retiro se debió a ello: “No quiero jugar si es que mi padre no me ve”. Intentó probar con el béisbol pero nunca pudo llenar el hueco del baloncesto. Su madre contó en el documental que Jordan se refugiaba en los deportes para no sufrir la pérdida de su ser más querido.

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Sin embargo, Jordan encontró una figura paterna en Gus Lett, el líder de sus guardaespaldas. Con él entabló una amistad entrañable e incluso lo utilizó como motivación en la postemporada. Gus lo aconsejaba en base a su experiencia y lo ayudaba a reflexionar en todo momento. Jordan llegó a confiar en él y lo hizo parte fundamental de su éxito.

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