
Ganar la lotería y volverse millonario es una ilusión para muchos, pero para Raymundo Gómez este sueño se convirtió en una pesadilla. A sus 72 años, este hispano se vio envuelto en una batalla legal que lo llevó a perder los US$3 millones que había ganado en un boleto de raspadito. Lo que comenzó como un golpe de suerte terminó en una disputa judicial que lo dejó sin nada.
LA HISTORIA DEL HOMBRE QUE GANÓ LA LOTERÍA Y TUVO QUE DEVOLVER TODO
Raymundo, quien se ganaba la vida recolectando latas y plásticos, compró dos boletos de la lotería Set For Life en un 7-Eleven. Al raspar uno de ellos, encontró la palabra “LIFE”, lo que significaba que había obtenido el premio mayor. Sin trabajo estable y con una vida de sacrificios, la noticia del premio parecía ser el giro de suerte que necesitaba. Optó por recibir el dinero en pagos mensuales y llegó a cobrar US$500,000 antes de recibir una notificación judicial.
Florencio Cabrera, un conocido suyo, lo demandó alegando que el boleto ganador le pertenecía. Según Cabrera, ambos habían comprado boletos en la misma tienda y lo habían revisado juntos. Como no entendía inglés, pidió ayuda a Raymundo para confirmar si su boleto era ganador. Luego, viajó a México confiado en que su amigo le guardaría el ticket, pero al regresar descubrió que el premio ya había sido reclamado.

¿CUÁL FUE LA RESPUESTA DE RAYMUNDO?
Raymundo negó estas acusaciones y sostuvo que compró los boletos solo. “Le digo que yo solito compré los boletos. Los raspé, uno me salió y el otro no. Él no estaba allí, él estaba en su tierra ese día que yo gané la lotería. ¿Cómo puede decir que yo se lo robé? Es mi boleto, lo juro ante Dios”, afirmó en una entrevista con Univision. Sin embargo, no presentó pruebas suficientes ante la corte para respaldar su versión de los hechos.
El caso fue llevado ante un tribunal en San Diego, donde la Justicia determinó que Raymundo debía devolver el dinero que ya había cobrado. Su falta de respuesta legal a la demanda resultó en un fallo a favor de Cabrera, quien fue reconocido como el legítimo ganador del premio. Aunque Raymundo intentó apelar la decisión con la ayuda de su hijo, el juez rechazó su solicitud y ordenó la restitución inmediata del dinero recibido.

Este veredicto dejó a Raymundo sin los tres millones de dólares y sin los recursos para continuar con su vida como lo había imaginado tras ganar la lotería. Pasar de la euforia de haber ganado una fortuna a la desesperanza de perderlo todo en una disputa legal fue un golpe devastador. Volvió a su rutina diaria de recolectar latas, como si aquel premio nunca hubiera existido.
El caso de Raymundo Gómez pone en evidencia la importancia de la documentación y la transparencia en los juegos de azar. Sin pruebas contundentes que respaldaran su versión, su destino quedó en manos de la Justicia, que determinó que el boleto pertenecía a otra persona. La historia también resalta cómo la fortuna puede cambiar en un instante, y cómo la confianza en las personas equivocadas puede costar una fortuna.











