Cuando los “fracasos” son condecoraciones
Publicado en Diario El Comercio, el 05/01/2026
Aunque sabemos que nada como contar nuestras bendiciones para sentirnos mejor, cambiar de actitud y elevar nuestra anergia, hacerlo no siempre es fácil ni oportuno. A veces nos toca sentir de lleno esas emociones duras que traen los fracasos – sin huirles – para pasar el duelo más rápido y curarnos bien de la experiencia.
Mi trabajo diario me vincula mucho a personas que a veces llegan desanimadas por cambios o situaciones profesionales que no habían previsto, por planes o sueños que deben ser reescritos o redefinidos. Y caso tras caso, año tras año vemos que a quienes mejor le va es a quienes resuelven aceptar las cosas como son y se comprometen activamente a reescribir sus objetivos y nueva situación con su propia mano y a pulso.
Es inspirador ver como esas personas se ponen de pie, adoptan una nueva mirada a su futuro y se ponen a trabajar duro para conseguirlo. Se crecen ante las situaciones, evolucionan y usan el “fracaso” como trampolín para llegar más alto aún. Y las cifras confirman que sus siguientes pasos son en efecto mucho mejores que los anteriores en términos del tamaño de sus nuevas responsabilidades profesionales hasta en un 91% de los casos, según el estudio de LHH DBM Perú.
Sé que el término fracaso es duro de aceptar, es una etiqueta que a nadie le gusta usar para calificar una experiencia que no fue ideal. Soy la primera en tratar de nunca usarlo, es más, como ven lo puse entre comillas en el título de este artículo. Pero pensándolo mejor, a los “fracasos”, con o sin comillas nos toca quizá mirarlos de una manera distinta, cambiar la perspectiva desde donde los juzgamos y tomarlos mejor como condecoraciones. Sí, condecoraciones que la vida nos da cuando decide que estamos listos para pasar a una experiencia o etapa mejor.
En otras culturas, por ejemplo, los emprendedores hablan con orgullo de sus empresas fallidas, porque saben que los dejan más sabios y mejor preparados para lanzarse a su siguiente aventura empresarial. Y es que si uno no se equivoca no aprende, si no se pierde no encuentra el camino correcto, si no le duele no tiene la oportunidad de reflexionar, ver sus sombras cara a cara y madurar desde ese mismo dolor o frustración.
Así que este año que empieza lo recibiré mirando con orgullo mis condecoraciones y haciendo la lista completa de los aprendizajes que trajeron mis fracasos – ya sin comillas como ven. La lista es larga porque cuando uno se pone a hacer listas como estas, con franqueza y humildad, van saliendo muchas cosas. Habrá perdones que pedir, errores que enmendar, pero fundamentalmente, lecciones que aprender, ojalá de una vez por todas.
Y ya con esa lista hecha y los aprendizajes incorporados, lo que sigue es visualizar con entusiasmo y alegría todo lo bueno que viene para el 2026. Y lo voy a escribir en detalle para tener muy presente en todo momento qué es lo qué debo evitar y dejar de hacer, lo qué debo empezar a hacer, lo quiero alcanzar y lograr y sobre todo, ¡quien quiero ser y hasta donde quiero llegar! ¡Y lo haré con fe y mucha ilusión!

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