María Ángeles Molina durante su juicio por haber asesinado a Ana Páez (Foto: Netflix)
María Ángeles Molina durante su juicio por haber asesinado a Ana Páez (Foto: Netflix)

Antes de ver , podemos pensar que se trata de un documental más de true crime, pero no. Lo que se relata fue un caso tan retorcido, tan perturbador, que ocurrió en el pasado. No solo por el crimen en sí, sino por la frialdad con la que se movía su protagonista: María Ángeles Molina, conocida simplemente como Angi. El asesinato de Ana Páez en 2008 no fue un hecho aislado, fue el punto final de un plan meticuloso y siniestro, orquestado por una mujer que vivía entre mentiras, disfraces y engaños.

La serie, dirigida por Carlos Agulló y producida por Brutal Media, se estrenó finalmente este viernes 25 de julio en Netflix después de haber sido bloqueada por la propia Angi. Sí, desde prisión, ella misma pidió a la justicia que detuviera su lanzamiento, alegando el uso no autorizado de imágenes personales. El juzgado le dio la razón, al menos temporalmente. Pero ahora, con algunos ajustes en el montaje, la historia ya está disponible.

En medio de varias polémicas, el documental "Angi: Crimen y mentira" finalmente está disponible (Foto: Netflix)
En medio de varias polémicas, el documental "Angi: Crimen y mentira" finalmente está disponible (Foto: Netflix)

EL ASESINATO DE ANA PÁEZ

Todo ocurrió en Barcelona, en febrero de 2008. Ana Páez, diseñadora de moda de 35 años, fue hallada muerta en un apartamento alquilado. Estaba desnuda, con una bolsa en la cabeza, cinta adhesiva y señales que en un principio hacían pensar en una agresión sexual. Pero la investigación revelaría algo mucho más calculado: Angi la drogó, la asfixió y luego intentó simular una escena sexual para despistar a la policía.

Ana y Angi se conocían desde hacía casi una década. Se habían hecho amigas trabajando en la misma empresa y, con el paso de los años, Ana llegó a confiar ciegamente en ella. Eso fue su error fatal. Mientras fingía ser su amiga, Molina usaba sus datos personales para contratar seguros de vida, abrir cuentas bancarias y crear una identidad paralela.

UN ASESINATO CON COARTADA, PELUCA Y PORSCHE

Las cámaras de seguridad no mienten. El mismo día del crimen, Angi fue captada en un banco retirando 600 euros disfrazada con peluca. Más tarde, manejó un Porsche hasta Zaragoza, supuestamente a recoger las cenizas de su padre. Era una coartada cuidadosamente construida… pero mal ejecutada. De vuelta en Barcelona, Ana murió, y el rastro de pruebas que dejó Molina fue demasiado evidente como para ignorarlo.

Y es que no solo hubo movimientos bancarios. La policía encontró en su casa documentos de Ana escondidos tras un calentador de agua, una botella sellada de cloroformo y otras pruebas clave. Todo apuntaba a un asesinato con premeditación y fines económicos.

SIMULAR UN CRIMEN SEXUAL: LA MENTIRA DENTRO DE LA MENTIRA

Uno de los aspectos más escalofriantes fue descubrir cómo Angi intentó escenificar una violación. Pagó a dos hombres de un burdel para obtener muestras de semen y colocarlas en el cuerpo de Ana. Pero la maniobra fue desmontada por los forenses rápidamente. La escena era falsa.

Y cuando llegó el juicio, sus declaraciones fueron tan contradictorias como surrealistas. En una de ellas, dijo que estaba comprando yogur en El Corte Inglés durante el crimen. En otra, soltó una frase que dejó helados a todos: “Sin yogures ni leche condensada, no soy nada”. Esa frialdad no se olvida.

UN FRAUDE DETRÁS DEL ASESINATO

Pero no fue solo un crimen pasional o de impulso. El asesinato formaba parte de un esquema de fraude financiero. María Ángeles Molina había contratado seguros de vida a nombre de Ana, falsificado documentos y solicitando préstamos con su identidad. Su objetivo era simple y macabro: matar a Ana y cobrar el dinero. Un plan que parecía de película, pero que tristemente fue real.

Además, también suplantó la identidad de otra mujer llamada Susana B., cuyo documento había conseguido de forma casual en una copistería. Abría cuentas, hacía transferencias... todo bajo un manto de falsas identidades que parecía no tener fin.

EL JUICIO QUE LA CONDENÓ

El juicio fue en 2012. La evidencia era contundente. La cantidad de pruebas, los documentos falsos, el cloroformo, las cámaras de seguridad... Todo indicaba que Angi había planeado y ejecutado el crimen. Fue condenada a 22 años de prisión: 18 por el homicidio de Ana Páez y 4 por falsificación de documentos oficiales.

Hasta hoy, Angi cumple su condena en prisión. Y aunque quiso evitar que su historia llegara a Netflix, la plataforma logró estrenar el documental, aunque con menos metraje y probablemente eliminando algunas imágenes que causaban controversia.

María Ángeles Molina fue condenada tras ser encontrada culpable de haber asesinado a su amiga (Foto: Netflix)
María Ángeles Molina fue condenada tras ser encontrada culpable de haber asesinado a su amiga (Foto: Netflix)

EL PASADO SOSPECHOSO DE ANGI: OTRO CRIMEN SIN RESOLVER

El documental “Angi: Crimen y mentira” también pone el foco en otro episodio oscuro de su vida: la muerte de su esposo, Juan Antonio Álvarez Litben, en 1996. El empresario murió en circunstancias extrañas, pero el caso se cerró sin una causa clara. Años después, al investigar el asesinato de Ana, las autoridades volvieron a mirar este caso con otros ojos. Aunque no se han presentado cargos, las sospechas no han desaparecido.

Aquí es donde la historia toma un giro aún más escalofriante. ¿Fue Ana la única víctima? ¿Cuántas mentiras más escondía Molina?

¿POR QUÉ NETFLIX LA ESTRENÓ CON TAN POCA PROMOCIÓN?

Este es un punto curioso. Aunque Netflix suele promocionar en grande sus documentales de true crime, “Angi: Crimen y mentira” llegó al catálogo sin hacer demasiado ruido. Tal vez por lo delicado del caso, o por la batalla legal que tuvo con la protagonista, decidieron no exponerse más de la cuenta. Pero el contenido ya está ahí, listo para ver y difícil de olvidar.

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SOBRE EL AUTOR

Bachiller en Periodismo de la Universidad Jaime Bausate y Meza. Con siete años de experiencia en medios de comunicación escritos, tanto en ediciones impresas como digitales. Actualmente redacto para el Núcleo de Audiencias del Grupo El Comercio.

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