María Antonieta

Por Alberto Servat

Toda película biográfica siempre deja insatisfecho a un grupo de espectadores. Algunas, las del tipo "Gandhi" (1982), no llegan a causar mayor polémica debido a que su aura de película de prestigio y el profundo respeto que el cineasta imprime sobre el retratado disipan las emociones adversas. Pero cuando el director decide no someterse a las reglas del juego y prefiere apostar por un punto de vista más personal, entonces puede causar cierto alboroto. No pasó con "Amadeus" (1984), donde Milos Forman nos contó una falsa vida de Mozart. Pero ahora sucede con "María Antonieta" (2006), de Sofia Coppola.

Los franceses la pifiaron en el Festival de Cannes y su impacto en la taquilla fue intrascendente. Pero Coppola se dio el lujo de ser la primera cineasta en rodar la vida de María Antonieta en Versalles, donde sucedió gran parte de la historia. A ello se suma su identificación con la heroína, su poco interés en los aspectos históricos y por eso nos presenta una película que disgusta a muchos. Sus adversarios se dividen en grupos y de cada uno se desprenden los aspectos más interesantes del filme:

1. Los amantes del cine de calidad. Son aquellos que buscan ideas gratificantes; mensajes ocultos; y, en el caso de las películas históricas, la seriedad necesaria. Ellos abandonan la sala tras ver "María Antonieta" con absoluta decepción.

2. Los admiradores de la verdadera María Antonieta. Son ellos quienes más defectos encontrarán en la cinta. Se quejarán de que la historia está totalmente alterada, que los personajes han sido reducidos y señalarán todos los defectos habidos y por haber. Incluyendo la inexactitud al utilizar determinadas telas que en Versalles nadie se habría atrevido a llevar en el siglo XVIII.

3. Los historiadores. El grupo más insatisfecho y que tachará la película de vacía, ridícula y tan imprecisa que no merece tomarse en cuenta.

4. Finalmente, el espectador sin mayor información. El que no busca un tratado de historia, ni un estudio psicológico de los personajes que alguna vez vivieron, y que simplemente va al cine.

Y serán justamente ellos, los que no tienen la más mínima noción de historia y de los detalles alrededor de la última reina de Francia, quienes componen el mejor público para esta película. Podrán ver sin prejuicios un relato fluido, vigoroso, lleno de energía. Porque si Sofia Coppola ha demostrado algo es esa capacidad para crear personajes encantadores en atmósferas muy precisas: los adolescentes adormilados de "Las vírgenes suicidas" (1999); la pareja que huye del tedio y la locura del mundo moderno en "Perdidos en Tokio" (2003); y, ahora, la joven princesa que vive una fiesta aparentemente interminable en "María Antonieta".

Como debería suceder con cada película, prescindir de información es la clave para entender hacia dónde va su director. En este caso, hacia dónde conduce Coppola a la princesa austríaca, transformada en delfina y luego en reina. La hace suya como si se tratara de una muñeca y la lleva por un viaje de emociones y sentimientos. Nos la muestra encerrada en su castillo, presa de la etiqueta, confusa en medio de las intrigas palaciegas Es en todo esto donde Coppola acierta y presenta un hermoso filme, subrayado además por una banda sonora totalmente ajena a la época en que transcurre la historia. Tal audacia no hace sino enfatizar la sensación viva del filme.

Menos logros consigue Coppola con la interpretación de sus actores. Es cierto que también juega con la idea de que se trata de gente real y no las apolilladas personalidades históricas que tanto reverencian otros cineastas. Sin embargo, por algunos momentos todo luce como una fiesta de disfraces donde nadie sabe a quién está representando. Así, encuentro fuera de lugar a Jason Schwartzman como Luis XVI; bastante sobreactuada a Judy Davis como 'madame etiqueta'; vulgar en extremo a Rip Torn, en el papel de Luis XV. Pero quien sale airosa en medio de todo es Kirsten Dunst. No porque su actuación tenga algo de brillante, sino porque se convierte en la perfecta María Antonieta para la pantomima que Coppola ha montado. Todo en ella calza a la perfección, lo que convierte su interpretación en un trabajo honesto y muy a la altura de las circunstancias. Pero, claro, de María Antonieta no tiene nada.

Por todo esto, "María Antonieta" es, como alguien dijo, una de esas películas que será incomprendida por siempre.