Es el lema adoptado por Dina y su ‘gabinete de crisis’ (el vocero y asesor Fredy Hinojosa, y los ministros Daniel Maurate, Hania Pérez de Cuellar, Eduardo Arana y Morgan Quero) y que no lo hemos oído en boca del primer ministro Gustavo Adrianzén. Él tiene su propia retórica para decir cosas similares, aunque sin el énfasis presidencial. Adrianzén posa una adusta sobriedad, cejijunta y rara vez sonriente, que lo distancia del estilo más histriónico de Boluarte.