Nora Sugobono

(Roma, 1934) nunca ha visitado el Perú. No que se sepa, y sin duda se hubiese sabido. Lo único de lo que podemos tener certeza es que lo primero que se le habría ofrecido al poner pie en nuestras costas es un pisco sour. Casi de inmediato, como mandan las costumbres, alguien le habría preguntado si le gustó.

Allá por 1959 una curiosa iniciativa televisiva pretendía tender puentes entre estas tierras y la diva del cine italiano. En el programa “A Hollywood con Nivea”, emitido por Panamericana Televisión y conducido por Pepe Ludmir (quien tuvo la oportunidad de entrevistarla al menos en un par de ocasiones), se organizó en aquel tiempo un concurso para con pruebas que se extendieron durante meses. La ganadora recibiría dos pasajes a Hollywood y dinero en efectivo para su bolsa de viaje. Conocer a la estrella era, en principio, parte del paquete y quizá lo más atractivo de todo el premio. Desafortunadamente no existe confirmación de la realización de dicho encuentro, pero sí hay registro de los cientos de jovencitas que se animaron a participar, replicando el look y el estilo de una de las mujeres más fascinantes de la historia del séptimo arte. La misma que dijo alguna vez que prefería comer pasta y tomar vino que ser talla cero.

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El suyo era un mensaje universal. Algo que las peruanas entendemos bien, aunque no se trate de espaguetis o ravioles específicamente, sino más bien de cebiches, lomo saltado, cau cau o seco con frejoles (nada que envidiar a nuestros amigos por Italia, dicho sea de paso). Aquel elogio a la curva, al cuerpo femenino saludable y natural, fue siempre parte del encanto de la eterna Sophia. Una filosofía que es una celebración a la vida y que ha inspirado innumerables manifestaciones en homenaje al ícono del cine. Una de las más recientes ha sido bautizada en su honor, aunque se trata de una creación con personalidad -y cuerpo- propios.

Se trata de un vino peruano producido en el valle de Pisco, igual de natural y hechizante que la mismísima Sophia.

Sophia L'Orange es un blend de quebranta y mollar. La primera es la uva más cultivada en todas las regiones pisqueras autorizadas. La segunda es cultivada en Pisco, Ica, Cañete, Caravelí y Majes, aunque en menor cantidad en comparación a las otras variedades. Foto: Iván Salinero.
Sophia L'Orange es un blend de quebranta y mollar. La primera es la uva más cultivada en todas las regiones pisqueras autorizadas. La segunda es cultivada en Pisco, Ica, Cañete, Caravelí y Majes, aunque en menor cantidad en comparación a las otras variedades. Foto: Iván Salinero.

Todo lo que ves se lo debo a la uva

En 2017 el esfuerzo dio frutos: la primera destilación de pisco hecho en Bodega Murga (proyecto sostenible que nació en 2014 con cuatro socios peruanos) había salido a pequeña escala. El producto, sin embargo, aún tendría que esperar algunos años para presentarse oficialmente. A eso llegaremos más adelante. Lo que se descubrió en el camino era que con las mismas cepas pisqueras que habían sembrado se podían hacer vinos a través de un proceso carente de químicos. El resultado de aquella experimentación con uvas Italia, albilla, mollar, negra criolla y quebranta fue la carta de presentación de la Bodega Murga, cuyos viñedos y la propia bodega están ubicados en el valle de Pisco (distrito de Humay) a unos 25 kilómetros del mar. Los vinos salieron a la venta en 2018.

La identidad de Murga tomó forma de la mano del productor de piscos Alberto di Laura, quien está a cargo del proceso de destilación; el gerente y catador Arturo Inga; y el talento (y la magia) de la enóloga brasileña Pietra Possamai, quien se encarga de los vinos naturales, una tendencia en auge en Europa y Estados Unidos desde hace décadas, cuyo nicho también está creciendo en el Perú. Fue precisamente Possamai quien le puso el nombre de Sophia L’Orange al blend de quebranta y mollar 2020 cuya etiqueta replica la forma curvilínea de una mujer que remite, a su vez, a la diva italiana. Si hubiese existido en 1959, el Sophia L’Orange probablemente habría ganado el concurso conducido por Pepe Ludmir. Pero esa ya es otra historia.

El nombre aquí no es lo único que lo hace especial. También el contenido.

Arturo Inga, gerente y catador de Bodega Murga, examina el lote del primer pisco de la marca que salió a la venta -tras varios años de trabajo- en junio de 2021. Foto: Iván Salinero.
Arturo Inga, gerente y catador de Bodega Murga, examina el lote del primer pisco de la marca que salió a la venta -tras varios años de trabajo- en junio de 2021. Foto: Iván Salinero.

“Fue un reto hacer vino con las mismas uvas de pisco, y que sea, además, un vino natural”, explica el sommelier Arturo Inga. “Cuando empezamos a experimentar nos dimos cuenta que había mucho potencial. Hoy tenemos una línea clásica y algunos productos que desde el inicio sabíamos que tendrían su propia personalidad, como es el caso del Sophia L’Orange. A esos les creamos una etiqueta particular, pero nuestra etiqueta tradicional es una ficha técnica donde se enumeran los pasos que hacemos y se indica el tiempo de maceración, o si ha pasado por concreto, madera o arcillan. La gente quiere ver toda la formación”, sostiene.

La peculiaridad de Murga no solo está en el diseño de sus etiquetas o en la variedad de su oferta. También lo está en su compromiso con los procesos tradicionales y artesanales de calidad. En el viñedo no se usan pesticidas ni herbicidas, por ejemplo. Tampoco tanques de plástico, sino de acero inoxidable, además de alambiques fabricados de cobre electrolítico. Para el proceso del vino se emplean huevos de concreto, ánforas de terracota y barricas de roble libres de elementos tóxicos en su composición.

La pandemia no interrumpió el trabajo planeado. Había que continuar con los vinos y lanzar, por fin, el primer y esperado pisco de la marca, elaborado en cuatro variedades de uva: quebranta, albilla, Italia y negra criolla, cada una con su botella. Para Pisco Murga el reposo se lleva a cabo en tanques de acero inoxidable por un periodo mínimo de dos años, hasta que los piscos alcanzan el equilibrio óptimo que permite apreciar las características de cada cepa. Los piscos de Murga ya están a la venta y pueden pedirse a través de su web.

Mientras llegan, siempre nos quedará Sophia.

Los viñedos y la bodega están ubicados en el corazón del valle de Pisco, en el distrito de Humay, a unos 25 kilómetros del mar. El vino es elaborado mediante maceración pelicular y fermentación de uvas criollas con sus propias levaduras, sin insumos químicos. Foto: Ivan Salinero.
Los viñedos y la bodega están ubicados en el corazón del valle de Pisco, en el distrito de Humay, a unos 25 kilómetros del mar. El vino es elaborado mediante maceración pelicular y fermentación de uvas criollas con sus propias levaduras, sin insumos químicos. Foto: Ivan Salinero.

La opinión

, sommelier

Los vinos naturales son una tendencia que busca mayor pureza y sensibilidad en el producto. Es como volver a los inicios: son vinos que suelen tener mínima intervención de los enólogos, usan levadura salvaje, fermentación espontánea, no pasan por barricas ni se les agrega ningún producto químico. En sí, es tomar un vino de la forma más artesanal y clásica posible.

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De venta en: y

Los vinos de Bodega Murga se sirven en restaurantes como Astrid & Gastón, Central, Siete y Osaka, entre otros.

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