Max: 26.5 Min: 21.5
Dólar C: 3,240 V: 3,340
Euro C: 3,937 V: 3,960
Publicidad - Redacción
 
Domingo, 12 de febrero de 2006
Letra viva: ¡Y no podrán matarlo!
Comentando el relieve que, con toda justicia, no han dejado de concederle, en diversas compilaciones y antologías, el italiano Antonio Melis y el peruano Alfredo Pérez Alencart (éste, residente en Salamanca), hemos expresado nuestra permanente admiración por Alejandro Romualdo, uno de los grandes poetas de nuestra Generación del 50, digno de figurar en las antologías más exigentes de la poesía contemporánea en español.

Y lo hemos hecho a contramano de varias de esas selecciones que prescinden de él, probablemente porque lo confinan a la mal llamada "poesía social", ocultando que posee un registro variadísimo y un esmero artístico (léxico, métrico, disposición visual del poema, etc.) de primer orden. De hecho, solo Eielson, entre los poetas del 50, lo sobrepuja en el logro de una "técnica en continua elaboración" (para emplear palabras que Mariátegui aplicó a Vallejo) que quema etapas, procedimientos expresivos, tonos (de lo sublime a lo grotesco, de lo abigarrado a lo desnudo), etc.

Por eso nos llena de regocijo que el Instituto Nacional de Cultura ponga en nuestras manos (la edición italiana prácticamente no circuló aquí) "Ni pan ni circo", admirable cosecha de tres décadas. El título privilegia una de las dos caras del libro, la burlesca, acertadísima en la ironia, la sátira y el epigrama contra el poder (incluyendo la deformación de quienes se proclamaban revolucionarios, verbigracia los estalinistas), la corrupción y todo tipo de alienaciones que mantienen "deshumanizada" la condición humana. Nótese el sello personal con que Romualdo pulsa sarcasmos cotejables con los de otros grandes poetas hispanoamericanos de su tiempo: Nicanor Parra, Ernesto Cardenal y el Eielson burlesco. Una muestra magnífica es "Mirad al pajarito", donde zahiere a los escritores que se reparten la fama del día excluyendo a él, inútilmente: "Miraban todos al pajarito. / Posaban para la inmortalidad. / La eternidad es una cámara oscura. / Resultó que fui el único mortal (...) yo aparecí como un hereje / -oveja negra de la posteridad- / con mi cara de tonto / y mi vara de nardos / donde cantaba el pajarito" (pp. 99 y 101).

La otra cara del libro, la más admirable a nuestro juicio, es sobrecogedora: una espléndida elegía (musicalmente: requiem) por los miles de muertos del Perú en los años 80-90, despedazados. Son los 21 poemas de la sección "Fragmentos": "fragmentos que fueron todo y ahora no evocan / ninguna plenitud" (p. 50). Frente al Túpac Amaru que no pudieron despedazar, estos fragmentos de la multitud masacrada (restos de un Inkarri imposible: "último fragmento o suspiro / de una pasión sin razón ni sueño", p. 54) impactan al poeta, quien termina celebrando la alegría después de tanta noche: "Es la íntima alegría del canto / lo que nos queda" (p. 56), porque "Es una espiga el sueño, el grano de trigo / el pan, alimentos de la alegría" (p. 57).

BALANCE ACTUAL
Dentro de la serie en homenaje a la Generación del 50, el INC nos brinda la primera edición peruana de un volumen que Romualdo publicó en Italia el 2002. Reúne poemas escritos después del experimento de "poesía visual" que fue "En la extensión de la palabra" (1974). En sus diversas secciones, conforme explica Christiam Beteta en el prólogo, "siente, reflexiona, piensa, condena y exalta con voz de poeta, y no de ensayista o predicador de acontecimientos que marcaron la vida peruana y mundial de los últimos decenios". Una especie de "balance del siglo XX" con la solidaridad puesta en las mayorías populares, víctimas de injusticias, traiciones, matanzas, atropellos mil.



Ricardo Gonzáles Vigil



¿Cree Ud, que deben costar las normas legales?
4 Envíe su opinión


Copyright Empresa Editora El Comercio S.A.
Derechos reservados
Contáctenos

Edición impresa