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Muchas veces el verano es el momento para “pausar” la vida. Nos imaginamos idealmente tumbados en la arena, dejando que las semanas pasen entre siestas y desconexión. Pero el verano tiene una energía vibrante que ningún otro momento del año tiene. Me atrevería a decir que es el escenario ideal para dejar de ver el ejercicio como una tarea y empezar a verlo como una celebración de nuestra libertad. La libertad de poder movernos.
Recuerdo tener 10 años y el verano por delante. Salir temprano de casa en mi bicicleta con la certeza de que el día tenía 200 horas y 500 aventuras esperándome. La flojera no era una idea que podía pasar por mi cabeza. No fui una niña deportista de manera convencional, pero había un atleta en mi corazón, pues la idea de dormir la mitad del día y perderme las aventuras detrás de la puerta de mi casa era inconcebible.
El verano no era para cumplir rutinas; era para jugar hasta el atardecer o nadar hasta que los dedos se pusieran arrugados y tu mamá te busque para que vayas a comer. Esa es la esencia que como adultos deberíamos rescatar: el movimiento como juego.
El buen clima y los días largos no son solo para mirarlos, sino para disfrutarlos al máximo. El equivalente a tocar el timbre a tu amigo con tu bicicleta en vacaciones es compartir con alguien el plan de entrenamiento. Esos son los amigos que recoges en el camino y que la vida tiene guardados para ti; regálate la suerte de encontrarlos. El deporte me ha regalado amigos de todas las edades, personas que hoy son importantes en mi vida y a las que me une haber compartido los retos más increíbles.
Te dejo algunos tips para hacer de este verano un verano activo, libre y feliz. Un verano volviendo a tu esencia:
• Busca tu “deporte de temporada”. Algo nuevo, quizás algo que hace tiempo quieras probar y que te dé ilusión.
• Tu tribu es tu motor: entrenar con amigos es el antídoto perfecto para la flojera. El compromiso con otros lo cambia todo.
• Logística para el éxito: si tu “kit” está listo, es mucho más difícil fallar.
• Actitud de explorador: cambia el “tengo que” por el “voy a ver qué descubro hoy”.
• Colecciona sensaciones: guarda esa sensación increíble, esas endorfinas después de un buen entrenamiento. Ese recuerdo será tu combustible para todo el año: ¡ALMACENA TODO LO QUE PUEDAS!


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