¿Cómo quedó la pelea de Canelo Álvarez vs. Christian Mbilli por boxeo en Arabia Saudita?
Noé Yactayo
Novedades. En el frente interno político hay novedades. Hay un primer atisbo de coalición en ambas cámaras: Fuerza Popular, Renovación Popular y Obras conformarían una alianza que, si se da, le daría estabilidad a un gobierno que ha renunciado a la confrontación abierta y directa.
Otra novedad es la aparición de un centro sin ideología, uno pragmático, cuyo fin no solo es darle estabilidad al gobierno, sino equilibrar a la oposición y detener el liderazgo de la facción Movadef en Juntos por el Perú (JP) y en el arco zurdo.
Más novedades: la aparición de una línea dura en la izquierda, encabezada por un maoísta sin remilgos: Íber Maraví. Es el bloque parlamentario ayacuchano que aún tiene influencia en las provincias de La Mar y sobre todo Coracora, últimas atalayas ideológicas de lo que fue en sus días ese Sendero de huaynos y profesores. Su influencia, además, es decisiva en el Frente de Defensa de los Intereses de los Pueblos de Ayacucho, la primera organización fachada de los de Abimael Guzmán. La novedad entonces es que Maraví ha logrado, con su prédica flamígera y su posición extrema, llevar de las narices a López Chau y a Nieto, que juegan al “centro radical”, pontífices ambos de la buena labia que dice todo y nada a la vez, pero que en el día a día es arrasada por la izquierda del panfleto y la pose.
Si uno se fija bien, en la izquierda parlamentaria actual, hay una lucha entre las históricas facciones del maoísmo y las posturas guevaristas que ahora han devenido en los confusos partidos del Buen Gobierno y Ahora Nación. Por ahora, Buen Gobierno está partido y en fase previa de destrucción.
La otra noticia es la demanda por un partido que represente a una nueva socialdemocracia, no solo en el parlamento, sino en las calles, en la sociología nacional. No me refiero a esa vieja socialdemocracia cercana a la izquierda caviar, sino a una nueva socialdemocracia parecida a los postulados del aprismo del “interamericanismo democrático sin imperio”, la tesis de Haya de la Torre tras alejarse absolutamente del comunismo soviético. En todo caso, ni Nieto ni López Chau pueden encarnar a la nueva, porque sus sesgos ideológicos los ubican en la izquierda llamada caviar.
Hoy el Reinfo y el proyecto de Ley MAPE, enviado por el Ejecutivo, se empieza a asomar. La Comisión de Energía y Minas, liderada por JP, va a dilatar los tiempos de discusión de la ley MAPE. Ese partido político apuesta por una ampliación perpetua del Reinfo, sin dicha ley y sin trazabilidad.
Más novedades: la rápida respuesta del Ejecutivo y del Estado con respecto a las inundaciones resultantes de las horas de lluvias en el norte peruano. Es el antecedente de lo que se viene. El Ejecutivo —con el ministro de Desarrollo Agrario Marco Antonio Vinelli a la cabeza— ha controlado bien el problema. Y el Perú estará en los ojos del mundo cuando el Papa León llegue a Lambayeque.
Más novedades, pero esta vez en el frente externo. Gana Lula Da Silva en Brasil, gracias a la “valiosa” intervención de Javier Milei y a los “9 dedos” inoportunos de Flávio Bolsonaro. El insulto llevó a Lula a victimizarse en tono de clase social. La rápida felicitación de la presidenta Keiko Fujimori al presidente brasileño es pura razón de Estado. Sabe que Lula y Brasil se quedarán, mientras el partido republicano y Donald Trump languidecerán.
Noviembre es decisivo y Keiko piensa en el mediano plazo. China y Brasil han sellado un acuerdo para la construcción de un largo y carísimo tren. Y ese proyecto no sale sin la venia peruana, hoy influenciada por el “amigo americano”.
Perú es clave. Minerales críticos, tierras raras y soya. Mucha soya.
Lula ha ganado y Milei incomoda en España, como lo hizo en Brasil. Por aquí, aunque no lo crean, hay mucha filiación ideológica entre Lima y Madrid. Los empresarios españoles tienen mucho interés en las obras de infraestructura peruanas y no han dudado en desarrollar sus estrategia de relaciones públicas.
Otra novedad. Keiko ha hecho movimientos en el frente norte. Regresan los gabinetes internacionales entre el Perú y Ecuador; de fondo, hay proyectos energéticos con beneficios directos para la estatal PetroPerú.
Keiko se va a El Salvador. Vendrá un nuevo fujimorismo a lo Nayib Bukele y algunos politólogos dirán que vamos camino a un “autoritarismo parlamentario” o una “dictadura senatorial”, pero esos son sintagmas absurdos.
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Francisco Miró Quesada Westphalen
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