Aleska Burga participó en los Juegos Panamericanos Lima 2019. La imagen corresponde a la inauguración del evento.
Aleska Burga participó en los Juegos Panamericanos Lima 2019. La imagen corresponde a la inauguración del evento.
María Fernanda Lovatón

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Cuando el deporte está en tus venas no hay nada que pueda detenerlo y Aleska Burga lo sabe muy bien. Extrovertida y alegre, como es ella, con toda una vida ligada al deporte, hoy con 20 años la deportista nacional nos cuenta cómo ha sido su camino. Dejó en alto el nombre del Perú en diversos campeonatos internacionales de tiro con arco y en el 2018 se convirtió en campeona nacional absoluta. Además, participó en los . Con toda una carrera por delante, Aleska decidió dejarlo todo y volver a su primer amor: el taekwondo, porque nunca es tarde para seguir a tu corazón.

¿Cuándo fue la primera vez que practicaste taekwondo?

A los 6 años me metieron a taekwondo y me quedé practicándolo hasta los 12-13 años que me lesioné ambas rodillas. Soy mucho de esas personas que piensan que las cosas pasan por algo. Entonces veía que estaba mal en las dos rodillas, además, ese mismo año me fracturé los dos brazos. Fue un año muy duro. Y dije que era hora de salir y dejar el taekwondo. En esa época yo estaba en sexto de primaria y todos me decían que en secundaria todo era más difícil y decidí tomarme un año sabático del deporte para centrarme en lo que se venía.

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¿Cómo es que llega el tiro con arco a tu vida?

Desde muy chiquita, paralelamente a lo todo que yo hacía, iba a disparar con mi papá. Su papá le enseñó a disparar y mi papá me enseñó a mí. Era como un hobby, ir con mi papá a disparar a una cancha y relajarme. Ese era mi día padre e hija (risas). Sé que es algo muy particular, pero me encantaba y me sigue gustando. Entonces como yo hacía esto desde chica, tengo muy buena puntería. Cuando me salí de vóley comencé a disparar de nuevo, un poco más seguido porque tenía más tiempo y una amiga de mi papá me dijo que tenía buena puntería y que si quería probar tiro con arco. Yo no tenía ni idea de que era eso, no tenía noción, pero dije bueno por qué no, voy a probar. En eso me traen algo que parecía un arco y unas flechas con plumas, las flechas eran lo más vistoso. Me ponen una diana, que es donde se dispara y le ponen unos globos. En ese momento todo mi lado competitivo salió de mí y dijo quiero reventar esos globos (risas). Me acuerdo que estaba con mi hermano ese día y tenía ese afán de querer ganarle.

Esa primera vez que disparé tenía 13 años, y cuando reventé todos los globos sentí una alegría asombrosa porque no me lo esperaba y me lleno de emoción. Me gustó mucho y dije bueno quiero entrenar eso. Pero en ese momento no lo pensé como algo competitivo, sino lo veía como cuando yo disparaba con mi papá, un hobby que hacíamos cuando teníamos el tiempo. Así que al inició disparaba un domingo cada dos semanas, era súper espontáneo. De ahí poco a poco, empecé a hacerlo cada semana, luego dos días a la semana porque me planteé la posibilidad de poder competir. Comencé a entrenar más, pero era un entrenamiento que yo aún no lo veía como meterme para del todo a este deporte.

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Aleska, de entonces 13 años disparando, por primera vez en tiro con arco. (Foto: Archivo personal / Aleska Burga)
Aleska, de entonces 13 años disparando, por primera vez en tiro con arco. (Foto: Archivo personal / Aleska Burga)

¿Cuándo es que ya decides practicar el tiro con arco más profesionalmente?

Fue en el 2015 cuando me plantean la posibilidad de cambiar de tipo de arco, porque el arco que yo tenía era muy básico, y me dijeron que me comprara un arco con el que ya pudiera competir en la categoría olímpica. Yo hasta ese entonces, esos dos años, los campeonatos a los que me metía solía ganarlos porque la puntería la manejaba muy bien, a pesar del poco entrenamiento que tenía, siempre quedaba en podio. Y eso que en esa época el deporte no era tan abierto, no eran muchas personas y para mí era mi vacilón. Siempre me ha gustado hacer cosas raras, fuera de lo común.

Entonces hacer tiro con arco, disparar me parecía chévere en ese aspecto que no mucha gente lo hacía. Cuando me plantean esta posibilidad, tuve un conflicto interno porque me gustaba el tiro con arco, pero para ir a un ciclo olímpico eventualmente, no estaba segura. Al final hicieron una jugada (risas), me llevaron a un campeonato en Bolivia y fue mi primer campeonato internacional como amistoso no representando a Perú, ahí vi los arcos de los que me hablaban, los olímpicos, disparando a 70 metros, lo vi con otra perspectiva y dije yo también quiero (risas). Ahí mismo en Bolivia me compré el arco, las flechas, todo, regresé a Perú y ya comencé a entrenar digamos de verdad. Luego comencé a participar en los campeonatos y la entrenadora de la selección de tiro con arco me ve y por mi biotipo le encanté, además por los resultados que tenía dijo que me quería entrenar. En el 2016 empecé a entrenar con ella, fue mi primera entrenadora de la selección.

