Pese a la derrota, Vilca fue la figura ante Alianza la semana pasada. (Foto: Joel Alonso / GEC)
Pese a la derrota, Vilca fue la figura ante Alianza la semana pasada. (Foto: Joel Alonso / GEC)
/ joel Alonzo H
Ricardo Montoya

Entre los escombros del Municipal de fines del año pasado, el fútbol, esa cartografía de imponderables y casualidades, nos sorprendió con un valioso hallazgo: Rodrigo Vilca, hábil, intuitivo, con manejo de ambos perfiles, regateador, valiente y rápido. Se trata de un mediapunta dúctil, con suficiente técnica para convertirse en armador, extremo por izquierda o volante de primera línea, de acuerdo con las necesidades del equipo.


Es un chico de 20 años que juega y hace jugar, con la espontaneidad del que lo lleva en la sangre. Por eso no se entiende cómo el cerebral volante no fue tomado en cuenta en la selección Sub 23 que viajó al preolímpico de Colombia. Debió estar.

“Los futbolistas son como las vecinas”, afirmaba Claudio ‘El Bichi’ Borghi. “Te enamoran cuando las miras de lejos, pero después, cuando se acercan, te percatas de que no eran tan lindas como creías”. Vilca, que cuando tuvo su oportunidad en medio de un Municipal caótico y en pleno éxodo de jugadores ilusionó con sus atributos, ahora debe demostrar ante otras demandas más exigentes la autenticidad de sus destrezas. Son esas aptitudes naturales en el campo las que tendrán que aparearse con otras fuera de él para aclararnos que estamos ante un joven talentoso, inteligente y responsable.

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Suma un gol con Municipal. (Foto: Violeta Ayasta / GEC)
Suma un gol con Municipal. (Foto: Violeta Ayasta / GEC)
/ Violeta Ayasta

Por lo pronto, ya ha marcado con pelota parada ante el Huancayo, y ha tenido una actuación luminosa frente a Alianza en Matute. En la Videna han alabado su rendimiento. Rodrigo Vilca ya entró en el radar de observación del comando técnico nacional. Sus virtudes entusiasman aún a los más escépticos, quienes anhelan que aparezca, pronto, el sucesor de Christian Cueva.

Gareca ha manifestado que van a haber pocas sorpresas en la convocatoria. Pero si alguno logra colarse en el grupo habitual, ese es precisamente Rodrigo. La selección necesita jugadores funcionales con la solvencia y desparpajo de Vilca.

El caso del volante, que el próximo jueves cumple 21 años, es insólito. De niño dejó el Callao y viajó con su familia a España, donde vivió por casi una década. Allí se hizo hincha del Real Madrid. Ya de regreso a la patria, a los 11, hizo sus pininos en los infantiles del Muni, donde lo bautizaron como ‘Peñita’, por su parecido físico y futbolístico con Sergio, el actual hombre del Emmen neerlandés. No es descabellado imaginarlos juntos en la selección en un futuro cercano.

Urge, sin embargo, conservar la mesura. El problema con los chicos que prometen mucho es que no todos llegan a convertirse en lo que insinúan. La transformación de una promesa en un futbolista de élite es casi siempre un proceso arduo, azaroso y, muchas veces, impredecible. No es fácil honrar en la cancha el talento propio. Este proceso de llegar a ser crack, a veces, toma su tiempo. 

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