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Editorial: Bajen los tributos

El Gobierno podría dar un paso muy importante si recorta los impuestos.

Redacción

Editorial: Bajen los tributos

Editorial: Bajen los tributos

Como muestra la entrevista a la superintendente de la Sunat que publicamos hoy, no parece que el Gobierno tenga en mente una reforma importante en materia tributaria. Esto ya había sido revelado por el ministro de Economía: cuando se le preguntó si consideraba que el Gobierno había sido poco audaz en su propuesta de reformas tributarias, él señaló que “a veces, por ser demasiado audaces, podemos introducir elementos de incertidumbre y los inversionistas quieren reglas claras que les permitan reanimar sus expectativas e invertir”. El ministro, claramente, parece preferir el statu quo.

Lo cierto, sin embargo, es que existe un cambio de reglas que no introduciría ninguna incertidumbre y que colaboraría en la misión de reanimar las expectativas y ganas de invertir: bajar impuestos.

La reducción de los tributos tiene una justificación lógica. En los últimos diez años la recaudación se ha más que triplicado (en el 2003 el Estado tomó S/.27.576 millones de sus ciudadanos, mientras que en el 2013 esa cifra llegó a S/.89.397 millones), a pesar de lo cual estamos muy lejos de poder afirmar que la calidad de los servicios públicos aumentó en la misma proporción. De hecho, en algunos aspectos, la gestión estatal hoy obtiene resultados incluso peores que los que obtenía hace una década. Es lo que ocurre, por citar un caso, con la seguridad ciudadana: aunque en el presente el Estado cuenta con más recursos para atender este tema, los índices de criminalidad aumentaron en la última década. 

A la mala gestión se le suma la incapacidad de gasto. Solo en el 2013, por ejemplo, alrededor del 30% del presupuesto estatal para adquisición de bienes de capital se quedó en la caja pública. Y de este presupuesto de inversión, el Gobierno nacional solo ejecutó el 47,1% de lo presupuestado para la función ‘educación’, el 37,7% de lo presupuestado para la función ‘cultura y deporte’ y el 37,7% de lo presupuestado para la función ‘turismo’. 

¿Por qué los ciudadanos deberíamos pagar más dinero por servicios que no mejoran o hasta empeoran? ¿Y por qué entregar al Estado nuestro capital para que lo guarde en una caja porque no sabe en qué ni cómo gastarlo?

Por otro lado, un recorte de tributos reduciría los costos que asumen los empresarios para hacer negocios y ayudaría así a reactivar la inversión privada. Asimismo, más dinero en el bolsillo de la gente podría aumentar el consumo de los ciudadanos, reanimando también el movimiento comercial desde el lado de la demanda (todo esto, por supuesto, si se generan expectativas favorables para que las personas decidan gastar en vez de guardar su dinero).

Reducir impuestos, además, sería una medida reactivadora más eficiente que aumentar el gasto público como intenta hacer el gobierno. Primero, los ciudadanos no tienen obstáculos para gastar más, mientras que el Estado como vimos es conocido por su ineficiencia para ejecutar el gasto público, por lo que es más fácil mover la economía poniendo los recursos en las manos de la gente en vez de en las manos de la burocracia. Segundo, incrementar el gasto público es una medida que no influye necesariamente en las expectativas de los inversionistas (que a menudo no ven un mayor gasto estatal como algo positivo), mientras que reducir impuestos sería una clara señal de que la administración del señor Humala se la juega por las inversiones privadas.

En la misma línea, ¿por qué no ser más ambiciosos y tener como meta avanzar paulatinamente hasta lograr el estándar tributario de países altamente competitivos? Mientras que en el Perú el impuesto a la renta corporativo es de 30% y el IGV de 18%, en Singapur las tasas son de 17% y 7%, en Hong Kong de 16,5% y 0% y en Taiwán de 17% y 5%, respectivamente. Esto, además de volver más competitiva la economía peruana, colaboraría de forma importante a reducir los altos índices de informalidad.

Finalmente, existen impuestos como los impopulares e injustos ITF e ITAN, creados con un carácter temporal pero que en la práctica llegaron para quedarse. Si ni siquiera logran recaudar una suma significativa, ¿por qué mantener vigentes este tipo de tributos?

Hay razones y campo para discutir la conveniencia de una reducción de los tributos. No es un pecado intentar ser más audaces.

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