Taylor Russell y Timothée Chalamet protagonizan "Hasta los huesos", la nueva película de Luca Guadagnino, actualmente en cartelera. (Warner Bros. Pictures)
Taylor Russell y Timothée Chalamet protagonizan "Hasta los huesos", la nueva película de Luca Guadagnino, actualmente en cartelera. (Warner Bros. Pictures)

El italiano Luca Guadagnino (Palermo, 1971) ya había demostrado su habilidad y sensibilidad para explorar el mundo adolescente, con sus naturales miedos y el deseo en ebullición, en producciones como la cinta y en especial en esa joya desapercibida que es “We Are Who We Are”, notable miniserie de HBO. Aquí retoma ese universo, aunque lo hace desde una perspectiva atípica: a través de un pareja de caníbales adolescentes que deben sobrevivir dentro de una sociedad que, por obvias razones, les es hostil.

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y Taylor Russell protagonizan “Hasta los huesos”, como la dupla y lo hacen de manera convincente y emotiva. Ella en especial, pues es su personaje –Maren– el que va descubriendo la soledad y el aislamiento que le impone su condición. Frágil y confundida (pero a la vez voraz cuando el aroma y la textura de la carne humana le rondan cerca), la muchachita decide embarcarse en un viaje en búsqueda de su madre, como una forma de encontrar respuestas a su extraña vida. De esa manera, la película toma forma como una ‘road movie’ en la que no faltan personajes extravagantes, romance, acción y mucho dramatismo.

Timothée Chalamet interpreta a un caníbal en "Hasta los huesos". (Warner Bros Pictures)
Timothée Chalamet interpreta a un caníbal en "Hasta los huesos". (Warner Bros Pictures)

Por su premisa, “Hasta los huesos” es también una cinta de momentos puramente ‘gore’, que el hábil Guadagnino equilibra con el amor y la ternura, aunque pueda sonar contradictorio. Es por eso que la aventura de estos Bonnie y Clyde con hambre luce seductora y estilizada, calculadamente sucia, violenta cuando la situación lo requiere. También destacables son los paisajes suburbanos filmados con buen ojo y la inclusión de otras figuras como la de Chloë Sevigny –impactante en sus pocos segundos en pantalla– o la de Mark Rylance –con un perturbador y efectivo papel secundario, como casi siempre–.

Menos entusiasmo genera el tramo final de la película, que Guadagnino resuelve con demasiado apresuramiento, perdiendo las sutilezas que marcaban el tono general del filme y que eran justamente su mayor atributo. Un cierre que se percibe tosco, quebrado en relación al resto del relato, pero que no desmerece a una obra bastante diferente a lo que nos tiene acostumbrado nuestra a menudo plana cartelera. Hay que ir a verla.

Calificación: 3.5 de 5



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