Con 19 años representaste al Perú en los Juegos Panamericanos de Lima 2019, ¿Cómo fue esa experiencia?

Creo que la palabra que puede englobar toda mi experiencia es alucinante (risas). Como cuando fui convocada a los Juegos Bolivarianos en el 2017, mi cerebro me llevó a la niña de 13-14 años que le plantearon la idea de entrar a un ciclo olímpico, en los Panamericanos fue mil veces más ese sentimiento. Me acordaba mucho de mí de chiquita, mis fotos disparando y de mis fotos de ahora, veía mi evolución y pensaba que enserio lo había logrado. Días después de la inauguración cumplí 19 años y sentía que eran 19 años bien cumplidos, que los había vivido bien. Desde la inauguración ya estaba emocionada por todo, a veces soy muy niña para esas cosas (risas), puedo ser muy madura para la mayoría de aspectos en mi vida, pero para ese tipo de cosas siempre sale mi niña interior en donde esto me llenaba de felicidad.

Aleska luego de su participación en el Apertura de Taekwondo 2020 por el club Regatas.
Aleska luego de su participación en el Apertura de Taekwondo 2020 por el club Regatas.

¿Qué dirías que fue lo más especial de ser seleccionada nacional?

En todo el tiempo que fui seleccionada nacional, algo que siempre rescaté mucho fue que disfruté mucho el ser seleccionada porque no me centraba solo en mi deporte, sino que hice amigos con otras selecciones. Realmente puedo decir que tengo amigos en muchas selecciones que en el momento de los Panamericanos cuando todos fuimos Perú, es donde más lo sientes. Yo no estaba solo con mi selección, yo me movía a la selección de waterpolo, luego a atletismo, en vóley, en taekwondo. Es súper lindo, porque compartes con ellos y aprendes un montón.

¿Cómo así llegas a la decisión de pasar del tiro con arco al taekwondo?

Lo que pasa es que como te comenté al inicio, taekwondo fue mi primer deporte y siempre tuve en mente que no lo terminé del todo. Yo me salí antes de cruzar la puerta. Y lo veía como algo inconcluso en mi vida, pero lo tenía muy adentro, porque yo ya estaba en otra. Es como tu primer amor y por más de que tengas muchos novios después (risas), tu primer amor siempre está en tu cabeza y así era para mí con el taekwondo.

Yo amo el tiro con arco, pero yo ya no me sentía realizada. Eso de que sientes de que estallas de felicidad como una niña por algo, y yo dejé de sentir eso en tiro con arco un tiempo atrás. Me gustaba disparar, me vacilaba el ambiente y las personas, pero yo ya no tenía ese amor por disparar ni esas ganas de todo. No es que no fuera feliz, porque disparar me hace feliz pero ya no era igual. Ya no le veía sentido a seguir escalando en algo que no me hacía sentir completa. Había problemas con la Federación, un poco con los entrenadores, eran pequeñas cosas que iban sumando el que yo ya no me sintiera bien al 100% cuando iba a disparar y yo extrañaba ese sentimiento. Pero no me daba cuenta de eso porque me gustaba hasta que pisé el tatami, que es el piso donde se practica taekwondo, y sentí ese sentimiento que me estallaba de felicidad y ese era el sentimiento que yo extrañaba. Yo no sabía que me pasaba hasta ese momento y me di cuenta que eso era lo que se supone debía sentir cuando competía o entrenaba.

Puse todo en una balanza y me di cuenta que el taekwondo me hacía muy feliz, que era algo que tenía pendiente. Aparte el taekwondo es algo que puedes hacer por un lapso de tiempo, toda la vida tu cuerpo no te va a dar de la misma manera. En cambio, tiro con arco es un deporte longevo, lo puedes hacer toda tu vida si quieres. Yo decía a los 45 años no puedo hacer taekwondo, pero si puedo disparar. Entonces dije que, si iba a cambiarme, el momento era ahora. Creo que todas las personas tratan de buscar su felicidad y taekwondo es lo que en este momento me hace feliz. Digamos que me tiré al precipicio esperando que alguien me agarre y felizmente tuve un grupo de personas que me agarraron.

Aleska Burga en uno de sus primeros torneos de taekwondo. (Foto: Archivo personal)
Aleska Burga en uno de sus primeros torneos de taekwondo. (Foto: Archivo personal)

¿Cómo han sido estos primeros meses entrenando taekwondo otra vez? ¿A sido difícil con la cuarentena?

