RespuestasHace casi ocho décadas el mundo supo lo devastador que podía ser un ataque nuclear, por partida doble además: Hiroshima y Nagasaki los padecieron aquellos 6 y 9 de agosto de 1945, fechas para el oprobio en la historia de la humanidad. Un reciente fallo judicial en Japón ha vuelto a hacernos recordar la pesadilla.
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Un tribunal de Hiroshima acaba de rechazar la demanda presentada por 28 hijos de sobrevivientes (‘hibakusha’) de la bomba atómica que reclamaban al Gobierno Japonés asistencia pública para pagar sus gastos médicos por cáncer u otras enfermedades y una compensación de 100 mil yenes por persona (unos 760 dólares) por una exclusión que, según ellos, viola el derecho a la igualdad (artículo 14 de la Constitución nipona).
Los demandantes, que iniciaron este proceso en el 2017, alegaban que muchos ‘hibakunisei’ (sobrevivientes de segunda generación) han sufrido daños psicológicos debido a la preocupación que sentían sobre su salud, dado que no se puede negar la posibilidad de que la radiación de la bomba atómica haya tenido efectos a nivel genético en los hijos de los supervivientes.
El tribunal dictaminó que no se puede negar la opción de un efecto hereditario de la radiación, pero aclaró que no hay un consenso científico, y agregó que el hecho de excluir a los demandantes del grupo que recibe asistencia financiera no es anticonstitucional.
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“Aunque la posibilidad de que haya efectos a nivel genético no se ha refutado claramente, no es una creencia común ni una opinión dominante”, señaló el juez Morizane Masato en su sentencia.
El gobierno también ha insistido en que no hay pruebas fehacientes de un efecto hereditario de la radiación proveniente de la bomba atómica.
Hace menos de dos meses, en diciembre del 2022, un tribunal de Nagasaki rechazó una demanda similar allí.
“Únicamente se puede decir que no se puede descartar la posibilidad de una influencia hereditaria derivada de la exposición a la radiación de la bomba”, señalaba el texto de la resolución.
116 mil supervivientes de los bombardeos atómicos quedan en la actualidad, con una edad media de 84,5 años, según datos oficiales de agosto del 2022
70 mil personas aproximadamente murieron el mismo día de la explosión de la bomba Little Boy sobre Hiroshima, y unas 40 mil perecieron el día del estallido en Nagasaki

La voz necesaria de la ciencia
Consultado por El Comercio, el doctor Roger Calle, radiooncólogo de la clínica Ricardo Palma, apunta que la radiación y sus efectos nocivos han sido ampliamente estudiados con el fin de definir sus riesgos para la salud.
“Existen dos grandes clasificaciones de la exposición a la radiación por los efectos que produce: uno de tipo somático, en el que se manifiestan efectos tempranos o agudos según las altas o bajas dosis a las que se ha estado expuesto; y otro de tipo hereditario, que implica el daño de las gónadas o la parte germinal y que redunda en la transferencia de los daños alterando los genes a una nueva persona”, puntualiza Calle.
Ahora bien, aclara el experto que es complicado probar que un evento hereditario suceda: “Es difícil predecir si es que existe una incidencia real en un hijo de padre expuesto a radiación o que califique directamente a que la enfermedad que tenga este hijo sea otorgada genéticamente por los padres”.
Entre todas las obras escritas, películas, documentales y especiales audiovisuales aparecidas a lo largo del tiempo sobre los desastres en Hiroshima y Nagasaki, hay consenso en considerar “Hiroshima”, del estadounidense John Hersey, como una de las mejores crónicas escritas sobre estos eventos postreros de la Segunda Guerra Mundial.
El ensayo de este corresponsal de guerra de la revista “Time” transita en torno a la vida de seis sobrevivientes, cubriendo vívidos detalles que van desde momentos antes del estallido de la bomba, el minuto exacto de la detonación y las semanas y meses posteriores a la hecatombe.
Aquí dos extractos del libro: “La calle estaba atestada con restos de casas, con cables y postes de teléfono caídos. Cada dos o tres casas les llegaban las voces de gente enterrada y abandonada que invariablemente gritaba, con cortesía formal: “Tasukete kure!”, “¡Auxilio, si son tan amables!”.
“Para cuando se hizo de noche, diez mil víctimas de la explosión habían invadido el hospital de la Cruz Roja, y el doctor Sasaki, agotado, deambulaba sin rumbo fijo por los corredores malolientes llevando fajos de vendas y botellas de mercurocromo”.

Así pues, en la situación particular de Hiroshima sigue siendo todo muy incierto. Si bien hay diversos estudios que muestran que, refiriéndose a esta ciudad japonesa, hay un incremento de entre 1% y 2% del riesgo de sufrir un evento hereditario en comparación a otras urbes del país, ello no es significativo para definir qué paciente podría desarrollarlo, en este caso, una enfermedad hereditaria producto de padres expuestos a la bomba atómica.
¿Se podría llegar a tener certezas en algún momento? “Para ello tendríamos que realizar, para definir al 100%, estudios comparativos de las poblaciones antes de la bomba -con la incidencia de algún tipo de cáncer o enfermedad hereditaria- versus la población actual con los hijos de las personas expuestas. Eso es inviable. En primer lugar, porque hablamos de seres humanos y tendríamos que comparar experimentalmente; y en segundo lugar porque muy probablemente los datos de la población previa a la bomba no existan”, remata Calle.
AnálisisInterpretación de las noticias basada en evidencia, incluyendo data y proyecciones posibles en base a eventos pasados.









