El Perú está envejeciendo aceleradamente sin prepararse para las consecuencias económicas y sociales de esta transformación. Según el INEI, en el 2050 casi la cuarta parte de nuestra población tendrá 60 años o más. Millones de peruanos y peruanas corren el riesgo de llegar a la vejez sin ingresos suficientes para sostenerse, en un país que todavía enfrenta serias dificultades para generar empleos productivos y garantizar protección social. Durante el primer trimestre de 2026, el 57,2 % de las y los trabajadores peruanos no estaba afiliado a ningún sistema de pensiones. Además, entre quienes cuentan con protección previsional, un número importante registra aportes discontinuos o insuficientes. Así, una proporción considerable de la población podría llegar al final de su vida laboral sin los recursos necesarios para mantener su independencia económica.
El Perú está envejeciendo aceleradamente sin prepararse para las consecuencias económicas y sociales de esta transformación. Según el INEI, en el 2050 casi la cuarta parte de nuestra población tendrá 60 años o más. Millones de peruanos y peruanas corren el riesgo de llegar a la vejez sin ingresos suficientes para sostenerse, en un país que todavía enfrenta serias dificultades para generar empleos productivos y garantizar protección social. Durante el primer trimestre de 2026, el 57,2 % de las y los trabajadores peruanos no estaba afiliado a ningún sistema de pensiones. Además, entre quienes cuentan con protección previsional, un número importante registra aportes discontinuos o insuficientes. Así, una proporción considerable de la población podría llegar al final de su vida laboral sin los recursos necesarios para mantener su independencia económica.
La precariedad comienza a construirse mucho antes de la jubilación, puesto que una educación deficiente limita las oportunidades de acceder a empleos productivos, mientras la informalidad y las bajas remuneraciones dificultan el ahorro y la acumulación de patrimonio. Según el INEI, apenas el 36,5 % de las mujeres ocupadas está afiliada a un sistema previsional, frente al 47,7 % de los hombres. Las responsabilidades de cuidado no remunerado, que recaen principalmente sobre ellas, contribuyen a profundizar esa brecha.
A medida que aumente la proporción de adultos mayores con pensiones insuficientes y escasos ahorros, también crecerá el segmento de la población con una capacidad de consumo limitada, debilitando las posibilidades de expansión del mercado interno. Asimismo, las familias deberán destinar mayores recursos al sostenimiento de sus integrantes de más edad, mientras el Estado enfrentará crecientes necesidades de financiamiento para salud y cuidados. En la actualidad, el 45,6 % de los hogares peruanos ya cuenta con al menos un adulto mayor. La presión resulta especialmente preocupante porque, según advierte la OCDE, el potencial de crecimiento del Perú está limitado por el estancamiento de la productividad, la debilidad de la inversión privada y la elevada informalidad.
Necesitamos mejorar la calidad educativa, elevar la productividad y generar condiciones que favorezcan el empleo formal y la acumulación de ahorro. En paralelo, debemos ampliar la cobertura previsional mediante mecanismos accesibles para trabajadores independientes y con ingresos variables, sin comprometer la sostenibilidad financiera del sistema. También resulta necesario desarrollar servicios de cuidado que generen empleo formal y reconocer determinados periodos de cuidado familiar no remunerado como parte de los derechos previsionales, a lo que debe sumarse un acceso efectivo a los servicios de salud.
El envejecimiento de la población es una transformación previsible, cuyas consecuencias dependerán de las decisiones que adoptemos hoy. Si no actuamos, millones de peruanos y peruanas seguirán enfrentando una vejez precaria, mientras nuestra economía pierde oportunidades de crecimiento. Los avances científicos y médicos han contribuido a prolongar nuestra esperanza de vida, pero esta debería ser una conquista acompañada de bienestar y seguridad económica. Conseguirlo debe convertirse en una prioridad nacional y un imperativo moral.