Portada del disco "Whoosh!" (2020) de la banda Deep Purple. (Imagen: earMUSIC)
Portada del disco "Whoosh!" (2020) de la banda Deep Purple. (Imagen: earMUSIC)
Por Ricardo Hinojosa Lizárraga

Londres, 1969. Led Zeppelin lanza su primer álbum; los Beatles tocan por última vez desde una azotea; Cream se despide con el disco “Goodbye”; The Who lanza “Tommy”, su ópera-rock; Bowie graba “Space Oddity” y Pink Floyd el “Ummagumma”. Mientras tanto, los jóvenes miembros de una banda de rock que ha empezado a hacer giras, a tener apariciones en TV y ganar cierto respeto, pasan días complicados. Han lanzado ya tres discos con una fuerte influencia sicodélica, con guitarras poderosas y una envoltura clásica que les otorga un sello particular, pero no han tenido el éxito que esperaban. No están muy contentos con su actual cantante y sienten que su música puede volar más alto aún. Una noche, en la segunda mitad de aquel mismo año, tres de estos jóvenes fueron a un bar, por recomendación de un amigo que tocaba allí, para escuchar algo de música, tomar unas cervezas y aliviar la tensión. No pasó mucho tiempo hasta que la voz que venía del escenario se impusiera en la noche, en su mesa y en la espuma. La banda era Episode Six. Inmediatamente, le propusieron a aquel muchacho de garganta poderosa que se uniera a su banda, que se llamaba Deep Purple, y que su voz era precisa para la música que querían hacer. El cantante respondió que ya los conocía, que tenía todos sus discos y le gustaba mucho lo que hacían, mucho gusto, soy Ian Gillan. Este genio que tengo al lado se llama Roger Glover y toca el bajo. Iremos juntos. “Mucho gusto”, le respondieron, cerveza en mano, Jon Lord, Ian Paice y Ritchie Blackmore. La historia del rock había cambiado para siempre.