A inicios de este año, en febrero, me metí a competir en el Apertura de Taekwondo, que es el primer campeonato nacional de año. Y estaba muy emocionada, era la primera vez que competía en un circuito de Federación para sumar puntos al ranking y por mi club Regatas. Competí y me revivió mucho a cuando yo era chiquita y pateaba y todo, y ahora otra vez lo estaba haciendo. En taekwondo se necesita mucha elasticidad, cosa que vas ganando poco a poco y yo después de 8 años, ya no la tenías (risas).

Luego vino esto de la pandemia y me arruinó todos los planes (risas). Yo lo tenía todo pensado, pero tuve que adaptarme como todos. Sigo entrenando por zoom con mi entrenador y mis compañeros. Pero no se habla todavía de regresar a la presencialidad porque el tema con el taekwondo es que es un deporte de contacto. En Regatas a partir del 5 de octubre ya van a comenzar a abrir algunos deportes para que puedan entrenar, pero taekwondo no está dentro de ellos porque es un deporte donde realmente se necesita de la otra persona. Entonces creo que va a ser complicado para cumplir las medidas de seguridad y sanidad. Probablemente sea uno de los últimos deportes que se reanuden. Yo tengo fe de que el próximo año las cosas puedan ir volviendo a la normalidad.

¿Cuáles son tus próximos objetivos con el taekwondo?

Tengo una meta y es que realmente me gustaría ser de la selección de taekwondo. No para el próximo año porque, como este año no se han podido realizar los campeonatos nacionales, ni de ranking para saber quiénes son selección. Entonces, eventualmente cuando se reanude toda esta situación y comiencen los campeonatos de nuevo, yo sí quiero participar de nuevo y ser selección. Quiero poder decir que fui selección de tiro con arco y ahora soy selección de taekwondo. Y si puedo clasificar a unos Juegos Bolivarianos o Panamericanos, es decir volver a hacer el ciclo olímpico, pero con otro deporte, no sé qué tan realizada me podría sentir conmigo misma. Me siento de nuevo como cuando tenía 15 y me dijeron para entrar al ciclo olímpico con tiro con arco, ahora lo mismo, pero con taekwondo.

¿Qué tan importante fue tener el apoyo de tus papás para convertirte en una deportista y seleccionada nacional?

Creo que no hubiera llegado ni a la mitad de lo que he llegado a ser hoy en día sin mis papás. Yo soy muy apegada a mi papá, tenemos el mismo carácter, cosa que a veces es a favor y otras en contra (risas), pero mi papá ha sido un referente para mí toda mi vida en todo. Mi papá también practicó deportes de joven, no de la manera como yo lo he hecho, pero eso no me generaba un peso de cumplir sus expectativas, nunca me sentí obligada a nada. Es más, mi papá disparaba antes que yo, pero cuando yo me metí, él un tiempo se salió porque no quería que yo dispare porque él lo hacía. Él quería que lo hiciera porque a mí me gustaba. Todo este proceso que he vivido ha incluido miles de crisis existenciales, muchos llantos porque no sabía qué hacer con mi vida. Con mi papá he tenido incontables peleas, no sé cuántas veces le habré dado a mi papá el arco y le decía que lo venda porque ya no quería saber nada más de él. Felizmente mi papá siempre ha estado ahí conmigo, me ha tenido mucha paciencia y eso que no es una de sus características (risas), pero conmigo sí. Mis papás me han apoyado en todo.

¿Es difícil tener una vida de deportista siendo tan joven? ¿Sientes que tuviste que madurar más rápido?

Realmente es difícil. La parte que nadie te cuenta del deporte de cuando eres adolescente es que implica muchos sacrificios. Cuando eres adolescente lo que uno quiere es salir con sus amigos, tener enamorado, ir a fiestas, es un momento de rebeldía. De chibolo no lo puedes hacer porque eres chico y de adulto tampoco lo puedes hacer porque la sociedad no te lo permite. Ese momento de la adolescencia es sagrado. Yo muchas veces tuve estas crisis porque no podía ir a una juerga o no salir con mis amigos, y me dolía en el alma tener que decir que no porque soy muy extrovertida. A veces iba y era cual cenicienta, a las 12 regresaba a mi casa.

¿Sientes que el deporte ha cambiado tu vida?

El deporte para mí es un complemento de vida, me trae paz y felicidad. Es como un equilibrio. Cuando no estoy haciendo deporte, siento que la otra parte de mi vida comienza a colapsar porque comienzo a cargarme y estresarme. El deporte es mi forma de desestresarme, ya sea gimnasio u otro deporte como el taekwondo, tiro con arco, vóley, lo que sea. Y ahora quiero ver hasta donde me lleva taekwondo y cuando yo quiera, eventualmente, puedo volver a disparar. Tengo mi arco y mis flechas, el apoyo de mis papás y la gente que me quiere, que en verdad es lo que más importa.

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