Daniel Reyes es el último de los parados, el más alto, al lado de Caíco, que sale de la toma. A inicios de ese año 1987, se la regaló a un amigo muy cercano. Solo existen dos camisetas de Los Potrillos en estos tiempos. Una está en la colección de Peter Egacila. FOTOS: Diario El Nacional / Archivo personal.
Daniel Reyes es el último de los parados, el más alto, al lado de Caíco, que sale de la toma. A inicios de ese año 1987, se la regaló a un amigo muy cercano. Solo existen dos camisetas de Los Potrillos en estos tiempos. Una está en la colección de Peter Egacila. FOTOS: Diario El Nacional / Archivo personal.
Miguel Villegas

Como el Manto Sagrado que respetan los cristianos de todos los tiempos, la camiseta que usaron Los Potrillos de Alianza Lima en 1987 sostiene su fe. La aviva. La eleva. Sobran las razones: ese modelo Puma de listones anchos en blanco y azul es la chompa que se llevó al cielo el secreto de cuánto jugaban esos futbolistas. Hasta dónde habrían llegado. Qué hubiera pasado con la selección peruana si Luis Escobar o Pacho Bustamante o José Casanova no tomaban ese avión de vuelta desde Pucallpa. Es un símbolo, también: es la camiseta con que se los dibuja en murales de los barrios y la estampita que los niños de 1987 -que son padres en el 2021-, evocan en la memoria. Y es una incógnita, además, solo vista en los VHS de la época en que para ver fútbol había que esperar el resumen de los noticieros donde se los veía correr, Potrillos pura sangre, con soundtrack de esa música alegre para calmar la tristeza que dice: “La gente de Alianza Lima se va, se va...”.

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