Joe Biden lidera las encuestas de cara a las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos. (Foto: JIM WATSON / AFP).
Joe Biden lidera las encuestas de cara a las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos. (Foto: JIM WATSON / AFP).
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Liderando las encuestas, desafiando a un impopular, tiene todo para ganar en su primer debate el martes con miras a las . Pero él mismo puede ser su peor enemigo.

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Su porte y su empatía con la gente siguen ahí. Pero a los 77 años, el viejo león de la política ya no tiene el aspecto que tenía en su apogeo como vicepresidente de Barack Obama.

De pie, sus piernas ahora parecen frágiles. Y su fino cabello blanco escasea.

Algunos de sus partidarios temen que Biden, propenso a pifias y deslices, vacile ante los ataques de Trump, el mandatario de 74 años, de estilo más agresivo.

El confinamiento por la covid-19 privó a Biden durante meses de explotar su marca registrada: el contacto directo con los votantes.

Si bien ha retomado un ritmo de salidas más sostenido desde finales de agosto, su estricto cumplimiento de las pautas de distanciamiento físico restringe su presencia en el terreno.

Y, según sus detractores, le permite hacer campaña lejos de la gente y evitando preguntas incómodas.

Así será el primer debate entre Biden y Trump. (AFP).
Así será el primer debate entre Biden y Trump. (AFP).

Su rival republicano, que lo llama todo el tiempo “Joe El Dormido”, también se queja de que los periodistas son benévolos con él, y no deja de atacarlo por su estado físico y mental.

El equipo de campaña de Trump describe sin rodeos al demócrata como un anciano senil. Y el presidente incluso exigió que su rival sea sometido a una “prueba de dopaje” antes del debate.

Esas críticas, sin embargo, podrían terminar siendo favorables a Biden al reducir tanto las expectativas que un desempeño correcto sería aclamado como una gran victoria.

El hijo de Scranton

Es muy probable que en el escenario en Cleveland, Ohio, Biden insista en su defensa de la clase media, señalando el contraste entre su humilde infancia y la del “heredero” Trump criado en cuna de oro.

Orgulloso de sus orígenes, Joseph Robinette Biden Jr. nació el 20 de noviembre de 1942 en Scranton, una ciudad de clase trabajadora en Pensilvania.

Su vida estuvo marcada por la tragedia.

“Nunca desaparece”, suele decir sobre el dolor que vive en él desde la muerte en 2015 de su primogénito, Beau Biden, de cáncer cerebral.

Otro gran drama marcó el comienzo de su larga carrera política: en 1972, un accidente automovilístico se llevó a su primera esposa y a su pequeña hija, mientras que sus dos hijos, Beau y Hunter, resultaron gravemente heridos.

Recién elegido al Congreso de Estados Unidos a los 30 años, juró como senador al borde de sus camas en el hospital.

Convertido en abogado y cabildero, su hijo menor Hunter Biden obtuvo un salario lucrativo como miembro del directorio de una compañía de gas ucraniana acusada de corrupción mientras Biden era vicepresidente.

La vida de Joe Biden. (AFP).
La vida de Joe Biden. (AFP).

La presión de Trump a Ucrania para investigar el pasado de Hunter llevó al juicio político del presidente, aunque fue absuelto.

Figura de la política tradicional

Frente a los republicanos que lo presentan como un candidato debilitado, Biden puede exhibir su triunfante victoria en las primarias demócratas después de un giro espectacular.

El exmano derecha del primer presidente negro de Estados Unidos tuvo que soportar tres primeros fracasos antes de obtener una amplia mayoría en Carolina del Sur, gracias a los votos de los afroestadounidenses, piedra angular de cualquier demócrata que aspire a la Casa Blanca.

Biden, a quien muchos veían demasiado viejo o demasiado centrista, reunió así el apoyo de otros moderados y luego derrotó a su gran rival Bernie Sanders, un autoproclamado socialista.

La tercera fue la vencida para esta figura de la política tradicional que ya había probado suerte como candidato presidencial en las primarias demócratas de 1988 y 2008.

Revelaciones sobre impuestos de Trump encienden la preparación del debate con Biden. (AFP).

En su primer intento, debió tirar rápidamente la toalla por el plagio de un discurso.

Senador por más de 35 años (1973-2009) y luego vicepresidente de 2009 a 2017, el septuagenario ha caminado durante décadas por los pasillos del poder en Washington. Y está orgulloso del diálogo bipartidista que propició.

Su estilo afectuoso le ha valido ser juzgado como demasiado “táctil” por mujeres que denunciaron gestos inapropiados, algo que insisten en señalar sus oponentes con imágenes que circulan en las redes sociales.

Biden se disculpó en abril de 2019, afirmando que prestaría más atención al “espacio personal” de los demás.

Trump, acusado de agresión sexual o acoso por más de una docena de mujeres, ha hecho pocos comentarios sobre las declaraciones de una mujer, Tara Reade, quien dice que Biden la agredió en la década de 1990, algo que el demócrata niega categóricamente.

Su esposa Jill Biden, de 69 años, que ha hecho campaña para él en todo el país, se ha mantenido callada al respecto.

Profesora de inglés dinámica, es uno de los mejores activos de su campaña. La pareja se casó en 1977 y tiene una hija, Ashley.

Biden contó en sus memorias que sus dos hijos pequeños le dijeron que se casara con Jill, y concluyó: “Ella me devolvió la vida”.

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